Melancholia, o las razones de la melancolía

por max 12. octubre 2012 08:29

 

Recuerdo que hace años vi el teaser tráiler de Dogville (2003), film de Lars von Trier. Como sabemos, ese film fue realizado en total encierro. A los actores se les proporcionó una cabina para que entraran cuando quisieran y dijeran lo que quisieran. El teaser tráiler está hecho de lo que dicen todos los actores: en general, que Lars von Trier está absolutamente loco, que los hace sufrir, que jamás volverán a trabajar con él. Y sí, Lars von Trier no es la persona más agradable del mundo. Pero hace unas películas…

Este mes, podremos disfrutar por Max, de Melancholia (2011), una obra maestra del cine sobre el fin del mundo, sin efectos especiales a lo Hollywood, que nos presenta una boda campestre muy suntuosa, donde Justine, la novia (interpretada por Kirsten Dunst), está sumida en una extraña depresión (para ser su boda). Mientras ella va de acá para allá, errática, un planeta salido de su órbita se dirige a la tierra. Las expectativas de toda la humanidad son que el planeta pasará cerca, pero no chocará. Así que el mundo gira, el otro planeta se acerca (o se aleja), la fiesta continúa y Justine cada vez le importa menos la gente, y dice y hace lo que mejor le parece. Renuncia a su trabajo, seduce a un compañero de trabajo (recuérdese, el día de su boda), y se aísla en un cuarto, donde su hermana, Claire (Charlotte Gainsbourg), intenta consolarla, mientras el esposo de Claire (Keifer Sutherland) se desespera por los desplantes de la recién casada, y los padres de Claire y Justina (John Hurt y Charlotte Rampling) se fajan en una guerra de indirectas muy directas. Luego, al día siguiente, amanece la angustia, la incertidumbre, el pánico: ¿se aleja o no se aleja el planeta Melancholia de la Tierra? Paradójicamente, en estas horas, será Justine quien, con su profunda depresión o melancolía, tome las riendas de las almas.

Acá es interesante hablar en breve del concepto de melancolía. Los griegos, desde Hipócrates, relacionaban la melancolía con los humores del cuerpo. El cuerpo estaba constituido de humores o líquidos que afectaban a las personas, si alguno se presentaba en exceso. La bilis negra era propia de la melancolía, una enfermedad que afectaba el carácter de las personas: los volvía taciturnos, irritables, pesimistas. Para Hipócrates el humor de la bilis negra se relacionaba con el otoño, con la tierra, con las cualidades del frío y lo seco y con la melancolía. La melancolía ha sido objeto de estudio e incluso de pensamiento filosófico a todo lo largo de la historia. En la Edad Media se siguió viendo como una enfermedad, en estrecha relación aún con Hipócrates, pero se acrecentó su relación con la locura, la tontería y la astrología (ya existía este enlace desde hace siglos). Los planetas influían sobre los humores, y los humores, alterados, provocaban las enfermedades. La melancolía se relacionaba con uno de los planetas más terribles de la astrología, Saturno. La modernidad se despoja de tales creencias, y la melancolía ha pasado a tener otro nombres, como, creo no equivocarme, depresión o bipolaridad.

No obstante, en el film de Von Trier, vemos otro tipo de melancolía. O me explico mejor, la mirada de los otros hacia Justine, sí está dada por la típica mirada hacia el enfermo melancólico o depresivo: la mirada medieval acusadora hacia el «loco», como si el «loco» tuviera la culpa de su locura. Esto por un lado, pero por el otro, está la mirada de Lars Von Trier hacia Justine, y en este caso pienso que se trata de una melancolía estrechamente conectada con un texto atribuido a Aristóteles, Problemata XXX, 1.

En Problemata XXX, 1, se dice que todos los hombres excepcionales son melancólicos, pues se relaciona la bilis negra con la inteligencia, y se cita a Heracles, a Ajax, a Platón y a Sócrates entre otros melancólicos destacados. Hay en este texto la idea de que el melancólico puede elevarse a estados de completa transfiguración, atribuidos al elemento divino. Es decir, la inteligencia tiene la posibilidad de alcanzar alturas casi divinas, donde el melancólico puede llegar a pronosticar eventos con certeza e impartir sabiduría (para quien haya visto el film, esta parte tendrá absoluto sentido). Otra característica de la melancolía, según el texto, es el apetito sexual desenfrenado. La bilis negra tenía que ver con el elemento aire, y el sexo resulta así una manera de hacer salir el aire dañino que afecta al melancólico, lo que para mí explica el acto de seducción de Justine.

