Mama Gógó, o la realidad continúa al otro lado del arte

por max 30. marzo 2012 11:18

 

Siempre hay una historia por detrás. Apenas vemos la superficie, la punta del iceberg, desconocemos la montaña de nervios que abajo se esconde, sumergida. Cuando hablamos de las películas nominadas al Oscar a Mejor película extranjera, no nos imaginamos los trabajos y los días que sus realizadores tuvieron que pasar para hacer llegar esa película a tan alto estrado, y mucho menos la odisea o el calvario que se vive una vez terminada. Cuando se concluye un film, la vida continúa; eso sí es definitivo. Para Hollywood es fácil (comparativamente) hacer una película y continuar sin mayores quebrantos. Hay mucho dinero, mucho negocio rodando que te permite hacer y seguir. Pero pensemos, por ejemplo, en Islandia. Islandia es uno de los países más prósperos del mundo, sí, pero no llega al millón de habitantes, ni siquiera al medio millón. Aquella isla botada en el medio de la nada, nunca ha presentado grandes ansias cinematográficas. Hacer cine en Islandia digamos que no es costumbre. Esto no quiere decir que no se haga cine por aquellos lados. Se hace, pero poco. Directores como Rahn Gunnlaugsson, Hilmar Oddsson, Baltasar Kormákur, Dagur Kári o Valdis Oskarsdóttir suenan en su país y afuera, en círculo especializados. Sin duda uno de los más conocidos es Fridrik Thor Fridriksson, cuyo film, Children of Nature (1991) fue nominado al Oscar a Mejor Película Extranjera. Para Fridrikisson aquella nominación significó todo. Absolutamente todo. Quizás para los grandes directores, los conocidos, no ganar una nominación significa una derrota. Pero en el caso del director islandés, la nominación fue un triunfo. Había invertido todo su dinero y más, es decir, se había endeudado para hacer esta película pequeña y otoñal sobre la muerte y la vida, sobre la naturaleza y el tiempo. En Hollywood, llevar a la pantalla esta historia no sería nada. Para Fridrikisson fue fundamental. Era su segundo largometraje. El primero, luego de una cadena larga de documentales, había sido Skytturnar, fechado en 1987 y con una duración de 78 minutos. Así que Children of Nature era su gran apuesta, el film que quería hacer, el film que quería lanzar al mundo. Aquella posible (y luego efectiva) nominación al Oscar significaba un triunfo para él. Y no sólo para él, sino también para su país. Aquel año, Children of Nature fue el único film producido en Islandia. La nominación trajo orgullo y entusiasmo a quienes que querían hacer cine allá.

Resultó tan importante este momento en la vida de Fridrikisson, que lo terminó convirtiendo en película 19 años después. Mama Gógó (2010) es la historia de lo que está detrás de la vida de un director luego que ha hecho una película. Hemos visto, sí, filmes sobre la realización y sobre sus procesos, imposibles o posibles. de Fellini es el ejemplo más clásico. Fridrikisson, en cambio, ha contado lo que ocurre después. Asistimos acá a la historia de un director que ha hecho una película con las uñas y que que descubre que al final de la filmación, la vida continúa, con todo su peso de realidad, con todos su fracasos, sus problemas y dilemas. Allí tenemos la crisis de un artista enfrentada a la crisis —o más bien al acoso— de una madre. ¿Qué hacer con este cénit, con una madre ya perdida en el Alzheimer? ¿Qué hacer con sus bienes? ¿Qué hacer con las deudas adquiridas por el arte? La realidad está afuera, la realidad que continúa una vez que un film se realiza, una vez que el artista ha dado todo por el todo y sólo espera el gran momento o la gran frustración, mientras las cosas a su alrededor lo van rodeando de dura materia, montándole piedras en la espalda que no le permitan volar otra vez.

Mama Gógó, este domingo 1 de abril. Lo nuevo y lo mejor del cine independiente… está en Max.    

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