Film socialism, o la historia del mundo según Godard (o eso piensa quien esto escribe)

por max 22. enero 2013 09:47

 

Film socialism (2010) es una collage sobre la civilización occidental en video digital de alta definición constituida por tres partes y dirigida por el veterano cineasta Jean-Luc Godard. El film resulta todo un retablo alegórico, cargado de imágenes aceleradas y símbolos frenéticos que recorre el presente, el pasado y el futuro de occidente, con los griegos como bisagra cultural, y la ambición humana como generadora, por doble articulación, de progreso y barbaridad (o eso piensa quien esto escribe). Pero también, el film resulta un nuevo desafío, una provocación y una declaración del acabose del cine por parte de uno de los directores que con los años se ha vuelto cada vez más radical, hermético e insoportable (¿por qué no decirlo?).

Pero intentemos una trama. En la primera parte: Un barco, el Costa Concordia y que bien puede ser el barco de los locos pero al mismo tiempo un crucero de alta sofisticación, es el escenario para la búsqueda de cierto oro envuelto en leyendas e historias, unido esto a la interacción de personajes que se lanzan a un vórtice de intrigas y conversaciones, discursos y lenguajes. Allí, un filósofo francés (Alain Badiou, y sí, tenía que ser francés, claro), una cantante famosa (norteamericana, claro, la Patti Smith), un ex doble agente secreto, un embajador palestino, un ex criminal de guerra, una policía de Moscú (los policías son, por excelencia, rusos). En la segunda parte: los hijos de los dueños de una estación de gas en algún lugar de Francia someten a estos, es decir, a sus padres, a un interrogatorio sobre unas elecciones, que es a las vez un juicio donde se les inquiere sobre la igualdad, la fraternidad y la libertad. En la tercera parte: Egipto, Palestina, Odessa, Hellas, Nápoles y Barcelona son los epígonos geográficos para fundir la realidad con la leyenda o con el mito (lo que se une a su vez a la historia del oro), como si Godard nos estuviera diciendo que desde el inicio de los tiempos necesitamos las historias para sobrevivir, para ser humanos.

Elucubración y ensayo en torno al lenguaje (la corrupción del mismo), a las ideas y los derechos de autor de esas ideas, a la imagen y lo digital, al cuerpo y lo político, a la realidad y la mitología, esto (y quién sabe cuánto más o cuánto nada) es Film Socialism.

Godard, no podemos negarlo, es uno de esos últimos dinosaurios de la modernidad que pretende seguir haciendo un cine filosófico, ¿vanguardista?, pausado, artísticamente francés y de autor, donde se conjuga la maravilla de la estética con la profundidad del pensamiento. Pero también es un autor de nuestros tiempos, que piensa las nuevas maneras de mirar el mundo que surgen desde los medios, desde la tecnología (lo digital, que es la vez lo numérico), lo global, el ocio, el capitalismo, el cuerpo, las minorías, el individualismo y el capital (o eso supone quien esto escribe), todo un viaje de por nuestro universo de signos donde el futuro parece ser esta especie de raro socialismo del capital, del cuerpo y del placer, que nos guía hacia un lugar no muy bien determinado, donde las imágenes (la fotografía, el video, el retrato de cada instante) parecen ser la orden del día: la civilización vuelta espectáculo, esa especie de socialismo hiperreal. Socialismo, porque todos participan, todos son bienvenidos; hiperreal porque está en todas partes, por encima de la realidad, registrando la realidad, sustituyendo al realidad.

O eso piensa quién esto escribe, porque quizás esta sea una lectura superficial, una lectura equivocada. Con Gordard nunca se sabe.

Ah, por cierto, el Costa Concordia, ese mismo crucero donde Godard filmó, y cuyo nombre, Concordia, promovía el deseo de continuar la armonía, unidad y paz entre las naciones europeas, se hundió el 13 de enero de 2012, frente a la isla italiana de Giglio, en el mar Mediterráneo. Más allá del No Comment del final de la cinta, está este otra imagen, metáfora terrible que resume lo que Godard quiso —o NO quiso— decir, perfecta despedida para lo que el cineasta con más de 50 años de carrera presenta como su último trabajo, o quién sabe.

Film socialism, de Jena-Luc Godard, este jueves 24 de enero. Cine de autor, ruptura de fronteras, imágenes en órbita. ¿Qué ves cuando vez Max?

Para retransmisiones, haz clic acá.

Martin Scorsese, o un chico tímido e inteligente que sabe estallar

por max 25. noviembre 2011 12:46

 

«La suya era una vocación como pocas. Respiraba, comía y cagaba cine». Así llegó a decir Sandy Weintraub de Martin Scorsese, quien sigue teniendo una vocación como pocas, que sigue respirando, comiendo y cagando cine. Se dice que Tarantino sabe mucho de cine porque trabajó en una tienda de videos y todo lo demás, pero quien sabe realmente de cine, quien recuerda cada escena, cada toma de todas las películas que le fascinan es él, Marty, Martin Scorsese.

