The Good Heart, o la amistad de los vikingos

por max 11. enero 2013 06:58

 

Yo la verdad que no sé nada de Islandia. Dicen que el país tiene una alta tasa de suicidio, pero al parecer no es cierto. Dicen que es un lugar muy frío sobre un fondo volcánico, y eso al parecer sí es así. También leí por ahí que en Islandia la gente se divorcia mucho, y que las mujeres se las arreglan muy bien solas. A pesar de que en 2008 sufrió una crisis financiera, al parecer hoy en día es uno de los países más prósperos del mundo. Y bueno, también entiendo que, con los países escandinavos, comparte historias de vikingos y esas mitologías nórdicas encabezadas por Odín, Thor y compañía. Más allá de eso, nada sé de Islandia. Pero quizás, saber estas pequeñas cosas sirva para entender un poco más The Good Heart (2009), tercer film del islandés Dagur Kári Pétursson. ¡Pero vamos!, a lo mejor esto poco que sé no tenga nada que ver, porque el film en realidad se desarrolla en un bar de Nueva York. Aunque, no dejo de decirme, hay algo de vikingo en el asunto, algo de mujeres que no están, de la mujer de la que el duro vikingo se aleja para estar con sus amigotes, ¿no? Podría ser: porque en el bar de esta película no se aceptan mujeres, ni tampoco nuevos contertulios. Los borrachos de este bar son los mismos doce borrachos de siempre (esto de doce no es muy vikingo, más bien cristiano, muy de última cena), su dueño, Jacques, interpretado por un excelente Brian Cox, es un tipo gruñón y maniático, y es él quien ha puesto esa regla: no más clientes, y nada de mujeres. Aquel lugar es como, y disculpen que vuelva a insistir, el refugio de los vikingos. Aquel es un lugar para los amigos, para los amigotes. Y esta historia es, precisamente, una historia de amistad, como aquellas del cine norteamericano que funcionaron tan bien a finales de los sesenta y principio de los setenta, tales como Midnight Cowboy (1969) de John Schlesinger, con Jon Voight y Dustin Hoffman, Scarecrow (1973) de Jerry Schatzberg, con Gene Hackman y Al Pacino, o California Split (1974) de Robert Altman.

En este caso, la contraparte de Cox es Lucas (Paul Dano), un joven vagabundo que intenta suicidarse, y que Jacques conoce en un hospital mientras se recupera de un infarto al corazón. ¿Qué sucede entonces? Que Jacques decide tomarlo bajo su protección y enseñarle todo lo que tiene que saber del oficio de barman y sobre las reglas de su particular bar.

The Good Heart es un cinta donde se alternan momentos de alegres trazos y de humor negro con el drama y la profundidad humana, pues, sin duda, la cinta se apoya en la confrontación actoral, pero sobre todo, en el peso en Brian Cox, frenético, tonto y atormentado en su soledad como capitán de este barco ebrio que se adentra en los terrenos de las segundas oportunidades y de la amistad como forma de redención.

The Good Heart, este domingo 13 de enero.

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Al Pacino, entre la mirada al suelo y la violenta explosión

por max 22. noviembre 2011 14:16

 

