Los últimos días, o el fracaso de la contracultura

por max 3. abril 2012 03:47

 

Grunge comercial-contracultural

Never Mind de Nirvana, Ten de Pearl Jam. Esos son los dos álbumes, estas son las dos bandas que le dieron vida al grunge. Y el grunge, sí, es un estilo musical: es indie rock, con heavy, con punk. Es rock alternativo, es la paz y el grito, el vacío y la explosión en el vacío. Porque el grunge es también una actitud de vida: contracultura sí, pero contracultura que, a pesar de sí misma, se vuelve comercio, éxito social. Mientras el alma punk estaba llena de rabia, pero entendía que esa rabia era una manera de cambiar el mundo, el grunge estallaba desde el silencio, desde el vacío de un alma que no cree nada y se sabe vencida desde el inicio. El grunge explota desde el descreimiento del mundo. Nada puede ser cambiado, nada sirve, pero acá estoy yo, gritándole a la nada mi nada. El grunge, ya se dijo, es la contracultura derrotada, la contracultura que acepta su derrota y que, sabiéndose derrotada, se deja arrastrar por el mar de los dólares, de las multitudes y del capitalismo para terminar crucificada en su propio vacío, vacío asqueado del mundo. ¿No me creen? Hablemos entonces de la gran estrella contracultural muerta.

 

La gran estrella contracultural muerta

Aquí viene la gran estrella contracultural muerta, aquí viene vestido de mujer, con la cabeza baja, llorando por las esquinas sin lágrimas que llorar. Aquí viene la gran estrella contracultural muerta; sabe, desde el principio, que ha fracasado. Pero se deja llevar, se deja llevar, lo suyo es la gravedad. La gravedad y la gran estrella contracultural muerta. La gravedad, la caída, la silenciosa caída que termina en estrepitoso olor a pólvora. Al final, lo que queda es hacerse daño. Hacerse daño es el máximo placer, el último placer es matarse. Nihilismo, estoicismo, la gran estrella contracultural muerta lo sabe, o lo sabía. La gran estrella contracultural muerta murió un 8 de abril de 1994. Lo encontró un electricista que llegó para instalar un nuevo sistema de seguridad en su chalet con vista al lago Washington, al norte de la ciudad de Seattle. Ni la vista al lago salva, porque la gran estrella contracultural muerta estaba muerta, rodeada de un enorme charco de sangre. Se había tomado una sobredosis de heroína y después se había volado la parte izquierda de la cabeza con una escopeta Remington calibre 20. Esto lo cuentan las noticias, y así lo repiten Joseph Heath y Andrew Potter en Rebelarse vende (Taurus, 2005). Dicen los autores sobre todo este asunto de la estrella contracultural muerta:

 

«A Kurt Cobain lo mató Kurt Cobain. Pero el cantante de Nirvana también fue víctima de una idea falsa: la teoría de la contracultura. Aunque se consideraba un músico punk, un rockero dedicado a hacer música "alternativa", había vendido millones de discos. En gran parte fue él quien propició que la música antes denominada "rock duro" se rebautizara como "grunge", una etiqueta mucho más comercial. Pero en vez de sentirse orgulloso, esta popularidad siempre le pareció algo de lo que avergonzarse. Tenía mala conciencia por haberse "vendido a las multinacionales".»

 

El lector-director grunge

Gus Van Sant es un hito del cine independiente. Tiene ese talento para conseguir temas espinosos, contemporáneos, y al mismo tiempo, tiene también eso que lo hace, extrañamente comercial. Es como si fuera un director grunge. Gus Van Sant sabe leer en el nihilismo, en el estoicismo o en la vacío de la contemporaneidad. Sobre todo, en el alma de esos jóvenes acorralados, perdidos en estos tiempos inexplicables donde hasta la contracultura es parte del sistema. El sistema perfecto, la máquina perfecta. La excepción habrá de ser tragada, absorbida, y si la excepción no está cómoda con el lugar que se le ha asignado, pues que estalle y se elimine. Que se aniquile a sí mismo (y a unos cuantos más), entre vicios, pasiones desenfrenadas y escopetas. Al final, la excepción, ese juguete roto, desaparecerá, y el sistema seguirá funcionando. Gust Van Sant, monstruoso clarividente, deja ver esto en sus filmes. Recordemos Drugstore Cowboy (1989) My Own Private Idaho (1991), Elephant (2003), Paranoid Park (2007) y, por supuesto, Los últimos días (Last Days, 2005).

 

Los últimos días

En abril, Max nos trae de Gus Van Sant, Los últimos días, una recreación de los momentos postreros del vocalista del grupo Nirvana, Kurt Cobain. Este jueves 5 de abril, reinventa, reimagina… Descubre Max.

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