Tres retratos contemporáneos de los jóvenes de Brasil

por max 16. junio 2011 08:55

 

 

Todo país genera sus propios lugares comunes, proyecciones simplificadas de sus realidades y de sus modos de ser. También pienso que el lugar común de esa cultura es directamente proporcional a la complejidad del fenómeno. Es decir, un lugar común es más fuerte mientras más compleja es la cosa a la que refiera. Pensemos en los charros mexicanos. Son una simplificación absoluta de todo un universo que se mueve detrás de esa imagen que se origina en tiempos de la colonia, que pasa por la caballería, el ansia de ascenso social, la figura del chinaco, el cine, la música popular, el léxico, la china poblana, el sindicalismo, el machismo y hasta Emiliano Zapata. Un charro es algo más que un charro. Su figura es un legisigno, como diría el semiólogo Peirce, un signo cargado de significados universales, pero al mismo tiempo complejos, argumentales incluso. Así, el lugar común resulta la punta de iceberg de lo real. México, por supuesto, también es un lugar común en sí mismo, que incluye al charro, al azteca, el tequila y las playas. Al hablar de Brasil, nos pasa lo mismo. Decimos Brasil y pensamos en zamba, en alegría, en garotas, en carnaval. También podríamos pensar en favelas, pero en todo caso, también la favela sería una simplificación de la entramada ecología que sustenta la palabra.

El arte tiene entre sus funciones, precisamente, alzarse por encima del lugar común e intentar representar la complejidad de un aspecto de la realidad. El cine, cuando va en serio, se propone hacer arte y así profundizar desde la imagen y el entretenimiento. Este mes, Max nos trae un pequeño ciclo de tres filmes que rompen con los lugares comunes del Brasil contemporáneo, pero sobre todo, con aquellos que tienen que ver con la juventud brasilera. Nuestro ciclo se centra así en dos polos fundamentales: la pobreza y la burguesía. El pobre de la favela siempre es visto como el muchacho violento, flacuchento, asesino sin inteligencia ni aspiraciones. El burgués, por su parte, quizás como un muchacho alegre, sexualmente abierto, fiestero, sin mayores preocupaciones. Pero una vez más, el arte, siempre a la búsqueda de superar esos clichés, nos presentará otras aristas, otras complejidades. En Tres retratos contemporáneos de los jóvenes de Brasil, podremos disfrutar de los siguientes films:


 

 

5 X Favela, Agora por Nós Mesmos (2010): Esta cinta constituida por 5 historias independientes pero unidas por el tema de la vida en pobreza, surge de la reunión de más de 80 jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, que fueron seleccionados luego de unos talleres de cine que incluyó como profesores a cineastas de la categoría de Fernando Meirelles, Walter Salles, Nelson Pereira dos Santos y Ruy Guerra. El proyecto les dio la oportunidad a estos jóvenes de contar sus vidas diarias desde su mirada, desde su realidad, lo que terminó concretado en cinco historias filmadas en 16 mm que nos muestra más que vivir, se sobrevive en las favelas, ese mundo rudo de valentías, miedos, corrupciones y muerte. Ese mundo donde no se puede distinguir con claridad entre el bien y el mal. Se trata de un film honesto y con cierto aire de candidez de la inexperiencia que paradójicamente le da cierto aire vanguardista. Un film muy social, pero al mismo tiempo, muy humano, muy real.

5 X Favela, disfrútala el martes 21 de junio.

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Os Famosos e os Duendes da Morte (2009): Primer film del director Esmir Filhos (ganador de premios con los cortos Saliva y Something Like That) que nos presenta a un joven blogger del interior de Brasil (de Teutonia, zona de orígenes germánicos) cuyo alias nos habla mucho de él. «Mr Tambourine Man» es un quinceañero particular, que sueña con mundos que están más allá de su realidad, donde Bob Dylan se alza como el ícono máximo del arte, la rebeldía y la liberación. De hecho, la música de Dylan es guía fundamental para toda esta historia cruzada por una presencia femenina enigmática, así como para las inquietudes, miedos, esperanzas y desesperanzas de este joven anónimo (y con seudónimo). Se trata de un film sin narrativa específica, a veces oscuro y al borde del horror pero también con elementos de cuento de hadas a lo Tim Burton y con mucho de imágenes místicas. Acá cabe recordar a Cioran en Ese maldito yo: «Haber pasado la juventud a una temperatura demiúrgica.» Mucho de eso tiene este film, mucho de joven que comienza a descubrirse y a hacerse sus ideas de mundo dentro de esa temperatura mística y esotérica que busca hundirse en las oscuridades para sacar luz, las respuestas del ser que empieza a establecer su lugar en la existencia.

Os Famosos e os Duendes da Morte, el martes 22 de junio.

