Yo deseo, o el mundo recién fundado

por max 16. agosto 2013 13:09

 

El inicio de esta historia de Hirokazu Koreeda es de sobra particular: que una pareja, al separarse, también separa a sus dos hijos. Es decir, un hijo se va con el padre y el otro con la madre. El mayor, Koichi (Koki Maeda) vive con su madre en una ciudad de la isla Kyushu. Allí hay un volcán, y la gente habla constantemente de su posible erupción. Koichi desea que así sea. Si el volcán se activa, entonces cabría la posibilidad de que él vuelva a reunirse con su hermano Ryunosuke (Ohshiro Maeda, hermano real de Koki), quien vive con su padre de aspiraciones roqueras, cerca de unas lejanas líneas de ferrocarril. Los hermanos suelen comunicarse por teléfono, y un día Koichi le cuenta a Ryunosuke algo especial: ha dado con la forma de hacer que sus padres vuelvan a unirse. Un amigo en clase le contó que cuando dos trenes bala se pasan uno al lado del otro, se forma un campo magnético entre ellos que puede conceder el deseo de una persona que esté allí formulándolo justo en el momento del cruce. Así que los hermanos y otro grupo de amigos deciden huir y buscar ese punto en que los trenes se encontrarán. Pero es apenas un momento de Yo deseo (Kiseki, 2011), un momento importante, sí, una trama mayor. Porque Koreeda nos da mucho más. Nos da un mundo de niños, un mundo visto por los niños, donde las pequeñas cosas cotidianas se vuelven nuevas, enormes, y se mezclan con los propios sueños de los niños. Y eso es lo que le interesa al cineasta japonés, meterse en ese mundo tan cercado, tan lejano al adulto. Con ternura, gracia, eleganciam y, sobre todo, naturalidad, Koreeda logra darle al film esa sensación de mundo recién fundado, recién inventado, recién descubierto.

Yo deseo, este domingo 18 de agosto, por Max. Arte, ternura, belleza, magia. ¿Qué ves cuando ves Max?

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Air Doll, o aire, amor y vida

por max 12. agosto 2011 08:36

 

Ya en este espacio escribimos sobre Air Doll de Hirokazu Koreeda. En esta oportunidad quiero agregar un par de cosas sobre el aliento vital y el amor. En Air Doll, Nozomi, la muñeca de aire hecha para el sexo, toma vida a través de un soplo de aire único, el que nace quizás del cuidado y la ternura de su dueño, que no sólo la usa para satisfacer su ansia sexual sino que la trata como un ser humano. Esa delicadeza, ese brindar amor, es fuente de vida.

Pero vamos a detenernos un momento en ese aliento, y para ello, acudamos a Barry Sanders en su libro Sudden Glory. Dice Sanders: «El aliento es el milagro básico de la vida. Circulando por todo el cuerpo, ha sido llamado de muchas maneras —prhana, spiritus, afflatus, pneuma, anima— pero cualquier sea el nombre, siempre ha estado relacionado a lo sagrado. Toda la civilización está montada sobre el aire, toda creación ha sido posible gracias al elemento más insustancial.» Nos recuerda Sanders que en la tradición judía y cristiana el aliento de Dios es sagrado. En el cristianismo, Dios castigó a Adán y a Eva y la humanidad entera reduciéndoles el aliento de vida. Una vez que ese aliento se retira del cuerpo, el hombre muere. El aliento, que fue apenas prestado, asciende a su lugar original, junto a Dios. El aliento es alma. Como se ve, no es cualquier cosa el aliento, no es cualquier cosa el aire. En algún momento de la historia, con el Nuevo Testamento, al aliento de vida (el alma) se une la profunda convicción del amor cristiano. El amor como elemento salvador, y por lo tanto, también de vida. El amor y el aire han quedado indefectiblemente unidos.

