Se termina el ciclo de cine de Bollywood con Dhoom

por max 27. enero 2012 10:28

 

De The Wild One (1953) para acá, las motos son todo un tema cinematográfico. Quizás la generación beat tuvo con ver ello, con esa salida a las carreteras de América. Posiblemente la imagen de Marlon Brando pese más que cualquier intelectual. También está Easy Ryder (1969), pero tampoco la cosa es para tanto. Por supuesto, tenemos Torque (2004), que motos le sobran, y la serie Taxi (1998, 2000, 2003, 2007) producida por Luc Besson, que está repleta de taxis, claro está, y que al parecer fue, desde sus primeras entregas, la verdadera inspiración del director Sanjay Gadhvi, hijo de Yash Chopra, el Midas de Bollywood, para realizar Dhoom (2004), un film de acción, lleno de motos, disparos, persecuciones y robos. Hijo de gato caza ratón, y con este film Sanjay Gadhvi lo demuestra, pues Doohm fue una de las películas más taquilleras del 2004 en la India. Por supuesto, no sólo hay motos y acción, también hay bailes y canciones llevadas por el ritmo de la música electrónica.

Dhoom, cerrando con broche de oro el ciclo de cine de Bollywood que nos trajo Max este mes. Disfrútala el lunes 30 de enero. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Veer y Zaara, amor y sacrificio según Bollywood

por max 19. enero 2012 10:16

 

La idea del sacrificio es fundamental a muchas religiones. Desde el principio de los tiempos el hombre siente esa necesidad de hacer algo sagrado (sacro facere) que lo acerque a los dioses. Con la necesidad del acercamiento viene también la separación de este mundo, de los males de este mundo y el anhelo de permanecer —así sea por unos instantes— en un tiempo ajeno al que se vive, tan saturado de caos y locura. Quien se sacrifica obtiene un instante de eternidad. Quien se sacrifica, además se purifica, se libra de pecado. ¿Por qué? Porque quien llega a la altura del dios, sólo puede hacerlo lleno de toda suciedad. Esa purificación, esa salvación, suele ser no sólo individual, sino que suele extenderse hacia el otro, o hacia otros; es decir, con la purificación de quien se sacrifica o sacrifica, por extensión, se purifican otros. Eso hacían los sacerdotes, aquellos que conocían en exclusiva las maneras de llegar a los dioses. Ellos sacrificaban para los demás. Con el tiempo, el sacrificio comienza a ser interior, espiritual y requiere cada vez menos de un mediador burocrático. Entonces, alguien se sacrifica por los demás. Jesús Cristo se sacrificó por la humanidad, nada más y nada menos. Esa idea del sacrificio desde una persona para otras personas, permanece en el vocablo de la palabra, es decir, pasa al mundo secular, profano, allí, donde se instauran otras formas de religiosidad, como por ejemplo el amor. En el mundo apartado de lo místico, de los dioses, o del Dios, perdura la noción de sacrificio en el amor hacia otra persona. Grandes hombres de la humanidad han renunciado a las cosas materiales de la vida, a los placeres de la vida, y a la vida misma por amor a todos los hombres. A nivel individual, a nivel profano, la mimesis del acto pervive: un hombre se puede sacrificar por amor, por el amor, en el caso menos mítico y místico —dice uno—, por el amor a una mujer. Veer y Zaara (2004), dirigido por Yash Chopra, el director del cine romántico por excelente en la India, cuenta, por supuesto, una historia de amor que, como muchos filmes de Bollywood, se sume en la dificultades por causa de las diferencias de clases, los matrimonios arreglados previamente y los intereses de fortuna. El film abre con Veer (contamos de nuevo con Shah Rukh Khan) en prisión. Veer es un hombre replegado en sí mismo, que no habla con nadie, a excepción de Saamiya (Rani Mukerji), la joven abogado, comprensiva y humana, que ha venido para ayudarla en la apertura de su juicio. En este oscuro presente, Veer viajará veinte años hacia atrás y contará las causas de la privación de su libertad a través de los meandros de la sociedad a la que pertenece, de las castas, las razas, de dos países incluso que alguna vez fueron uno solo: India y Paquistán. Veer se enamora perdidamente de Zaara (Preity Zynta), pero en su camino hacia el amor no hay más que imposibilidades, y finalmente, sacrificio. Así, la gran historia de Veer tiene como base el sacrificio por amor. Al sacrificarse, Veer se convierte, cómo no, es una especie de mártir (en la confusión de las fronteras, se le cree incluso muerto por causa del incendio de cierto autobús donde viajaba), a quien ya la prisión no lo encierra, pues de él tenemos la sensación de haber superado este mundo. Veer no ha cometido ningún crimen, lo suyo fue un atrevimiento, el atrevimiento de un amor imposible. Pero él no sólo no cometió ninguna falta… se sacrificó además para salvar el honor de su amada.

Amor y sacrificio, este lunes 23 de enero en Veer y Zaara, dentro del ciclo de cine de Bollywod, por Max.

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