Era hijo de sastre y de costurera, y siempre anduvo y siempre anda de trajes impecables. Vivió la mayor parte de su vida en el Little Italy de Nueva York, y ama a Nueva York tanto como podría amarla Woody Allen. Sus orígenes son humildes, y vio en las calles de Little Italy, entre todos aquellos inmigrantes italianos, la verdadera cara de la violencia y del mafioso. Entre curas y mafiosos se dice que creció. El joven Marty había visto todas esas cosas y era pequeño, enclenque, sin cuello, cegato. Estaba en las calles, pero digamos que no era apto para ellas. Era testigo, era un ojo observador, pero no protagonista. Se fue a un seminario a estudiar para sacerdote. Pronto dejó el monacal refugio y se fue a buscar otro más profano y cónsono con sus intereses: entró a estudiar cine en NYU. Allí, se encontró con profesores totalmente alejados de las imágenes y de las ideologías del Hollywood de entonces. Allí les hablaban de contar, de hacer cine con lo que conocían, con la vida de la calle. Se creía en el realismo, se creía en la realidad descarnada. El joven Marty había visto cosas, sabía que el mundo de los italianos no era como el de El Padrino de Mario Puzo. Él quería contar estas cosas, él tenía la pasión, el conocimiento vivencial y el c intelectual para contarlas. Era una menta inquita que hablaba a toda velocidad. Hoy día, sigue siendo eso: un hombre vestido con elegancia, que habla a toda velocidad, que no deja de hablar de cine y que sabe hacer cine. Un cine violento y real.

Entonces, en aquellos primeros años, el joven Marty estuvo allí para formar parte de ese Nuevo Hollywood junto a Spielberg, Coppola, Beatty, Altman Kubrick… Coppola, un poco anterior a él, introdujo la fascinación italiana en los estudios y en el público. La fascinación italiana podía ser entendida como las historias de los italoamericanos con pistolas, pero también la fascinación por el cineasta italoamericano, joven y con pretensiones de ser autor, así, a lo europeo, como eran Godard y Truffaut, por ejemplo. De allí que el film que dio a conocer a Scorsese, y que por supuesto le dio problemas en los estudios, como todos los nuevos filmes estaban dando problemas en los estudios, fue Mean Streets (1973). Era una película de la calle, muy cinema verité, que retrataba la vida del barrio italiano de Nueva York según Scorsese. Pequeños negocios sucios, pequeñas vidas, mucha deshumanización, abyección. La realidad de la violencia es cruda, y aquel joven director la mostró como era, un lugar a punto de estallar siempre. La mente del hombre también. Con Scorsese uno entiende que dentro del ser humano habitan oscuridades que lanzan dentelladas. Que el hombre es un animal extraño, y que (ergo) la realidad también es un animal extraño y violento. Desde aquellos primeros tiempos Scorsese ha estado metido allí: rasgando la superficie serena del mundo, haciendo estallar los peligros, las historias, los personajes. Películas como Gangs of New York, Goodfellas, Taxi Driver, Raging Bull, Cape Fear, Casino o Shutter Island son claras muestras de su obsesión por las oscuridades de la mente, y por mostrar cómo el mundo es un lugar peligroso del que nunca estaremos totalmente a salvo. El jovencito delgado, enclenque, temeroso de todo se asoma en estas películas. Un chico contenido que estalla, que también puede generar violencia. Uno de los filmes donde se reflejan tales rasgos de esta parte de la cinematografía de Scorsese es Después de hora (After Hours, 1985). Se trata de una cinta calificada como comedia y que a mí se antoja más bien una épica, pero una épica nocturna y newyorkina. Después de hora es un viaje a la profundidad de la noche, un viaje de héroe que padece, de héroe que no es héroe, de lazarillo de sí mismo. Porque es así, Paul Hackett (Griffin Dunne), el protagonista de Después de hora se va llevando a ciegas a sí mismo a través de una galería de lugares y de personajes de la nocturnidad. Pero acá la picaresca se atenúa, se anula digamos en el alma anglosajona, y más bien nuestro héroe padece, padece como padecería un personaje de Kafka a través de situaciones arropadas por una noche laberíntica. Paul Hackett va rasgando la superficie de la noche, y bajo ésta va descubriendo peligro, locura y muerte. Paul Hackett podría ser una víctima, sí, pero también podría reaccionar y estallar en medio de toda esa vorágine oscura. ¿Un film irreal? La noche tiene un realidad tan irreal, o incluso una irrealidad tan real, que no sabría decir.

Nadie como Scorsese ha sabido hacer de los estallidos de la mente, de la violencia y la locura urbana una forma de arte. Scorsese es el maestro. Los directores de hoy día, como Tarantino o Ritchie, no estarían haciendo el cine que hacen sino es por Scorsese, que abrió esa puerta en los años setenta, y dejó pasar toda la maquinaria de sangre, ruido y furia de su cine. El chico tímido, el chico bien vestido e inteligente, obsesionado con el cine, se alza ahora en la cultura del cine mundial como lo que realmente es: un titán del séptimo arte.

Disfruta el lunes el lunes 28, continuando con el ciclo Sujetos de culto del arte de Martin Scorsese con Después de Hora. Descubre tu sujeto de culto, descubre Max.

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