Año bisiesto, o el experimento de las pulsiones que somos

por max 27. febrero 2012 04:57

 

A ver, metamos a dos personas en un apartamento pequeño, vamos a encerrarlos allí yç a ponerlos a explorar su intimidad. A esto le agregaremos una cámara de cine, una cámra principalmente fija, apacible, que no se inmute, que no enjuicie, que no haga más que ver. Eso sí, estas dos personas deben ser lo más reales posibles. Es decir, nada de Brad Pitt ni Angelina Jolie. Gente común y corriente, gente que no está frente a la cámara para mostrar la belleza de sus cuerpos, su perfección, su arte amatorio. Acá lo que importa es que nos sintamos cercanos a la realidad. Ella, la muchacha, no será atractiva, ni siquiera muy conocida. Con él será lo mismo. Las escenas de sexo, muy explícitas (aquellos demasiados sensibles a este tipo de imágenes, que mejor no se acerque). Porque además habrá sadomasoquismo, porque iremos lejos. ¿Y por qué? Porque dentro de nosotros laten deseos profundos, infinitos: dentro de nosotros late la necesidad del placer y la necesidad de la muerte, ese lugar, la muerte, donde todo sufrimiento acaba. Morir, si lo miramos desde el punto de vista de Freud, es un placer, el más grande placer, porque todas esas necesidades, todos estos deseos de satisfacernos están reprimidos, controlados por la cultura. Eso implica que la sociedad predomina sobre la libertad. Ya lo sabemos, desde Rousseau se habla del contrato social. Ese contrato social, necesariamente, nos coarta. No podemos dar rienda suelta a todos nuestros deseos. Nuestro cuerpo debe ser controlado. Así, nuestros dos personajes, allí encerrados, cruzarán las fronteras, irán más allá de lo que el contrato estipula, y empezarán a descubrirse. Sí, de algún modo estamos recordando El último tango en París (1972) de Bertolucci, pero en vez de Brando, en vez de Schneider, tendremos a Mónica del Carmen y a Gustavo Sánchez Parra, y en lugar de Bertolucci estará el canadiense nacionalizado mexicano Michael Lowe. Aunque hay semejanzas, no obstante, Lowe centra su atención en Laura (Mónica del Carmen), en el silencio de esta muchacha de 25 años, periodista, original de Oaxaca y que se ha ido a vivir totalmente sola a Ciudad de México. Presenciamos así el rostro de la soledad, de la incomunicación, del encierro. El rostro que huye de sus máscaras y en ocasiones va y busca encuentros causales, de una noche. Pero aún así, ella sigue adormecida, y lo estará hasta que encuentre a Arturo (Gustavo Sánchez). Él, en sus gestos, en su profunda melancolía la despertará, y la hará empezar a hurgar en su pasado, en su historia (relacionada con la fecha 29 de febrero), en sus culpas y dolores, pero sobre todo, en su más profundas pulsiones, allí, donde somos bestias, donde somos tristezas de muerte, donde somos placer puro. Listo, el experimento comienza.

Esto es Año Bisiesto (2010), de Michael Lowe, disfrútalo, ni más ni menos que este miércoles 29 de febrero. Reimagina, reinventa… Descubre Max.

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