Ciclo especial de Christopher Lee, sus años en Hammer

por max 1. marzo 2011 14:21

 

Para el vampiro su pasado es vital. Los vampiros necesitan de su pasado, porque no tienen futuro. Porque viven en un eterno presente. En el pasado estaban vivos, en el pasado tienen la memoria que les hace falta. Así escapan del olvido. El pasado es orgullo, y además, en el caso de los vampiros que vienen de la nobleza, el pasado los separa del género humano. Cuando no era vampiro, aquel ser humano se alzaba por encima del resto de los mortales. Era noble, tenía la bondad, la belleza, la perfección dentro de él. Fue guerrero además, combatió por los suyos, por su nación, incluso por Dios. Así, el noble guerrero y el noble con antepasados guerreros llevaban en su sangre (en su sangre, repito) su individuación ante la masa humana. Llevaban en la sangre el orgullo, la fuerza, el gusto y la sensibilidad que los hacía distintos al resto de los seres humanos.

Hablar de Christopher Lee, uno de los actores vampiros más afamados de la historia del cine, es hablar, precisamente, de un hombre con un pasado donde incluso hay sangre de la llamada azul. Lee era hijo de la condesa Estelle Mari Carandini di Sarzano y del teniente coronel Geoffrey Trollope Lee. Su padre estuvo en la Guardia Real Británica, y fue condecorado en la Guerra de los Bóers y en la Primera guerra mundial. Su abuela materna fue la soprano Marie Carandini. Cabe destacar que la familia Carandini es una de las más antiguas de Europa, en estrecha relación con Carlomagno y con el emperador Federico Barbarroja. Así, como los vampiros, Christopher Lee también porta sangre azul, también tiene un orgulloso pasado. Lee llegó a decir, cuando se enteró de que su abuela había sido soprano, que llevaba el arte de la actuación en sus venas. En su sangre pues. Lee, permíteme decirlo, estaba destinado, desde sus inicios, a sus roles de vampiros. Lee era un perfecto vampiro antes de firmar su contrato con la Hammer Productions en 1956.

La Hammer produjo filmes de bajo presupuesto pero con enorme éxito de taquilla (en esos mismos años Corman empezaba también a hacer de las suyas). Lee estuvo allí desde el principio. Su primer film de terror con la Hammer fue The Curse of Frankenstein (1957), donde Lee interpreta al monstruoso de Frankenstein junto a Peter Cushing en el rol de Víctor Frankenstein. Cushing, quien también se especializó en filmes de terror y detectivescos (recordemos que fue un excelso Sherlock Holmes), se convertiría en uno de los grandes amigos de Lee. Ya sabemos que Boris Karloff, también actor británico, es el monstruo de Frankenstein más conocido. Su rol de 1931 lo inmortalizó para siempre. Lee venía pues, si se quiere, a ocupar un espacio ya conquistado. Al año siguiente, en 1958, interpretaría su primer Drácula. La figura del muerto vivo, recordemos, también fue interpretada con anterioridad, en 1931, por Béla Lugosi. Pero Lee estuvo muy bien en su papel de Drácula. Tenía educación refinada, porte, voz. Drácula y Christopher Lee estaban hechos uno para el otro; tanto que llegó a interpretar siete veces para la Hammer el rol de Drácula, lo que lo hizo uno de los nobles vampiros más memorables de la historia del cine.

Este mes, Max ha preparado un ciclo especial dedicado al gran Christopher Lee. Cinco filmes de su época con Hammer Productions, su período de ascenso y apogeo (y caída) en el cine de horror.

El lunes 7 comenzaremos el ciclo con The Mummy (1959). Quien vio La momia de 1999, protagonizada por Brendan Frazer, pues vio la versión moderna del film original protagonizado por Lee en el papel del sacerdote egipcio Kharis (que es a su vez la momia), y por Peter Cushing en el rol del arqueólogo (Brendan Frazer en la versión contemporánea). En gran parte de la filmación, Lee debió soportar un gran peso por causa los vendajes. Como podía moverse poco, buscó centrarse en su mirada. La crítica recibió esta actuación «minimalista» con grandes elogios. Paradójicamente, gracias a la limitación de los vendajes, se considera que Lee hizo una gran actuación, una de las mejores de su carrera. El film está dirigido por Terence Fisher, director también británico, con quien Lee trabajaría la mayoría de sus filmes de vampiros.

El martes 8 disfruta de The Curse of Frankenstein (1957), film al que ya hemos hecho referencia, también dirigido por Terence Fisher. Con The Curse of Frankenstein no solamente se inicia la carrera de Lee, sino también los clásicos de la Hammer. Filmes entretenidos, baratos, protagonizados por actores de primera y que produjeron mucho dinero. Los productores vieron a partir de este film la gallina de los huevos de oro, y no la soltaron por un buen tiempo.

El miércoles 9, Drácula (Horror of Drácula, 1958). Aunque The Curse of Frankenstein fue muy importante para el actor, con Drácula arranca definitivamente su carrera como maestro en los roles del conde de ultratumba. Basada, por supuesto, en la obra de Bram Stocker, la cinta se toma sus libertades para crear un ritmo más cinematográfico, más cercano al público de sala. Una vez más, contamos con la dirección de Terence Fisher y con la presencia de Peter Cushing, pergeñando magníficamente al archienemigo de Drácula, el particularísimo doctor Van Helsing.

El jueves 10, disfruta de Drácula El príncipe de las tinieblas (Dracula, Prince of darkness, 1966). Más de Terence Fisher, esta vez sin Cushing. Transilvania, oscuridad, sótanos, cuatro víctimas, un sacerdote y, por supuesto, más de Lee el vampiro. Pero sin hablar. Porque es así, en este film, Lee no habla. ¿Por qué? Hay quién dice que para darle más fuerza a las expresiones de Lee (como en el film donde hace de  lamomia); otros, porque Lee supuestamente detestaba los diálogos del guionista Jimmy Sangster. Lo cierto es que el film existe de milagro, pues Lee, según cuentan, pensaba renunciar. Pero cuando en Hammer le dijeron que si renunciaba el film se cancelaría y la gente perdería sus trabajos, el actor retomó el papel. Nada pesa más que un cargo de conciencia.

El viernes 11 tendremos The Satanic Rites of Dracula (1973). Se trata del último film de la Hammer sobre el tema de vampiros. Acá ya no contamos con Fisher, sino con el director Alan Gibson, pero tenemos de vuelta a Cushing en el rol de Van Helsing, o más bien, de un descendiente del gran Van Helsing (interpretado también por Cushing en otros films, claro está) que investiga en Londres una serie de asesinatos con tintes vampíricos. Detrás de esos crímenes se encuentra el mismísimo Conde Drácula (Lee, obviamente), quien además tiene un plan para regar su enfermedad por el mundo entero.

Después de este grupo de filmes, las historias de vampiros y el mismo Lee ya causaban cierto hartazgo en el público. Tanto así que tres años más tarde, en 1976, Lee volvería a interpretar a Drácula en clave de comedia en el film Dracula and Son. Ya para entonces, no quedaba más remedio que invocar la burla del personaje de pasado noble que tan famoso hizo a este actor de pasado, también noble.

Para cerrar, te digo que el sábado 12, Max ha programado para nosotros una deliciosa tanda con los cinco filmes de la semana. Todo un banquete de sangre, sin duda.

En marzo, descubre a Christopher Lee.

Descubre Max.

archivos
 

etiquetas
 

más comentados