Al Pacino surgió en los años setenta junto con ese grupo de actores y directores conocidos baja la rúbrica del Nuevo Hollywood. Tal como nos dice Peter Biskind en Moteros tranquilos, toros salvajes, allí estaban Jack Nicholson, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Gene Hackman, Richardd Dreyfuss, James Caan, Robert Duvall, Harvey Keitel junto a directores que abanderaban la ideología del cine de autor como Francis Coppola, Woody Allen, Stanley Kubrick, Martin Scorsese y Steven Spielberg, entre otros. ¿Qué tenían estos nuevos actores? Pues que no eran un grupo homogéneo de caras bonitas. No eran anodinos ni estirados, muñecos irreales del mundo de las ilusiones. Los nuevos actores se parecían más a las personas que caminaban las calles. Como Al Pacino, hijo del Actors Studio y de Lee Strasberg, aportaron una nueva manera de entender la actuación, más enérgica, más sicológica, compleja y descarnada. Al Pacino medía un metro sesentaicinco centímetros, era un muchacho raquítico que miraba todo el tiempo al suelo. No impresionaba en persona, y por supuesto, no había productor o director del viejo Hollywood que se fijara en él. Bob Evans, el famoso productor que tantos problemas le dio a Coppola durante la realización de The Godfather hablaba de Pacino como «el enano», y había propuesto a otros actores para el rol, entre ellos Robert Redford y Alain Delon. Fue Coppola quien insistió en Pacino, un actor totalmente desconocido, para el papel de Michael Corleone. A principio de los setenta, Pacino apenas había protagonizado una película, The Panic in Needle Park (1971). Allí interpretó a Bobby, un heroinómano neoyorkino. Coppola vio la película y se empeñó en que Pacino fuese su hombre designado. Al final lo logró, y el actor terminó siendo este personaje al principio apocado y tímido, absolutamente distante de los manejos mafiosos de su padre don Vito (por supuesto, Marlon Brando), y que, por distintas razones que se dan a conocer a lo largo del film, termina transformándose en el jefe absoluto del clan, un ser despiadado, cerebral y frío. The Godfather fue un éxito de taquilla y de crítica, y Al Pacino se lanzaría hasta las nubes. No obstante, ya su perfil como actor estaba claro: Pacino pertenecía a esa nueva camada de actores realistas que podían dar grandes interpretaciones. Pacino, en especial, era una marca étnica, un italoamericano con su acento particular al hablar inglés. Pero además, cuando actuaba, aquel muchacho tímido que miraba todo el tiempo al suelo, se transformaba en una figura poderosa. Continuaba sí, habiendo cierta fragilidad en él. Sus personajes estaban siempre en la periferia: pertenecían y al mismo tiempo no. Eran unos solitarios, por carácter e incluso por convicción. Así era Frank Sérpico, su policía siempre testarudo, siempre movido por una gran fuerza interior, por su honestidad y su sentido del deber; siempre solo en medio de su lucha contra la corrupción generalizada. En Sérpico (1973) hizo otra de sus grandes interpretaciones. Ese mismo año también se ganó el favor de Cannes con Scarecrow, un film de Jerry Schatzberg, quien ya lo había dirigido en Panic in Needle Park. Si Schatzberg le había dado suerte al inicio y lo había llevado a Coppola, por qué no intentar de nuevo con él. La elección fue totalmente acertada. Junto a Gene Hackman, Pacino interpreta al personaje Francis Lionel Delbuchi, en este film donde dos vagabundos se encuentran en la carretera y entablan una gran amistad. El personaje de Hackman es duro y agresivo, y el de Pacino más fresco, más alocado, más sensible y con una visión de la vida mucho más abierta. Para Francis, los espantapájaros no espanta a los cuervos; para él, los espantapájaros fascinan a los cuervos. El film obtuvo la Palma de Oro en Cannes, y Al Pacino, el favor de un público y de una crítica tan exigente.

Luego de Scarecrow y Sérpico, Pacino interpretó otra vez a Michael Corleone en la segunda parte del Padrino (1974), y a Sonny Wortzik en Dog Day Afternoon (1975) de Sidney Lumet. Sonny, el atracador de banco, era un personaje eléctrico, peligroso, carismático y sensible. El actor, una vez más, le daba la constante Pacino a su personaje, y lograba, por cuarto año consecutivo, una nominación al Oscar como Mejor Actor. A saber: The Godfather, Sérpico, The Godfather: Part II y Dog Day Afternoon. Luego de un intermedio poco glorioso, volverá a la gran pantalla con otra de sus grandes interpretaciones. En 1983 interpretó a Tony Montana en Scarface de Brian De Palma, uno de sus personajes más abyectos. Sumido en la violencia y la corrupción, Montana sin embargo también le deja espacio a Pacino para mostrar su lado humano, sus debilidades, sus miedos; esa su mirada en el suelo de la que hablamos. Porque fue así: el actor lo había hecho otra vez: había interpretado a un personaje agresivo, pero al mismo tiempo humano, y de paso, extranjero; recordemos que Montana era un marielito de Cuba.

Con los años, Pacino ha ido ocupando cada vez más su espacio en las alturas como uno de los actores más importantes del cine mundial. A pesar de que sólo se le ha otorgado un Oscar. Los periodistas extranjeros, no por casualidad, lo han tratado mejor. Al Pacino se ha llevado cuatro Golden Globe más el Cecil B. DeMille Award, otorgado por la prensa foránea en esta ceremonia. Pacino también ha sido productor y director. Su más reciente film, Wilde Salome (2011), recrea dentro y fuera de las tablas la pieza de Oscar Wilde, en un juego entre el teatro, la realidad y la ficción que nos recuerda su documental de 1994, Looking for Richard.

Pero donde Al Pacino ha hecho historia y donde sin duda se ha convertido en un sujeto de culto es en el difícil campo de la actuación. Allí le debemos personajes memorables, roles maestros que hasta el fin del mundo serán reverenciados.

Este jueves 24 de noviembre, no dejes de ver Al Pacino en Scarecrow, dentro del ciclo Sujetos de culto, por Max.

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