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Only When I Dance (2009): Se trata de un documental dirigido por la cineasta brasilera residenciada en Londres, Beadie Finzi, que nos muestra la lucha, el orgullo y la pasión de dos jóvenes de las favelas de Río de Janiero cuyo mayor sueño es ser bailarines. Ellos son Isabella e Irlan, y los veremos a ambos enfrentándose a los prejuicios y arbitrariedades que pueden enfrentar dos jóvenes que intentan triunfar en un área profesional poco común entre las personas de bajos recursos. En este caso, por supuesto, la danza. Acá las declaraciones que diera su directora para el site Women and Hollywood: «Hay mucha emoción en este film. Pero los temas más poderosos tienen que ver con la familia; lo que tiene que ver con los familiares que apoyan, y lo que ellos harán para darles a sus hijos el mejor cambio. Fue genuinamente inspirador conocer a las familias de Irlan e Isabella. La confianza, el buen humor a pesar de las dificultades. Pasamos un año muy especial filmando con ellos y debo decir que realmente los extraño.»

Only When I Dance, el jueves 23 de junio.

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Diarios de una motocicleta, ciclo de Gael García Bernal (parte 3)

por max 25. mayo 2011 06:38

 

Las road movies son las hijas contemporáneas del viaje iniciático del héroe. Sólo que en las road movies la máquina toma un lugar preponderante. La máquina se transforma, eso sí, es el instrumento de la magia. Ernst Jünger en su libro Los titanes venideros señala: «A menudo la técnica tiene algo de asombroso. Es cómico, pero a veces, mientras hablo con alguien por teléfono, todavía tengo la sensación de llevar a cabo no solamente un acto posibilitado por la técnica, sino también algo que es mágico». Esa idea de lo mágico y la técnica (en este caso la técnica que ha llevado al motor que se desplaza) está muy presente en las películas iniciáticas que abrieron los caminos de asfalto de los Estados Unidos. La magia sobre la carretera está en el descubrimiento del alma, en la naturaleza, en el paisaje humano. La máquina y el viaje en función de lo espiritual.

El cineasta brasilero Walter Salles (Central do Brasil, Dark Water) conoce los alcances del género. Actualmente prepara On the Road, la versión fílmica del clásico de la literatura norteamericana escrito por Kerouac. No obstante, ya en 2004, Salles se adentró en el género con Diarios de una motocicleta, film basado en los diarios de viaje de Ernesto «Che» Guevara y Alberto Granado. Sin duda, allí, en ese material escrito, hay una película, una especie de road movie. Walter Salles supo verla y se planteó realizarla. Pero no es fácil darle rostro al personaje del Che Guevara. Se trata de una figura demasiado fuerte, con demasiada personalidad. Para ser llevado a la pantalla, el Che requiere de un actor que sepa manejar matices. En este caso, el asunto a Salles se le dificultaba aún más porque se trataba de un Guevara joven, de un Guevara en sus años universitarios, que iba a descubrirse en el viaje. El actor que lo interpretaría tendría que estar consciente de que Ernesto, un muchacho burgués, debía atravesar por un proceso difícil de despertar, mezcla de profundo amor por lo humano y al mismo tiempo de rabia. Ese actor terminó siendo alguien joven y con mucho talento actoral. Por supuesto, hablamos de Gael García Bernal. Gael tiene todo el aspecto de un joven universitario con ojos brillantes que quieren descubrir el mundo. Gael, por su parte, sabe de registros, y puede asumir sin problema la evolución, la transformación. Porque, como ya se dijo, en este film el amor se mezcla con la ira justiciera. El Che despierta al amor, pero también a las armas. Según el punto de vista del revolucionario que se alza en armas, una cosa es la violencia del que despierta y otra la fuerza del que oprime. Georges Sorel dice en Reflexiones sobre la violencia: «Los términos fuerza y violencia se emplean unas veces hablando de actos de autoridad, y en otras ocasiones hablando de actos de rebelión. Resulta claro que estos dos casos dan lugar a consecuencias harto diferentes. Estimo yo que se saldría ganando mucho si se adoptase una terminología que no diese pie a ninguna ambigüedad, y que habría que reservar el término violencia para la segunda acepción; por tanto, diríamos que la fuerza tiene como objeto imponer la organización de determinado orden social en el cual gobierna una minoría, mientras que la violencia tiende a la destrucción de ese orden.» Así, de acuerdo a estas definiciones, la violencia se justifica para destruir el orden social que aplica la fuerza sobre sus ciudadanos con el fin de subyugarlos. La violencia se ve acá como emancipación, como necesidad libertaria. Eso descubre el joven Guevara en su largo viaje por toda la América del Sur. Es decir, Guevara se llena de amor por los más necesitados, y descubre también la opresión de los poderosos, y es cuando se decide por la violencia. No es fácil para cualquier actor asumir un papel de esta envergadura. Gael García Bernal, sin embargo, supo asumirlo. Supo darle la furia y el romanticismo necesario y nos aporta una actuación valiosa que hace un nuevo lugar en su carrera de exploración y conquista.

Diarios de una motocicleta, el viernes 17 de junio, último film del ciclo dedicado al actor mexicano Gael García Bernal. Descubre Max.

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