Von Trier pareciera decirnos que el mundo tiene una visión determinada de la locura, una visión que condena injustamente, totalmente sumidos en la ignorancia, a los que padecen algún trastorno siquiátrico. Como en Anticristo (2009), la locura es vista como algo demoníaco. La mujer incluso también es vista como algo incompresible, demoníaco. Esto no hace de Von Trier un misógino (creo que ha sido mal leído por los supuestos expertos en cine), sino todo lo contrario; Lars Von Trier pone el dedo en la llaga de la cultura masculina que ha sometido durante siglos a la mujer, por temor a sus alturas síquicas, a su sensibilidad e intuición superiores. El cineasta, con sus personajes depresivos, femeninos, está hablando de seres sensibles que están así porque el mundo no encaja en ellos, porque el mundo es un aparato imperfecto. En Melancholia, la loca de la casa, por decirlo de esta manera, es la que termina entendiendo la verdad, la que termina organizando la muerte, la comprensión de la muerte y del fin de todas las cosas. Los supuestos cuerdos se dejan derrotar, traicionan, se acobardan llenos de terror. Es como sin Von Trier se estuviera defendiendo. Los locos son ustedes, váyanse a la mierda, son débiles y creen que el débil soy yo. Porque es así, locura siempre ha estado relacionada con la debilidad de espíritu. El que se ha vuelto loco es una tonto que no ha sabido ser fuerte. Pero a la hora de sacar las cuentas, a la hora de la más grande de las verdades, Von Trier cuenta esta historia: la de esta chica que en el fin del mundo está deprimida, pero que lo está porque sabe que el mundo se va acabar; la historia de una chica que será la que preparará a todos para la muerte. A las puertas del apocalipsis, Justine es la más fuerte y, para ella, la muerte es consuelo y liberación. Ella es una melancólica aristotélica, la sacerdotisa del Tarot.

Melancholia, de Lars von Trier, este domingo 14 de octubre. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Made in Dagenham, o la mujer contra la prisión de la fábrica

por max 30. diciembre 2011 06:31

 

Uno de los aspectos fundamentales de la posmodernidad es el tema de los géneros. En el estallido de los grandes relatos organizadores del mundo, ocurre el tambaleo o la caída de la concepción centralista del hombre-masculino como el instaurador de las realidades y de los poderes. La mujer, en la posmodernidad, busca su lugar en el mundo, reclama su lugar en el mundo, su igualdad de derecho. La mujer busca su voz, y va dejando de ser ese ente menospreciado, arrinconado al hogar, o limitado a la fábrica con menos beneficios que el hombre. Hace un par de años vi Antichrist (2009) de Lars von Trier. Gran película donde Von Trier nos muestra una realidad terrible, una visión sicológica profunda: la mirada del hombre hacia la mujer. Von Trier nos señala cómo, durante siglos, la mujer ha sido temida. Así, exactamente, temida por los hombres. Ese otro ser, físicamente diferente, también ha sido considerado diferente desde el punto de vista sicológico y hasta de alma. Y quizás sí lo sea, pero aquella discordancia con respecto al hombre lo que ha creado, en el hombre, es temor y reflejo de oscuridad, de maldad, de locura. La mujer, durante siglos, ha sido la loca, la bruja, la mala. Hay que dominarla, hay que mantenerla a raya, ese es el pensamiento básico que predominó durante siglos, y eso es lo que nos muestra Lars von Trier en su terrible film. Alguien menos precavido podría considerarlo como un horror más contra la mujer. Pero no es así, el director habla más bien de lo contrario. Antichrist es una defensa a la mujer.

Pero disculpen que haya utilizado un film para hablar de otro. Me toca hablar en realidad de Made in Dagenham (2010), un trabajo de Nigel Cole (Calendar Girls, Saving Grace), que se centra en la fábrica, ese lugar de encierro, de disciplina. Michel Foucault habló de ello en Vigilar y castigar y en otros textos. La fábrica se asemeja a la cárcel, se asemeja a la academia militar, se asemeja al colegio. La fábrica es un lugar de muchos, vigilado o controlado por pocos. La fábrica es el lugar donde el cuerpo se adiestra, se domina y se vuelve eficiente en función de producir; allí no se revela, allí el cuerpo de la mujer es una máquina y no una tentación. Es en ese recinto industrial donde Cole ubica la historia, y se centra en un hecho histórico, ocurrido en 1968 en la fábrica Ford de Dagenham, Inglaterra. Fundamental la actuación de la actriz Sally Hawkins en su rol de Rita O´Grady, un personaje que no existió en realidad pero que es una fusión y un recuerdo de las líderes de aquel movimiento que abogó igualdad de condiciones para las mujeres trabajadoras de la fábrica. Cole, como es su costumbre, elige contar la historia con cierta frescura, sin caer en las oscuridades de un Von Trier, y sí dándole cierto toque de comedia, de sabrosa ligereza, que le otorga un aire de humanidad, de esperanza, de alegría y de triunfo a la lucha de este luminoso film.

Made in Dagenham, este primero de enero, por Max.