El amor, por su parte, es la afirmación de la existencia. El hueco de la vida, del día a día, la repetición constante, el sinsentido cotidiano, se llena con amor. El amor afirma la existencia propia y la del otro, el amor te saca de la masa y te singulariza. Dice Fernando Savater en Invitación a la ética: «No hay amor universal, no puede haber nada de genérico en el amor». Así, el soplo del amor otorga vida, tal como le ocurre a la muñeca Nozomi (interpretada por la actriz Bae Doona) en el film de Hirokazu Koreeda. La muñeca, ya singularizada del resto de las muñecas, cobra vida y empieza a sentir curiosidad por el mundo. Pero el mundo está vacío, la gente está vacía. Todo es masa, falta amor, falta el amor en el otro. La singularización no está completa. Así, Nozomi sale a recorrer el mundo, y finalmente, se reconoce y reconoce a alguien. Allí empieza Nozomi a sentirse realmente viva. El amor se convierte entonces en un vigor. Cito Goethe citado por Savater: «Sentirse amado da más fuerza que sentirse fuerte.» Esa fuerza es la vida, es lo que hace que la muñeca se vuelva cada vez más humana. Este film de Koreeda, nos lleva sin duda a preguntarnos, por las razones de la vida, por las razones del amor. Para cerrar, dejo esta frase de Stendhal, que aplica perfecto para Nozomi: «sentir el placer de ver, tocar, conocer con todos los sentido, lo más cerca posible, un objeto amable y que nos es amable». Nozomi, sin duda, es un objeto amable que toca y es tocado, que ve y que es mirado. Y tal como dice Savater, «objeto amable» sólo puede ser propiamente una persona. Nozomi, más que un objeto, es una persona.

Air Doll, disfrútala el domingo 14 de agosto. Descubre Max.

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Still Walking, o la caminata del silencio

por max 11. julio 2011 11:21

 

Una película que cuenta desde el silencio, porque el silencio, para quien lo sabe, para quien entiende su arte, el silencio siempre habla. El silencio hace arte, hace poesía. Dice Octavio Paz en El arco y la lira, hablando de la poesía y, claro está, del silencio: «Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia». Cada cosa vivida es ya una ausencia. Es un espectro que vive en nosotros. El arte intenta recuperar esos espectros, llenar esas ausencias, hablar desde el silencio. El lenguaje es una estructura porosa. Las palabras no son suficientes para explicar el mundo. La imagen tampoco. Una misma imagen puede tener una gran cantidad de significados. Lo mismo que un momento vivido. En el presente se conjuga el pasado, y el pasado, desde ese presente, tiene varias lecturas en varias personas. Y así, no sólo el pasado no es uno solo, sino que el presente también se modifica. Nada es estable en la vida ni en el arte. Lo que sucedió puede haber sucedido de distintas maneras desde la pluralidad de los ojos. Recordemos, por ejemplo, el cuento «En el bosque», de Ryonosuke Akutagawa, en el que un asesinato es visto desde distintas perspectivas por distintos testigos. Acá permítanme traer a otro asiático, a Chuang Tzu y su «Sueño de la mariposa». El texto dice así: «Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu». No sólo la realidad es percibida desde distintas perspectivas, sino que incluso podemos dudar de la realidad. Ante tales perplejidades, se habla poco (como lo hace Chuang Tzu) o se guarda silencio. Hay quien dice que los sabios prefieren callar. Y eso hace de alguna manera Hirokazu Koreeda en Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008), un film que, tal como su título lo dice, va caminando con parsimonia, sin muchas palabras, a través de un reencuentro familiar. Como cuando se habla de caminar, de andar, de ir por la vida, este film va encontrando los distintos momentos de este encuentro familiar como por azar, y lo recoge sin juzgarlos, sin predeterminarlos. Allí están, vivos o soñados, sin interpretaciones, mostrando sus distintas capas, sus distintos significados. En ellos, se descubre pues el silencio, y el cariño, el olvido y los rencores, el dolor y el amor. Allí está todo en este magnífico film del reconocido cineasta japonés, su versión de la familia, basada en sus experiencias personales. Un homenaje al pasado, al presente, a los hijos, pero sobre todo a los padres que todavía están en nosotros, viviendo en su silencio que habla.

