De Banksy: Exit Through The Gift Shop, ¿o dónde está el arte?

por max 27. julio 2012 06:50

 

Me encuentro aquí y allá con una discusión sobre el film De Banksy: Exit Through The Gift Shop (2010). Se habla, se cuestiona con ahínco que el documental dirigido por Banksy, —seudónimo de un artista urbano británico cuyo nombre real y vida se desconocen—, sea realmente un documental o un llamado mockumentary. Yo creo que esto poco importa, poco importa desde hace muchísimos años. Desde que Duchamp puso un urinario en una exhibición de arte y estableció un principio de contradicción en cuanto a lo que es o debe ser entendido como arte.

A Marcel Duchamp, en aquel lejano 1917, no le interesaba aclarar si aquel urinario era arte o no. En realidad, lo que el artista estaba haciendo era poner una bomba en el centro mismo de las concepciones de arte. Nos plantaba una crítica, y la crítica como tal es una expresión de libertad. La crítica nos dice esto: Yo no quiero esta educación, yo no quiero esta manera de mirar el mundo, yo quiero otra.

De Banksy: Exit Through The Gift Shop hace algo parecido. Su director nos dice: Yo no te voy a decir si esto es real o no; esto es simplemente una representación de la realidad, no una reproducción de la realidad. Esto es verosímil, no necesariamente veraz. Esto es arte, se representa a sí mismo, tiene significado en sí mismo, critica desde sí mismo la realidad. Una obra de arte no tiene por qué explicarse. Una obra de arte está allí. El film creado por Banksy está allí, y usted decide si lo que se proyecta es real o no. Siempre, no obstante y debo decir, será real, porque el arte es una manera de mostrar la realidad; no a través, repito, de la reproducción exacta del objeto, sino a través de la representación. Digamos que Banksy, como Duchamp, puso una bomba, y salió corriendo por la parte de atrás de la tienda. El arte siempre sale corriendo por la parte de atrás. Pero no solamente Banksy juega con el formato del género documental. El juego que nos propone no sólo es el de dejarnos abierta, si así lo queremos, la discusión sobre la representación y la reproducción (documental o no documental), sino también nos deja abierta la cuestión del arte. No es cualquier cosa lo que tenemos ante nosotros, no es cualquier cosa el juego de interpretación que se nos propone, sobre todo tratándose de graffiteros.

Llevamos ya tiempo discutiendo sobre si el graffiti es o no es arte. Así como Duchamp, sus herederos los graffiteros son unos incendiarios, unos rebeldes, unos terroristas de la corrección. El graffitero pretende sacar el arte de las galerías y llevarlo a la calle. Una parte del arte contemporáneo, de hecho, pretende el arte para todos hecho por todos (recordemos a las dadaístas). También pretende el graffitero utilizar otros materiales (tal como hizo Duchamp). La independencia de los materiales de trabajo es fundamental para el graffitero. No es el óleo, no es el mármol, ningún material tradicional. Es el aerosol, la plantilla, incluso la pegatina.

Por supuesto, la pregunta está ahí: ¿Es el graffiti arte o vandalismo? Por más que el graffitero pretenda bombardear los cimientos del arte establecido, por más rebelde que sea en el uso de los medios no convencionales (la calle, los materiales), ¿su actitud y su manera de expresarse lo hacen artista? Yo creo que Banksy busca en torno a esto en su película, y esa es la otra parte del juego que él nos plantea.

Banksy nos pone en movimiento (como bien lo hace todo juego, como bien lo plantea Hans-Georg Gadamer cuando habla sobre el arte) y nos lleva a un recorrido que nos cuestiona y nos pone a pensar. Lo que al principio parece ser un documental sobre el arte urbano y sobre el mismo Banksy, da un giro sustancial y se centra en la figura de un francés excéntrico llamado Thierry Guetta. Guetta, tal como conocemos al principio del supuesto documental, lleva años grabando a los graffiteros en sus trabajos en la noche de Los Ángeles. Un día le dicen a Guetta que Banksy, célebre graffitero de Bristol, estará en la ciudad y necesitará un guía para que lo lleve a lugares donde pueda plasmar su trabajo. Así se conocen Guetta y Banksy, quien resulta ser una silueta y una voz alterada a todo lo largo del film. En cierto momento, Banksy le propone a Guetta realizar un documental sobre el arte urbano con todo el material que ha venido grabando. Guetta acepta y lo edita él mismo. El resultado: un completo desastre sin pies ni cabeza.

Acá tenemos la primera llamada de atención. Guetta no tuvo el talento para hacer el documental. Luego, Guetta se da la tarea de hacerse "artista" del graffiti. Empieza a realizar una serie de pinturas muy a lo Warhol bajo el seudónimo Mr. Brainwash. Que sea Warhol su fuente principal de inspiración no me resulta casual. Recordemos los famosos quince minutos de fama que predijo el artista. Guetta mete todo su dinero en su primera exposición, y entonces vemos cómo la debacle se va acercando en la medida que Guetta invierte más tiempo en darse a conocer a los medios que en terminar de montar su exposición. Para sorpresa de todos, por fin las puertas del mentado evento se abren, y Guetta vende todos sus trabajos. ¿Eso hace de Guetta un verdadero artista?

