Divine, o un simulacro perfecto

por max 15. noviembre 2011 07:38

 

Divine es la Eva de los drag queen cinematográficos. ¿O el Adán de los drag queen cinematográficos? Sí, ya sé que existió Frégoli. Leopoldo Frégoli, relojero, fotógrafo, actor, cantante y pionero del cine, cuyo fregolígrafo fue su versión italiana del invento de los Lumière. Un hombre polifacético, sin duda, tanto que se dio a conocer principalmente como el más grande transformista de su tiempo, artista parateatral. Frégoli es sí, el abuelo de Divine. Se paraba en un escenario vestido de mujer, y entraba y salía vestido de otra mujer, y volvía a entrar y a salir vestido de otra, y así. Era un mago de las transformaciones veloces. A este tipo de actor se le conocía como transformista. Divine también puede ser considerado un transformista, la diferencia es que Divine es un solo personaje, creado e interpretado por el actor Harris Glenn Milstead. Esto además diferencia a un drag queen del resto de los actores: el drag es un personaje con vida propia que a su vez interpreta o puede interpretar otros personajes. Es decir, Harris Glenn Milstead no actuaba en las películas de John Waters. Quien actuaba en las películas de Waters era Divine, y Divine a su vez hacía, «encarnaba» los personajes de Waters. Estos personajes, debe acotarse, eran simulacros del propio Divine. Harris, vecino de Waters, amigo de Waters desde su infancia, desaparecía totalmente del panorama. Paradójicamente, se trataba de un juego de espejos, un juego de narcisismos donde el autor principal, Harris Glenn Milstead, se ocultaba con humildad para dejar paso al gran ego de Divine, simulacro y representación pura de Jean Baudrillard.

Para Baudrillard, los límites entre la realidad y la representación (el arte es una representación, por ejemplo) se perdieron desde hace rato. El arte no representa la realidad sino a otras representaciones de la realidad, y en ocasiones, representa a otras representaciones. Los personajes de Divine no hacían más que representar a Divine, quien a su vez era la representación de una supuesta gorda diva que no tenía existencia o que era una especie de arquetipo de una gorda divina y maléfica. Pensemos en una actriz pornográfica totalmente operada: ella es la representación de una súper mujer: súper tetas, súper nalgas, súper piernas, súper boca, súper sexo. Es una mujer hiperreal, una mujer que hace referencia a otra mujer que no existe. Lo mismo ocurre con Divine, Divine es hiperreal, y por no tener referentes reales, está vacío. Waters, con su estética camp, gender, kitsh y paródica hizo de Divine otra de sus herramientas de ataque contra la sociedad norteamericana. Divine es maquillaje exagerado, vestimenta exagerada, cejas exageradas, tacones, uñas, joyas, todo aquello que consigues en un mall, pero convertido gracias al tándem Divine-Waters en metáforas de un inmenso acto de consumismo. Divine es la diva exquisita que se embellece con el mal gusto de la sociedad. Paradójico, pero así es, la vanguardia posmoderna es paradójica, y Divine es contracultural en la misma medida que está conformado por los más comunes elementos de la cultura de masas. Así, un drag queen es un personaje atrapado en la obsesión del glamur, un abalorio consumista que termina transformando en simulacros del buen gusto a quienes se dejan atrapar por dicha obsesión. En el caso de Divine, hay un pensamiento artístico que se traduce en crítica pero que al mismo tiempo se disfruta a sí mismo. Un espejo que se vuelve sobre un espejo donde al final, sin duda, desaparece el verdadero signo, el verdadero valor, el verdadero significado, y sólo queda la representación, lista para llenarse de las ideas de otros, de otros personajes, de otras historias, que quizás, a su vez, también carezcan de significado.

Este jueves 17 de noviembre, disfruta —si disfrutar es la palabra— de ese particular Sujeto de culto que es Divine en el film Pink Flamingo, de ese otro sujeto de culto que es John Waters. Descubre Max.

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