Still Walking, este martes 12 de julio, por Max.

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Air Doll, o el aire que llena la existencia

por max 28. marzo 2011 02:09

 

 

Un hombre solitario tiene una muñeca inflable en su casa. La trata con cariño, le habla, la baña, le hace el amor. Un día, la muñeca cobra vida y sale al mundo. ¿Qué ha pasado? ¿El hombre le ha terminado por transmitir alguna especie de «enfermedad» a la muñeca? ¿Acaso le ha dado el aire de la vida? ¿O quizás la enfermó del aire de la soledad? Salir al mundo, caminar por él, quizás no signifique estar vivo. O quizás, debemos entender, que ese aire de la soledad no es absolutamente indeseable cuando la mirada hacia al mundo está llena de ternura, o de inocencia. Allí va, allí la muñeca humana, vestida con faldas cortitas de mucama, caminando tras los niñitos japoneses (porque esta historia ocurre en Japón). Niñitos con cascos amarillos que caminan por un puente. Hay cierta belleza ahí, cierta belleza triste en la mirada de la muñeca hacia esos niños con cascos. Después de todo, quizás la compasión, la mirada inocente, configure esas bellezas. El cineasta Hirokazu Koreeda nos trae Air Doll (2009), un film que ahonda en los asuntos de la condición humana. Porque es así, esa pareciera ser la pregunta fundamental del film. ¿Qué es ser humano? Quien anda por la calle, ¿es un ser humano? ¿La soledad nos despoja de lo humano? ¿La soledad es un camino hacia lo humano? Y finalmente, ¿el amor y sus inocencias será lo único que nos da alma? Cuestionamientos complejos, y quizás respuestas sencillas no tan sencillas. Koreeda ya trabajó el tema de la inocencia y su pérdida en Nadie sabe (2004), film donde un grupo de niños debe enfrentar la destrucción de su espacio reducido, su país de Nunca Jamás, por causa del abandono de la madre. Con Air Doll tenemos algo de Pinocho de fondo, pero este Pinocho resulta femenino, lo cual le permite a Koreada explorar la imagen de la mujer en la sociedad nipona con una inusitada originalidad.

Por otro lado, también resulta interesante aborda Air Doll a la luz de los más recientes acontecimientos. Ya escritores como Ryu Murakami señalaban una caída en el vacío de la sociedad japonesa. Japón estaba perdiendo fuerza, según algunos críticos. El ideal nacional de reconstrucción surgido a partir de la segunda guerra, había empezado a decaer. Japón, según estos analistas, se había sumido en la abulia de aquellos que ya alcanzaron sus metas. De allí filmes como Air Doll, que retratan la profunda crisis del alma japonesa de principios del siglo XXI. Ahora, a raíz de las tragedias recientes, surgen nuevas preguntas con respectos a esas miradas. ¿Se sumirá el Japón en la derrota absoluta o, por el contrario, volverá a encontrar una razón mayor para emprender el futuro? El futuro como forma de vida, el futuro como motor del alma. El futuro como meta común. Air Doll, anterior a la tragedia, es un film de dispersión, de vacíos, de respuestas que aletean la imaginación, el amor, la ternura y la inocencia. ¿Cuántos pueden comprender la salvación implícita en ese mensaje? ¿Cuántos pueden llevar a cabo semejante acto de heroísmo? Koreeda plantea estos actos mayores, pero también, hacia el final, los desinfla. Hoy, habría que preguntarle al cineasta, si el nuevo aire del mundo se llena con los actos de voluntad que surgen de la tragedia.

Air Doll, el viernes 1ero de abril. Descubre Max.

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