Allí está la exploración central del film, y detrás de ella parece haber una respuesta. La respuesta es el film mismo, es decir De Banksy: Exit Through The Gift Shop. El arte requiere talento. No importa cuánta información tengas sobre algo, (la masa amorfa de la realidad, la masa amorfa del video), esa información sin procesar no te hará mejor artista. No importa cuánto creas que puedes llegar a romper una ley o una norma; no importa cuánta intensidad rebelde tengas por dentro, eso no hará que hagas un trabajo artístico de primera (el "documental" de Guetta fue un desastre); no importa incluso cuánto "éxito" tengas ni que tan famoso seas, eso tampoco te hace artista. Lo que te hace artista es la capacidad de procesar y crear con el material que la realidad te entrega y hacer algo, una pieza de arte que realmente invite al juego y la fiesta entre el artista y quien observa. Esa pieza de arte es el film que vemos, y ese film estuvo trabajado, editado, ordenado, interpretado, representado por un artista: Banksy. Bueno, sí, hay egolatría en el asunto, ¿pero qué artista no es ególatra? También hay mucho personaje mediocre que pretende ser artista y que es sumamente ególatra. No sé si me equivoco, pero creo que Banksy nos dice que cualquiera que salga a rayar cualquier pared, no es, ya de por sí, un artista.

De Banksy: Exit Through The Gift Shop, el domingo 29 de Julio. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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La rebelión de los objetos, o mesa de disección con licuadora y neumático

por max 12. diciembre 2011 09:37

 

En 1917, Marcel Duchamp quiso hacer pasar un objeto utilitario como obra de arte. Aquel objeto, un urinario, firmando por R. Mutt, se titulaba La fuente y fue presentado para participar en la primera exhibición de la Sociedad de Artistas Independientes. Había que pagar una suma muy baja para conseguir un lugar en la exhibición, y no había jurado ni curadores para la misma. Pero aquel urinario fue rechazado. Fue rechazado por los artistas más revolucionarios del momento, porque lo consideraron una burla, una afrenta moral. No era arte, este fue el dictamen. ¿Qué había hecho Duchamp para merecer aquello? Pues aparte de retar el ego de los artistas del momento y de colocarse unas cuantas décadas hacia el futuro, Duchamp hizo algo que no se había hecho hasta el momento: convertir un objeto industrial, utilitario, en una cosa. ¿Pero qué es una cosa? Una cosa es algo indeterminado. Es muy común la frase «¿Qué cosa es ésa?», o bien «Pásame aquella cosa». La cosa es lo indeterminado, aquello que todavía no tiene nombre, aquello que todavía no se sabe lo que es. Lo que no tiene nombre, da miedo, y lo que da miedo se rechaza. Duchamp convirtió a un objeto utilitario en una cosa, algo que no tiene nombre ni aparente utilidad. Duchamp hizo del objeto cotidiano una forma de arte y la llamó ready-made. Desde entonces, la vida de los objetos del mundo industrial, del mundo laico, tiene la posibilidad de rebelarse, de dar el salto allí donde esos objetos se convierten en cosas indeterminadas, peligrosas y, al mismo tiempo, hermosas; lo sublime está muy cercano al horror y a la destrucción. Recordemos también que cuando el Conde de Lautréamont, precursor de los conceptos del arte y de la poesía de las vanguardias, habló de la belleza, dijo lo siguiente: «Bello como el encuentro de una máquina de coser con un paraguas sobre una mesa de disección».

Este miércoles 14, los objetos se rebelan, pasan de ser aquello para los que nos sirven, útiles herramientas del día a día, a cosas con vida que se nos vuelven oscuras realidades, oscuros espejos de nosotros mismos.

 

 

Comenzamos con Reflexões de um Liquidificador (2010), comedia brasilera de humor negro dirigida por André Klotzel. Acá, una licuadora gana voz y se convierte en la mejor amiga de una mujer de nombre Elvira. Esta mejor amiga, licuadora mortal, le advierte a Elvira que su mujer tiene una amante. Reflexões de um Liquidificador, una comedia cruel y tan filosa como las hojas del aparato que habla y acusa.

 

 

Y seguimos con Neumático (2010) de Quentin Dupieux: la historia de un neumático, simple y llanamente un neumático que se llama Robert y que de buenas a primeras descubre que tiene poderes paranormales. Con ellos, con los poderes paranormales, Robert comenzará, cual asesino en serie, a matar gente por la inmensidad de una solitaria carretera. Se trata, como se ve, de una de las comedias de horror más originales de los últimos tiempos.

Ya lo sabes, este miércoles 14 de diciembre, llega a Max la Rebelión de los objetos. No te la pierdas.

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