Jack Nicholson, o un sujeto de culto diabólico

por max 8. noviembre 2011 06:39

 

Si hiciéramos unas cartas de Tarot con actores de Hollywood, seguramente Jack Nicholson sería El Diablo. Pero claro, sería un diablo con sonrisa de medio lado, juguetón, simpático, seductor, heredero de ese Satanás que empezó a prefigurarse quizás desde el Renacimiento, cuando ya el hombre toma conciencia de sí mismo, de su individualidad, por lo menos en lo que atañe al arte. Tal como dice Rüdiger Safranski en El mal, el hombre del Renacimiento continúa la reflexión en torno a Dios, pero ahora se acentúa con orgullo consciente en la «creación y la libertad que laten en él». Dice Safranski que ese creacionismo, esa necesidad de crear mundos de la nada, de lo amorfo, ese ponerse a la altura de Dios, «no podía menos de caer bajo la sospecha de la herejía.» El hombre, necesitado de libertad y creación, resultaba maligno. No es de extrañar entonces que empezara a prefigurarse una idea distinta del mal, y por lo tanto, del demonio. Los románticos también ayudan a gestar esta idea. Safranski dice: «Esta corriente estaba íntimamente familiarizada con los abismos interiores de la imaginación.» Los románticos creen en el descenso, y viven con la mirada puesta en el misterio. Ese camino, por supuesto, es oscuro. En torno a 1800, las visiones del mal son otras. La visión del diablo también. No obstante, tal como dice Umberto Eco en Historia de la fealdad, ya en 1667 Milton redime a Satanás, lo identifica con un modelo de rebelión contra el poder. Shelley, en 1882, dirá en su Defensa de la poesía que el demonio de Milton es superior al Dios al que se enfrenta. Escribe Eco: «Satanás no se arrepiente por sentido del honor, no acepta someterse a quien le ha vencido, y se niega a pedir perdón: "Mejor reinar en el infierno que servir en los cielos".» Estamos hablando de un ser que se niega a la esclavitud, energía de rebelión, un ser libre, un ser profundamente humano. ¿Cómo no sentirse identificado con el caído, con el libertario? No olvidemos que la misma idea de La Ilustración trae la semilla de la oscuridad. Allí está el hombre culto que enaltece su inteligencia, su razón, el que va en contra de los poderes, del Estado monárquico. El demonio simpático se cuela por debajo de la puerta. Con Cazotte y El diablo enamorado, el maléfico es una mujer seductora, enamorada. En Goethe, tal como señala Eco, se muestra como un hombre correctamente vestido, clérigo errante, intelectual. Es un diablo dialéctico y convincente que actúa sobre Fausto «como el gato con el ratón». En el siglo XX, continúa Eco, este diablo será completamente «laico». En Los hermanos Karamazov es un gentleman ruso. Para Papini es alto y delgado, para Mann es más bien poca cosa, porta una gorra inglesa y parece un vagabundo con la voz y la articulación de un actor… Gran detalle, ¿no? Mann nos habla de un actor.

Nicholson, sin duda, ha terminado siendo el heredero, ese magnífico actor diablo. Con más o menos poder, con más o menos velos, Nicholson siempre habrá de interpretar, de sacar a la luz, aquel demonio que late en la oscuridad de sus ojos. Incluso ha sido el diablo en persona en The Witches of Eastwick (1987), encantador, orgiástico, pero también un demonio lleno de maldad. Sin embargo, su oscuridad más demoníaca la deja brotar en The Shinning (1980). El demonio de la abstinencia y el demonio de la locura lo poseen en este film de Kubrick, y lo llevan a rondar por los salones del hotel Overlook en franca conversación con seres condenados, malditos, diabólicos. Hasta cuando hace de astronauta retirado en un drama facilón hay algo de demonio en él. Ni hablar de su Guasón en el Batman de Tim Burton. Ese Guasón es un diablo que ríe, y la risa, ya lo dijo Baudelaire, siempre ha tenido algo de demoníaca, de espíritu libre. La maldad de Nicholson fascina. Es una maldad que estaba en él y que aprendió a explotar desde sus primeros filmes B con Roger Corman. Ahí estuvo, durante casi una década haciendo de bajos presupuestos. Para el momento en que comienza a trabajarse la idea de Busco un destino (Easy Rider, 1969), Jack no tenía mayores esperanzas de salir de aquel agujero existencial. Tampoco se esperaba que Busco un destino se convirtiese en un enorme éxito de taquilla. Era un film contracultural concebido por dos alucinados de cabellos largos, barbas y ropas roñosas que bebían sin parar, que fumaban hierba a montón y que se metían todo tipo de drogas. A Peter Fonda nada le importaba más allá de ir montado sobre su nube de sicotrópicos, y Dennis Hopper estaba más loco que una cabra, andaba con dos pistolas y se juraba el director más talentoso del universo. Se cuenta que la filmación en el Mardi Gras fue un desastre. Todo el equipo abandonó a Fonda y a Hopper, y al final, totalmente drogados, ambos terminaron peleando en el cementerio. Aquella desavenencia duraría luego de terminada la filmación. Nicholson, por su parte, cuenta que pasó todo el film fumando marihuana. En la famosa escena de la fogata aseguró que estaba absolutamente drogado.

La edición no fue menos desastrosa. Hopper pensaba que hacía una obra magnánima, quería una edición de cuatro horas. Fonda se quejaba, los editores también. Pero al final, ellos estuvieron en el lugar preciso y en el tiempo indicado, y su film hizo historia. Estaba naciendo el nuevo Hollywood, la contracultura atacaba, la gente anhelaba un nuevo arte. Busco un destino fue un gran éxito comercial y cultural. Había costado unos 500 mil dólares y terminó produciendo 19 millones, más el premio a mejor opera prima en Cannes. Cada quien se afianzó en lo suyo. Hopper se convirtió en el gran director, Fonda en el actor guionista, y Nicholson, que en el film aparecía en un primer momento como un hombre apocado, nada interesante, demostró de lo que era capaz cuando estalló con toda su oscuridad demoníaca. Desde entonces, siguió sorprendiendo con filmes como Chinatown, Five Easy Pieces, One Flew Over the Cuckoo's Nest, entre otros tantos que lo convirtieron en uno de los actores más importantes del cine norteamericano. Como buen hijo del Actors Studio, supo sacar oscuridades y temores, pero con su rostro les dio además ese aire mefistofélico muy particular que hasta el día de hoy no has ha mantenido atrapados.

No queda más que decir; este jueves 10 de noviembre, dentro del ciclo Sujetos de culto, tendremos, por supuesto, a Jack Nicholson en… Busco un destino. No te lo pierdas.

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