
La entrega a domicilio de Kiki (Majo no Takkyūbin, 1989). Es un film que refleja dos características de la personalidad de Hayao Miyazaki. En primer lugar nos abre la puerta a su fanatismo por el vuelo, diversión que quizás tuvo sus inicios gracias a su padre, quien fuera director de una compañía que fabricaba partes de los famosos aviones de guerra japoneses Zero. Se sabe que desde joven, Miyazaki ha ilustrado máquinas voladoras. En los setenta ya sentía una particular pasión por los aviones antiguos, y con los años ese amor se ha seguido reflejando. En La entrega a domicilio de Kiki, el cineasta se deja llevar por la maravilla del aire y nos regala momentos fascinantes y llenos de belleza. Tuvo la mejor excusa de todas: Kiki es una brujita que anda montada en una escoba voladora. Quizás su gusto por el vuelo fue lo que lo llevó a meterse a fondo en el proyecto de Kiki. Porque en sus inicios, Miyazaki no iba a participar en el film, pero, ya se sabe, terminó siendo su guionista, su productor y su director. En 1987, la editorial de la escritora Eiko Kadono dio permiso para llevar al cine su novela para niños y jóvenes, Majo no Takkyūbin a Studio Ghibli. En aquel entonces, Miyazaki se encontraba metido de lleno en el film de Totoro, y su par, Takahata, también se encontraba ocupado con Grave of the Fireflies. Así que empezaron a moverse a la búsqueda de posibles candidatos para el guión y la dirección. No obstante, cuando aparece el primer guión escrito por Nobuyuki Isshiki, Miyazaki lo rechaza por considerar que no se adapta a su visión. Isshiki quedó en el aire y, luego de otros varios rechazos, Miyazaki terminó escribiendo el guión, y además, metiéndose de lleno en la producción y en el trazado de las primeros bocetos. Tanto se metió Miyazaki en el proyecto, que el director originalmente contratado, Sunao Katabuchi, renunció, totalmente intimidado por la intervención del maestro. Así, un film que originalmente iba a ser de 60 minutos se vio extendido a 102 gracias a la intervención arrebatada de Hayao. Esto nos habla, sin duda, de su personalidad. Aquel que se precie de ser un maestro en algún arte —y que de verdad lo sea—, no anda por la vida con una sonrisa de oreja a oreja lanzando amabilidades y condescendencias con todo aquel que se le atraviese. Miyazaki es un autor obsesivo que exige mucho en el trabajo. Se exige a él mismo y a su personal, y de allí que su obra sea impecable. Muy lindo el abuelito, sí, pero sin duda está totalmente loco por su arte. Se sabe, por ejemplo, que realizando Mononoke Hime (La princesa Mononoke), Miyazaki se lanzaba intensas sesiones de dibujo que le provocaron una lesión en la mano. ¿Otro ejemplo? Como la historia original de Kadono se desarrolla en algún poblado europeo, Miyazaki mandó a sus dibujantes a varias ciudades de Europa a realizar una investigación exhaustiva. En su increíble manía por la perfección, el cineasta fue modificando la historia en la medida que iba aprendiendo más y más sobre las distintas ciudades del viejo continente. Finalmente, la ciudad de Koriko o Coriko (nunca aparece nombrada en el film, aunque Ghibli sí la nombró en varias notas de prensa), resultaría una ciudad imaginaria trazada al detalle, con referencias evidentes a Estocolmo, Munich y principalmente Visby en Suecia.
La entrega a domicilio de Kiki, el jueves 20 de octubre.

Porco Rosso (Kurenai no buta, 1992). Y si de amor al vuelo hablamos, ni hablar de este film que se desarrolla completamente en torno al tema del aire y los aviones antiguos. La cinta trasnscurre en el período entre las dos guerras mundiales, específicamente 1929, y tiene como protagonista a un cerdo. Sí, a un cerdo (resulta que la figura del cerdo es otra de las fascinaciones de Miyazaki). De hecho, Porco Rosso es uno de los pocos films del director donde el protagonista no es una chica, sino un hombre… perdón un cerdo. Un cerdo, cabe decir, que antes fue humano, y que se llamaba Marco Pagot. Pagot, por cierto, es el apellido de los famosos ilustradores italianos que crearon al pollito Calimero. Aunque, en honor a la verdad, y volviendo al tema del protagonismo femenino, la película tiene como personaje importante a Fio, mecánica de aviones que de alguna manera es la chica de la historia. Porco Rosso, el cerdo, es un cazador de recompensas, un as que tiene azotado a unos piratas del aire, quienes, ya hartos del héroe, contratan a otro piloto, un norteamericano de nombre Donald Curtis para que acabe con él. Se trata así de una aventura que se entretiene en los asuntos del vuelo, y que proyecta un mensaje antibelicista más que evidente. En su origen, Porco Rosso iba a ser un cortometraje para ser exhibido en los aviones de Japan Airlines, pero, por supuesto, en manos del obsesivo Miyazaki, se convirtió en algo más grande. El tema de los aviones era demasiado tentador como para dejarlo en un cortometraje. Por otro lado, justo en la época de su producción, se desarrollaba la guerra en Yugoslavia. Croacia luchaba por su independencia, y Miyazaki sintió que no podía hacer del asunto bélico una menudencia para divertir pasajeros. Aunque el proyecto se salió de lo estipulado en el contrato, Japan Airlines confió en la fama y el genio del maestro y terminó financiando el film. Una vez más, aviones y obsesiones, hacen de un film de Miyazaki, toda una obra maestra.
Porco Rosso, el viernes 21 de octubre, por Max.