
Recuerdo que hace años vi el teaser tráiler de Dogville (2003), film de Lars von Trier. Como sabemos, ese film fue realizado en total encierro. A los actores se les proporcionó una cabina para que entraran cuando quisieran y dijeran lo que quisieran. El teaser tráiler está hecho de lo que dicen todos los actores: en general, que Lars von Trier está absolutamente loco, que los hace sufrir, que jamás volverán a trabajar con él. Y sí, Lars von Trier no es la persona más agradable del mundo. Pero hace unas películas…
Este mes, podremos disfrutar por Max, de Melancholia (2011), una obra maestra del cine sobre el fin del mundo, sin efectos especiales a lo Hollywood, que nos presenta una boda campestre muy suntuosa, donde Justine, la novia (interpretada por Kirsten Dunst), está sumida en una extraña depresión (para ser su boda). Mientras ella va de acá para allá, errática, un planeta salido de su órbita se dirige a la tierra. Las expectativas de toda la humanidad son que el planeta pasará cerca, pero no chocará. Así que el mundo gira, el otro planeta se acerca (o se aleja), la fiesta continúa y Justine cada vez le importa menos la gente, y dice y hace lo que mejor le parece. Renuncia a su trabajo, seduce a un compañero de trabajo (recuérdese, el día de su boda), y se aísla en un cuarto, donde su hermana, Claire (Charlotte Gainsbourg), intenta consolarla, mientras el esposo de Claire (Keifer Sutherland) se desespera por los desplantes de la recién casada, y los padres de Claire y Justina (John Hurt y Charlotte Rampling) se fajan en una guerra de indirectas muy directas. Luego, al día siguiente, amanece la angustia, la incertidumbre, el pánico: ¿se aleja o no se aleja el planeta Melancholia de la Tierra? Paradójicamente, en estas horas, será Justine quien, con su profunda depresión o melancolía, tome las riendas de las almas.
Acá es interesante hablar en breve del concepto de melancolía. Los griegos, desde Hipócrates, relacionaban la melancolía con los humores del cuerpo. El cuerpo estaba constituido de humores o líquidos que afectaban a las personas, si alguno se presentaba en exceso. La bilis negra era propia de la melancolía, una enfermedad que afectaba el carácter de las personas: los volvía taciturnos, irritables, pesimistas. Para Hipócrates el humor de la bilis negra se relacionaba con el otoño, con la tierra, con las cualidades del frío y lo seco y con la melancolía. La melancolía ha sido objeto de estudio e incluso de pensamiento filosófico a todo lo largo de la historia. En la Edad Media se siguió viendo como una enfermedad, en estrecha relación aún con Hipócrates, pero se acrecentó su relación con la locura, la tontería y la astrología (ya existía este enlace desde hace siglos). Los planetas influían sobre los humores, y los humores, alterados, provocaban las enfermedades. La melancolía se relacionaba con uno de los planetas más terribles de la astrología, Saturno. La modernidad se despoja de tales creencias, y la melancolía ha pasado a tener otro nombres, como, creo no equivocarme, depresión o bipolaridad.
No obstante, en el film de Von Trier, vemos otro tipo de melancolía. O me explico mejor, la mirada de los otros hacia Justine, sí está dada por la típica mirada hacia el enfermo melancólico o depresivo: la mirada medieval acusadora hacia el «loco», como si el «loco» tuviera la culpa de su locura. Esto por un lado, pero por el otro, está la mirada de Lars Von Trier hacia Justine, y en este caso pienso que se trata de una melancolía estrechamente conectada con un texto atribuido a Aristóteles, Problemata XXX, 1.
En Problemata XXX, 1, se dice que todos los hombres excepcionales son melancólicos, pues se relaciona la bilis negra con la inteligencia, y se cita a Heracles, a Ajax, a Platón y a Sócrates entre otros melancólicos destacados. Hay en este texto la idea de que el melancólico puede elevarse a estados de completa transfiguración, atribuidos al elemento divino. Es decir, la inteligencia tiene la posibilidad de alcanzar alturas casi divinas, donde el melancólico puede llegar a pronosticar eventos con certeza e impartir sabiduría (para quien haya visto el film, esta parte tendrá absoluto sentido). Otra característica de la melancolía, según el texto, es el apetito sexual desenfrenado. La bilis negra tenía que ver con el elemento aire, y el sexo resulta así una manera de hacer salir el aire dañino que afecta al melancólico, lo que para mí explica el acto de seducción de Justine.
Von Trier pareciera decirnos que el mundo tiene una visión determinada de la locura, una visión que condena injustamente, totalmente sumidos en la ignorancia, a los que padecen algún trastorno siquiátrico. Como en Anticristo (2009), la locura es vista como algo demoníaco. La mujer incluso también es vista como algo incompresible, demoníaco. Esto no hace de Von Trier un misógino (creo que ha sido mal leído por los supuestos expertos en cine), sino todo lo contrario; Lars Von Trier pone el dedo en la llaga de la cultura masculina que ha sometido durante siglos a la mujer, por temor a sus alturas síquicas, a su sensibilidad e intuición superiores. El cineasta, con sus personajes depresivos, femeninos, está hablando de seres sensibles que están así porque el mundo no encaja en ellos, porque el mundo es un aparato imperfecto. En Melancholia, la loca de la casa, por decirlo de esta manera, es la que termina entendiendo la verdad, la que termina organizando la muerte, la comprensión de la muerte y del fin de todas las cosas. Los supuestos cuerdos se dejan derrotar, traicionan, se acobardan llenos de terror. Es como sin Von Trier se estuviera defendiendo. Los locos son ustedes, váyanse a la mierda, son débiles y creen que el débil soy yo. Porque es así, locura siempre ha estado relacionada con la debilidad de espíritu. El que se ha vuelto loco es una tonto que no ha sabido ser fuerte. Pero a la hora de sacar las cuentas, a la hora de la más grande de las verdades, Von Trier cuenta esta historia: la de esta chica que en el fin del mundo está deprimida, pero que lo está porque sabe que el mundo se va acabar; la historia de una chica que será la que preparará a todos para la muerte. A las puertas del apocalipsis, Justine es la más fuerte y, para ella, la muerte es consuelo y liberación. Ella es una melancólica aristotélica, la sacerdotisa del Tarot.
Melancholia, de Lars von Trier, este domingo 14 de octubre. Reinventa, reimagina… Descubre Max.
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