Una aproximación histórica a Hildegard von Bingen

por max 13. julio 2011 08:10

 

    Acá algunas ideas sobre la mujer durante la Edad Media según el historiador Jacques Le Goff: Eva aparece después que Dios ha creado el resto del mundo, por lo tanto, la mujer va de último. Algunos aseguraban que Eva es el resultado de un arrepentimiento de Dios; al principio él quiso hacer un andrógino, pero luego pensó que no sería buena solución y optó por crear a la mujer. Sigue pues, presentándose a la mujer en franca desventaja: Eva es el producto de un arrepentimiento. Otra cosa: los animales y Adán recibieron el nombre directo de Dios. El nombre, la palabra, es sagrada, y si proviene directo de Dios, aún más. Eva fue una creación imperfecta, ¿por qué? Porque Dios no le dio el nombre, el nombre le fue otorgado por Adán. La mujer vuelve a quedar mal parada. Por otro lado, Le Goff nos habla de un cuadro mágico-supersticioso donde se presenta a la mujer como impura, herencia de las creencias arcaicas del Antiguo Testamento. La prueba de esa impureza «consiste en la efusión de sangre una vez al mes», nos dice Le Goff. Así era entendido el asunto de la menstruación. Por ser impuras, las mujeres eran menos, y tan menos, que no podían —y no pueden— ser sacerdotes, por ejemplo.

    No obstante, Jacques Le Goff también hace mucho hincapié (ver su libro Una larga Edad Media) en lo que él llama una revolución de la mirada hacia la mujer, en especial, nos dice, a partir del siglo XII, período en el aparece en Alemania una mujer de armas tomar, escritora, compositora, mujer culta y abadesa como Hildegard von Bingen. Acá debemos volver a Jacques Le Goff, quien nos dice que «a partir de la Edad Media encontrarán (las mujeres) su lugar entre el clero regular, donde podrán desarrollarse, ser reconocidas a la altura de los hombres y ejercer su poder: ¡no era poca cosa ser abadesa!» Lo acabamos de decir, Hildegard Von Bingen lo fue. Pero su aparición, sus triunfos y, claro está, su lucha, no hubiera sido posible, como dice Le Goff, sin la existencia de una revolución teórica en la Iglesia que permitiera las grietas, las aperturas. Y acá, cabe recalcar la palabra teórico. Pues si en el día a día no se notaban tales ideas, en los altos grados de la intelectualidad se estaba gestando otra cosa. Nos dice Le Goff que en determinado momento de la Edad Media empezó a dárlesele importancia a las enseñanzas del Nuevo Testamento. Nos dice Le Goff: «Aquí, la gran innovación es María, pero no sólo ella. María es el punto culminante de un todo: basta observar el número y la importancia de las figuras femeninas que gravitan alrededor de Jesús.» Continúa un poco más adelante: «Su madre lo acompaña hasta el fin. Entrega sus enseñanzas a Marta y María. Resucita a Lázaro a petición de las hermanas de éste. Una de las hermosas figuras femeninas del textos es, evidentemente, María Magdalena, esa criatura compleja, es una especie de matización de la figura perversa de Eva, que estaría condenada al pecado: María Magdalena ha pecado, pero esto no es algo intrínseco a su naturaleza, es capaz de retractarse y arrepentirse, y Jesús afirma que en su debilidad y redención ella vale más que lo que nunca ha caído.» Hay pues en el Nuevo Testamento, una concepción radicalmente distinta de las relaciones entre hombre y mujer, que empieza a hacerse notar con mayor fuerza, según Le Goff, a partir del siglo XII. Insiste el autor en que parte de este renovado interés por la mujer surge por un progresivo abandono de la imagen de la Eva pecadora y un crecimiento cada vez mayor de la devoción a María. Dice el autor: «Por mi parte, estoy convencido de que, efectivamente, la Edad Media asistió a una divinización de María. Desde luego, puede verse en ello, una forma de politeísmo. En mi caso entiendo que se trató de una revalorización de la mujer en la religión, algo que me parece extraordinariamente positivo.» Luego el historiador se ocupa de la santidad, y dice que empezó cobrar importancia la legión de santas, que antes era exclusividad de los hombres. La santidad era pues otra posibilidad de promoción de la mujer. Gran cantidad de fieles empezaron a consagrarle sus devociones y, por encima de los obispos (hombres), empieza a imponerse «progresivamente la santidad de la abadesas, como Hildegard von Bingen, gran abadesa renana del siglo XII, mística pero también audaz pensadora racional, de gran autoridad y prestigio en su época.» Para Jacques Le Goff, sin duda, las mujeres en la Edad Media lograron niveles importantes dentro de su cultura. Incluso se atreve a decir que no hubo para la mujer peor época en la historia que la del siglo XIX. Es decir, para Le Goff, una mujer como la abadesa Hildegard von Bingen sí es una posibilidad en su tiempo, en el siglo XII, y sí es posible, en este lejano momento histórico, una interpretación feminista dentro del contexto histórico. Nada más y nada menos.

    Visión: La historia de Hildegard von Bingen, dirigida por Margarethe von Trotta, este martes 19 de julio. Descubre Max.

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