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La calle del Rey, o las rutas de Valdís

por max 1. noviembre 2011 08:14

 

Si yo digo Valdís, eso a nada nos suena, ¿verdad? Si yo digo que Valdís es un nombre, entonces no sabemos si es hombre o mujer. Si digo Valdís Óskarsdóttir, quizás el Óskar nos haga pensar en un hombre. Pero no, Valdís es nombre de mujer. Es un nombre islandés, para más señas. Valdís se relaciona a su vez con nombres como Thomas Vitenberg, Gus Van Sant y Michel Gondry. ¿Por qué? Porque Valdís es editora de cine. Editora de las buenas, de las mejores, supone uno, porque para trabajar con estos nombres tan importantes, tendría que serlo. Nada más y nada menos que con un acólito de Dogma (fue editora de The Celebration, de 1998, primer film danés del grupo Dogma 95, encabezado por Thomas Vitenberg y Lars Von Trier), con un loco norteamericano que nada entre las aguas del cine independiente y el cine comercial con filmes como Drugstore Cowboy, My Own Private Idaho, Elephant o Finding Forrester (donde trabajo Valdís) y con un director francés de comerciales, videos y películas tan alucinadas como Human Nature y Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Pero Valdís también es directora. En julio pudimos disfrutar en Max de Country Wedding (2008), la historia de una pareja de Reykjavik que decide casarse en el campo, y termina enfrentándose a una serie de conflictos, secretos y alegrías familiares en el autobús donde estos novios viajan con todos los invitados. Un film fatal y al mismo tiempo divertido, con mucho de la herencia de cámara en mano que le dejara Dogma.

Este mes volveremos a disfrutar del trabajo de Valdís Óskarsdóttir, gracias al film La calle del Rey (Kóngavegur, 2010), una comedia (ese humor de la directora, tristón, negro siempre está allí de fondo) con profundos marcas de drama que nos muestra la cara más patética y empobrecida de un país como Islandia. Es la historia de un retorno, de un hijo que vuelve a la búsqueda del auxilio de un padre que recuerda como un banquero próspero, pero que se lo encuentra viviendo en un marginal parque de caravanas, totalmente arruinado, casado con una deprimente ex reina de belleza y rodeado de una caterva de vecinos estrafalarios y no menos ensombrecidos por la decadencia. Son los personajes de la periferia, los abortados por la maquinaria correcta, aquellos del limbo, que forman y no forman parte de la sociedad. Allí se detiene la directora, allí hurga, allí también se divierte con su particular sentido del humor, para mostrarnos ese mundo, para contarnos de un país tan lejano y desconocido por todos. Al conocer estas historias pequeñas, entendemos que Islandia es como cualquier parte del mundo, que sus sueños y sus pesadillas son las de todos, las de todos los seres humanos.

La calle del Rey, el miércoles 2 de noviembre, por Max.

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Persécution, o el vórtice de los sentimientos

por max 8. junio 2011 09:00

 

 Los sentimientos no conocen límites, se desbocan. Los sentimientos son egoístas. Digamos, de algún modo, que los sentimientos no tienen sentimientos, no tienen compasión con los demás. Necesitan satisfacerse, y sólo eso les importa. Ese sentimiento, proyectado sobre una persona, puede traducirse en violencia, en acoso. Las imposibilidades aumentan tales manías. Cuando el sentimiento del otro no compagina, el sentimiento se vuelve más terco, incluso hasta peligroso. Los sentimientos son de cuidado. Por eso, la sociedad necesita controlarlos. La sociedad nos dice qué es el amor, y dentro de esos patrones debemos movernos, con precaución, haciéndonos los sordos a la voz de los sentimientos. Hay quienes juegan a amar al prójimo, que es supuestamente la mejor manera de vivir dentro de los sentimientos más valiosos. Sin embargo, en ocasiones esto tampoco llena, y hace vivir a los hombres en el vacío, al otro lado de la pared, separados de sí mismos, porque separados de sí mismos se separan de sus sentimientos. Hay quienes se ocupan demasiado en las cosas del mundo, para no mirar adentro. Y hay quienes ignoran todas las leyes, y se desbocan con los sentimientos. Se dejan llevar por ellos, por el arrebato del amor, se vuelven peligrosos para la sociedad, para el otro, y hasta para ellos mismos.

Dentro del marco del típico triángulo amoroso tan querido por los cineastas franceses (aunque con variante homosexual), el afamado director Patrice Chéreau se adentra en el farragoso mundo de los sentimientos, del egoísmo y la furia, de la obsesión y el acoso en el film Persécution (2009). Chéraeu, premiado en Berlín por los filmes His Brother (2003) e Intimacy (2001), y en Cannes por Queen Margot (1994), es además uno de los directores de teatro y ópera más respetados en Francia. Su experiencia con personajes, sentimientos y actores es más que sobrada, y de ella ha sacado provecho para realizar películas (que ya van por quince) donde el drama de los personajes es fundamental en la trama. En esto, cabe decir, Chéreau es muy francés, y está enmarcado en una larga tradición de directores de excelencia que trabajan además con actores de primera línea. En esta oportunidad, Romain Duris, Charlotte Gainsbourg (increíble en Antichrist de Lars von Trier) y Jean-Hugues Anglade . Persécution, un drama a ratos desapasionado, frío y extraño, es a la vez una obra que explora en lo más complejo de los sentimientos, de su explosión y de su inhibición, y nos muestra cómo ambos extremos, pueden terminar matando el alma de las personas.

Persécution de Patrice Chéreau, en junio y en julio. Descubre Max.

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