
Ya lo sabemos, no todos los destinos son iguales. Tres hombres, tres amigos que nacen en un mismo lugar, que crecen juntos, que disfrutan la niñez juntos, y en el caso de los personajes del film Bróder (2010), dirigidio por Jeferson De, que padecen la pobreza juntos, pueden tener distintas posibilidades de futuro, a pesar de compartir los mismos orígenes: en este caso, un zona de miseria en Sao Paolo, Brasil. Reunirse ya en la adultez a celebrar, es una manera de comparar vidas. Eso es lo que hacen Macu (Caio Blat), Jaiminho (Jonathan Haagensen) y Pibe (Silvio Guindane) el día del cumpleaños de Macu: se reúnen, desde la constatación de sus presentes, a rememorar el pasado. En esa remembranza hay mucho de belleza, de ternura, de poesía. No obstante, la realidad está allá afuera: Macu sigue viviendo en el mismo sitio, sin mayor esperanza de salir de allí, y Pibe se fue de la zona y se casó con la ex novia de Macu, pero no tiene mayores expectativas de progreso. Jaiminho, en cambio, juega futbol en España, y tiene un gran futuro. Tener futuro no es lo mismo que tener destino. Eso la sabe Macu, que tiene un destino oscuro, porque debe dinero, mucho dinero a una pandilla de delincuentes. Por supuesto, al destino de los pobres la oscuridad lo rodea, y quien tiene futuro es muchas veces la víctima de estas oscuridades del pasado. Alguien con futuro salido de la miseria, puede que también tenga un mal destino. El pasado te hace el destino, puede matar tu futuro. Y eso es lo que ocurre en este drama de Jeferson De. La relación con el pasado, la intolerancia del presente, la miseria como destino en contra de las ganas de futuro, el horror de unas vidas sumidas en la pobreza, todo se junta para crear el conflicto mayor, el secuestro y la posible muerte de Jaiminho por causa de las deudas de Macu. Pero más allá de las responsabilidades de Macu, uno entiende que Jaiminho, en su condición de buen hombre, de muchacho todavía inocente, se ha buscado su mal destino. Uno entiende que quizás él haya tenido la culpa, por seguir allí, simplemente, fiel a sus orígenes. O quizás tenga la culpa porque pretendió sobresalir y triunfar, habiendo venido de donde vino. El futuro reta al destino, y el destino, cargado de envidias y complejos, siempre se encarga de jugarle sucio. Macu, como Jaiminho, no es más que una víctima del caos en el que vive, de la desesperación y el mal que reinan en el mundo. La preguntas entonces son, ¿cuánto de lo bueno sobrevive?, ¿cuánto de lo bueno puede triunfar en el mundo?, ¿cuánto futuro puede sobrevivirle al destino?
Bróder, este sábado 18 de febrero. Reinventa, reimagina… Descubre Max.
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