War Don Don, o la complejidad de las verdades

por max 24. noviembre 2011 10:19

 

En África las guerras civiles han sido absolutas atrocidades. La de Sierra Leona, como muchas otras, se caracterizó por ensañamientos espantosos contra la población. Amputaciones, violaciones, torturas, asesinatos despiadados, niños soldados, prostitución forzada, canibalismo incluso. Qué horror imaginar a un grupo de hombres entrando a tu poblado con machetes en mano, cortando sin piedad a todo el que se le atraviese por delante. Qué horror imaginar a un niño con un rifle en la mano, matando alcoholizado, drogado, enloquecido a sus propios padres.

War don don quiere decir «la guerra terminó», el horror terminó. Pero en Sierra Leona quedó un país destrozado, un país que estuvo en guerra contra sí mismo. No es lo mismo un país que batalla contra otro país, y que ve la retirada de sus enemigos, o en el peor de los casos, el sometimiento final, a que un país vea el fin de la guerra, y que aquellos que fueron los enemigos sigan allí. ¿Cómo reconstruyes un país así? ¿Cómo perdonas? ¿Cómo estableces justicia entre hermanos, entre compatriotas?

El documental que lleva como título la significativa frase que nombré arriba, La guerra terminó (War Don Don, 2010), dirigido por Rebecca Richman Cohen y producido por HBO, se centra en uno de los líderes del la guerra civil, Issa Sesay, líder del RUF (Revolutionary United Front), a quien se le acusó de haber ordenado las masacres, las violaciones, las mutaciones y de permitir la formación de los batallones de niños soldados. Un gran tribunal internacional, con un alto costo monetario, se instauró en el país, buscando, precisamente, dejar un precedente, dejar en claro que se anhelaba la paz nacional por medio del establecimiento de la justicia. Sesay fue uno de los peces mayores en aquel propósito político. Un hombre de origen humilde, de escasa educación que, según su defensa, fue incluso víctima de manipulaciones políticas. El documental de Richman Cohen recoge las complejidades del juicio a lo largo de tres años, con testimonios de pobladores (personas amputadas, muchas de ellas temerosas de hablar), y con acceso incluso al mismo Sesay. Furia, alegría, tristeza, todo está allí, registrado por la directora en su primer documental después de haber pasado por la escuela de Michael Moore. Un trabajo concienzudo, serio, que se tomó su tiempo para llegar al fondo no sé si de las verdades, pero si a un fondo donde nacen las preguntas verdaderas, las preguntas que nos llevan a preguntarnos por la naturaleza humana, por la naturaleza de la verdad.

La guerra terminó, este domingo 27 de noviembre, por Max.

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