Abre los ojos, o un film de un director para nada virtual

por max 16. mayo 2012 04:58

 

La realidad virtual tiene abolengo. Si recordamos la caverna de Platón, ya desde allí estamos hablando de un mundo de apariencias, de sombras. Cada vez más entendemos que nuestra percepción del mundo es limitada, que a nuestros sentidos se les escapan miles de detalles. Por otro lado, las teorías que ha venido formulando Vlatko Vedral, físico cuántico de Oxford, sobre la información y la superposición del cuánto son insólitas. Vedral nos dice que «es incorrecto lógica y físicamente, o mejor dicho experimentalmente, hablar de fragmentos de energía o materia que existan con independencia de nuestra capacidad de confirmarlo experimentalmente». Y luego adorna la guinda de la siguiente manera: «Nuestra interacción con el mundo es fundamental para que surja el propio mundo, y no se puede hablar de él independientemente de eso. Por esta razón, mi hipótesis es que las unidades de información son lo que crea la realidad, no las unidades de materia ni energía.»

La realidad no es una sola, y no hay una sola respuesta para entenderla. El cine y la literatura (y ya vimos, la filosofía) tienen rato diciéndonoslo. Antes de que The Matrix (1999) jugara con las visiones de la realidad virtual, ya otros filmes y series de televisión habían trabajado con esa idea. La serie Dr. Who, en la década de los setenta, ya hablaba de un lugar llamado de The Matrix. Recordemos Tron (1982), film de Disney que acontece todo en el interior de un computador. Total Recall en 1990, dirigida por Paul Verhoeven, nos muestra a un Arnold Schwarzenegger enredado entre dos realidades. Total Recall está basado en un cuento de Philip K. Dick. Dick publicó sus obras maestras a mediados de los sesenta, y el cine ha versionado ya unas cuantas de ellas. Podría decirse que él es uno de los máximos exponentes de la ciencia ficción de realidad alterada. Para Dick la exploración de mundos paralelos, virtuales, era una manera de indagar la realidad, de ponerla en duda, de hacerse preguntas sobre la existencia. De hecho, podríamos decir que Philip K. Dick llevó este tema hacia nuevas fronteras. Él es, sin duda, el maestro de los maestros de lo que luego otros como William Gibson seguirían en los ochenta.

Ya lo dije, el asunto de una realidad paralela, alterada, virtual, no es nuevo. Mucha agua ha corrido y seguirá corriendo bajo ese puente. Un film de primera categoría que explora el alma humana desde la perspectiva de una segunda vida, de una nueva oportunidad —no sabemos si afortunada— en una realidad distinta es Abre los ojos, del español Alejandro Amenábar.

Segunda cinta para el momento de su estreno del entonces aún más joven realizador (cuenta con 40 años en estos momentos), Abre los ojos se convertiría en otra muestra de su innegable talento. Con Tesis (1996), su primer largo, Amenábar había comido en el banquete del éxito. Se trataba de un trabajo emocionante y crudo, un thriller que se mueve en el mundo especulativo, casi podríamos decir que virtual, de los snuff films. Las expectativas para las próximas entregas eran muchas, y el muchacho no se hizo esperar. Al año siguiente y con todos los ojos encima, entregó su segunda cinta. Nadie quedó defraudado. El público y la crítica quedaron encantados y boquiabiertos.

Repitiendo de nuevo con su primer protagonista, Eduardo Noriega, y también con su guionista, Mateo Gil (con quien hoy todavía trabaja), Amenábar nos cuenta una historia cargada de una profunda desolación donde ni el amor, ni el sexo ni el dinero tienen la respuesta de nuestros días. Al final, debajo de toda esa tramoya que se monta el ego para convencernos de que somos uno y de que estamos bien con lo que somos sin ir más allá de la superficie, al final de eso, lo que hay es un gran vacío, una gran ceguera. Abre los ojos parece reflexionar sobre eso, pero es además una cinta llena de suspenso con tintes incluso de terror, una joya de la ciencia ficción sin recursos efectistas y muy centrada en la historia. Cuando no se cuenta con un gran estudio por detrás, el guión y las actuaciones son lo que cuenta, y, en este aspecto, el film sale ganando, pues tanto Eduardo Noriega, como Najwa Nimri y Penélope Cruz dan la talla y llevan al guión, excelente ya de entrada, más allá de sus propias expectativas. Ágil, ligero, cuidadoso de la fotografía, Amenábar dirige con mano suave y certera esta cinta que ya es un clásico en la cinematografía española, incluso mundial. Luego vendría Tom Cruise a hacer su payasada en 2001, pero esa es otra historia. Amenábar, por su parte, ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera en 2005 con Mar adentro; esta también es otra historia, pero más agradable, eso sí, y la que realmente importa, porque que nos demuestra que Amenábar no es un director cualquier, un director virtual, de esos que se desaparecen con la fama de sus primeros éxitos.

Abre los ojos, este viernes 18 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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