George Lucas, el chamán de las historias

por max 29. noviembre 2011 09:11

 

El llamado Nuevo Hollywood de finales de los sesenta, dio para todo. Surgieron allí directores como Coppola y Scorsese, muy cercanos en su manera de trabajar al cine de autor europeo, pero que al mismo tiempo hacían dinero en las taquillas. Surgieron los contraculturales completos, como Dennis Hopper, y también aquellos que terminaron convirtiéndose en los grandes hacedores de cine comercial. De igual manera revolucionario, claro que sí. Estos nuevos «autores» comerciales le enseñaron a Hollywood a hacer más dinero a través de unas historias cargadas de emoción, de acción, de aventura, de imaginación y de efectos especiales. Dos de ellos, los principales: Steven Spielberg y George Lucas. Si bien Lucas dirigió en 1973 American Graffiti, un film que fue todo un éxito de taquilla por su carga emocional y juvenil, fue Spielberg quien revolucionó la manera de hacer y vender cine comercial con Jaws en 1975. Jaws fue el gran taquillazo, fue lo que todos después querían hacer: terror, suspenso, efectos especiales, acción, personajes heroicos, el mal contra el bien.

Lucas, por su parte, estaba al lado de Coppola, y crecía en la medida que trabajar y discutía con su joven maestro. De alguna manera, Coppola se había convertido en la figura del padre, ésa que continuaba los conflictos y los aprendizajes con su padre verdadero, ésa que veremos luego tan acentuada en su trilogía galáctica. Coppola era sí como su padre, pero Scorsese y Spielberg eran su competencia. Scorsese había filmado Mean Streets en 1973. Lucas decía que con American Graffiti había hecho la misma cinta, pero para un público más generalizado, para jóvenes. Spielberg, en el otro extremo, era, como Lucas, un amante de la técnica, un creador de cine comercial. Lucas se veía en medio de todos ellos, y buscaba su camino. Era pésimo guionista, mezquino con los gatos y le fascinaba la ciencia ficción. Ciencia ficción y mezquindad no funciona. No obstante, su primer film fue de ciencia ficción. Ciencia ficción con poco presupuesto y, en aquel primer momento, buscando el calificativo de «autor». De allí que THX 1138, su primer largo importante de 1971, sea una pieza de atmósfera fría, minimalista y de vuelo intelectual. En el estreno no gustó, no tuvo éxito. Los amigos le dijeron a Lucas que no fuera, precisamente, tan frío. Que era un cineasta genial, pero que dejara de ser tan frío. No obstante, en aquel momento, Lucas estaba interesado en pertenecer a la ola de nuevos «autores». Como tal, debía desarrollar el guión, y así lo hizo, a pesar de todas sus dificultades para escribir. Como tal, también debía controlar cada detalle de su obra. THX 1138 fue un duro golpe para sus pretensiones. De allí que saltara a American Graffiti llevado de la mano de Coppola. No obstante, este no era el camino deseado. Lucas quería volver a la ciencia ficción; era su delirio. Pero también había entendido, con American Graffiti, el lado comercial del asunto. Había entendido la gran oportunidad del público joven, y pensaba que su próxima producción debía ser una mezcla entre la ciencia ficción y un film de Disney, es decir, un film dirigido a niños y jóvenes. Entonces empezó a concebir Star Wars. Dos años y medio le tomó terminar el guión. Ya desde THX 1138, venía fascinado con la teoría del viaje del héroe de Joseph Campbell. Allí estaba toda una dinámica cargada de estructura, personajes, símbolos y arquetipos. El viaje del héroe del antropólogo Campbell venía del estudio de los mitos, y por lo tanto, así lo veía Lucas, serviría para crear mitos modernos. Eso era lo que anhelaba, hacer un film que se instaurara en la mente de las personas. Hacer un film que perdurara, que hiciera historia en la cultura popular. Lucas es un conservador, alguien que cree en el poder formador de las historias. Buscó una historia cargada de significados profundos, pero nada de sexo, nada de crueldad gratuita. Él quería que los jóvenes vieran la pantalla y supieran qué era el bien y qué el mal, que supieran distinguir. Quería formar, como un viejo chamán, el alma de los hombres. En un principio, quizás por su cuidado con el dinero, no tenía pensado innovar en efectos especiales. Pero luego se buscó a John Dykstra, quien trajo la idea de los efectos especiales unidos a las computadoras. Su proyecto era tan ambicioso que muchas veces llegó a chocar con el mismo Lucas (una vez más, por cuestiones de dinero). Pero al final, todo se dio, y Star Wars fue un inmenso éxito que catapultó para siempre a George Lucas. ¿Y qué fue de THX 1138? Pues que se convirtió en un film de culto. Con los años, el film ha ido tomando más y más fuerza, y aquello que en sus principios fue un proyecto universitario, y luego un largometraje bajo el ala protectora de Coppola, es hoy una pieza maestra día reverenciada como una de esas obras que demuestran a lo largo de los años que estuvieron adelantadas a su época. THX 1138 es una digna heredera de 2001: A Space Odyssey, pero con el peso de Kubrick encima. Lucas era un muchacho joven, ambicioso, poco conocido, y la sombra de Kubrick era en aquel momento tan enorme como lo es hoy día. Se comprende entonces que THS 1138 fuese subvalorada en su momento, y que tuviese que esperar unos años para convertirse en una obra de culto, así como de culto es también George Lucas, el hacedor de historias mitológicas contemporáneas, el creador del mito inmenso que va más allá de este planeta, y que aboga por la imaginación, mirando las estrellas.

Disfruta este jueves primero de diciembre de THX 1138, en homenaje a George Lucas en la última semana del ciclo Sujetos de culto, por Max.

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