El despertar del diablo, o la exitosa vida de Sam Raimi

por max 2. noviembre 2011 13:26

 

Quizás las generaciones más jóvenes recuerden a Sam Raimi como el director de los filmes de Spiderman. Y sí, Raimi es un fanático del personaje del cómic, y consiguió que le dieran el proyecto y la dirección de los filmes porque demostró que era, precisamente, un gran conocedor del héroe. Pero la historia de Raimi va mucho más atrás, y su imagen como director de culto empieza en 1981, cuando dio a conocer un film que hoy día es todo un clásico del horror, o del gore. Estamos hablando de El despertar del diablo (The Evil Dead).

Pero todavía no vayamos allá. A partir de este film, Raimi no paró de hacer cine. En 1987 dirigió The Evil Dead II, y luego Darkman en 1990, un fascinante film de acción y suspenso protagonizado por un héroe oscuro que saca su poder de unos ataques de ira absolutos, y cuya motivación principal es la venganza. Protagonizado por Liam Neeson, Darkman es uno de esos filmes que marcan pauta y cambian para siempre la visión de las cosas en el arte del cine. Darkman tomó esas primeras oscuridades que nos heredara Tim Burton con su Batman (1989) y lanzó al espacio toda la violencia y toda la crueldad lúdica que en aquel momento no se había explorado en los filmes de súper héroes o héroes enmascarados. Dos años después de Darkman, Raimi cierra su trilogía de horror con The Evil Dead III: The Army of Darkness, un film que difiere un tanto de los dos anteriores, pues sitúa los acontecimientos fuera de la típica cabaña del bosque, y además viaja a los tiempos medievales tras la búsqueda del tenebroso libro Necronomicón, que ha sido fundamental en toda la trilogía. En Evil Dead III, el humor negro está aún más presente que en los anteriores, y al horror se suma el género de aventura. Y es que desde Darkman, Raimi se sentía ya a sus anchas y listo para salir de la cabaña y explorar nuevos caminos. Con Evil Dead III demostró que sabía hacerlo muy bien. Así, en 1995 se lanza con un film producido por Sharon Stone, donde, por supuesto, protagoniza Sharon Stone. Se trata de The Quick and the Dead, película de vaqueros que también incluye en el reparto a Gene Hackman, Leonardo DiCaprio y a un prácticamente desconocido Russel Crowe. Como todo lo de Raimi, The Quick and the Dead resulta un atípico film con juego sobre los géneros, en este caso el western, donde el pistolero —y héroe— es una chica (Stone) que se inscribe en una competencia de duelos a muerte, pero que en el fondo ha llegado al pueblo vaquero en busca de venganza. Como en todas sus películas, Raimi hace despliegue de habilidad con sus planos y movimientos de cámara, lo que le aporta a un género de tradición en el cine norteamericano una nueva mirada, un nuevo enfoque. Ya para este momento, Raimi es considerado un director importante dentro del género de la aventura y el horror, con un toque muy particular tanto en su tratamiento de los temas como en su estilo de fotografiar y mover las imágenes. En 1998, presenta A Simple Plan, un excelente film de crímenes y pequeños villanos que nos recuerda un tanto a Fargo de los hermanos Coen (de 1996), y luego, en 1999 nos sorprende, para mal, con For Love of the Game, protagonizada, lamentablemente, por Kevin Costner. Raimi parecía haber caído bajo en las trampas de la fama de Hollywood, pero justo a tiempo vuelve a tomar las riendas de su dignidad, y en 1999 alza un poco más el vuelo con The Gift, un film sobre percepciones extrasensoriales protagonizado por Cate Blanchett, para luego, en 2000, meterse de fondo con su proyecto del Hombre Araña, que ya lleva tres cintas en su haber. Como productor, Raimi tampoco se ha quedado atrás. En los últimos años ha producido mucha televisión, y ha sido además la presencia detrás de las versiones norteamericanas de los filmes japoneses de terror que conocemos como The Grugde. Raimi, podríamos decir, ha sido pionero en dar a conocer al gran público de occidente, las maravillas del nuevo cine de terror asiático.

Este mes, en Max, podrás disfrutar de aquel primer film que hizo de Raimi un autor de culto: El despertar del diablo.

En 1979, Raimi había fundado Renaissance Pictures junto a Robert Tapert y el actor Bruce Campbell, quien sería el protagonista de sus primeras cintas y de toda su trilogía de Evil Dead. Para financiar la producción de El despertar del diablo, Raimi y sus socios utilizaron como gancho un film de 30 minutos titulado Within the Woods, el argumento de venta, el abrebocas de lo que vendría, pues la historia era muy parecida a la que luego tendría el largometraje. Finalmente Raimi consigue reunir el dinero, no más de 375 mil dólares, y se lanza en la aventura. En realidad, no saldría muy costosa, pues todo el argumento se desarrolla en un bosque y dentro de una cabaña, dos constantes que marcarán el imaginario de los fanáticos de Raimi hasta nuestros días, y con un poder tal en la imaginación que se verán reflejadas en homenajes y burdas copias a lo largo de los años. No es para menos, el bosque y la cabaña siempre han estado presentes en la imaginación de los hombres; recordemos los cuentos de hadas, las leyendas medievales y los cuentos populares de todas partes del mundo. El asunto es que Raimi le agregó sus efectos especiales (muy caseros de primer momento, pero respetables) y además le puso como detonador del horror el libro Necronomicón, o libro de los muertos, un texto maldito (imaginado por Lovecraft), que contiene el secreto de la invocación de los más terribles demonios. La filmación duró tres meses y fue realizada en 16 mm y no en 35 mm, que es mucho más costoso. Su éxito comercial fue tal, que al año siguiente de su estreno, Raimi se encontraba en Cannes, en Londres y en el festival de cine fantástico de Sitges. Se trata de un film violento, absolutamente gore, pero cargado al mismo tiempo de una tensión terrorífica y de una originalidad en su planteamiento que lo hacen realmente una pieza maestra dentro del cine B. Se sabe que Stephen King se refirió a ella como «la película de terror más original del año». Raimi, sencillamente, estaba dando lo que el público pedía y que aún nadie había terminado de entender y amalgamar: horror, mucho horror, mucha violencia gratuita, pero en una nueva dimensión sobrenatural, extrema, claustrofóbica y mitológica.

El despertar del diablo, el jueves 3 de noviembre, por Max.

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