Hit and Miss, o una nueva serie original y cruda en Max

por max 17. junio 2013 06:06

 

Bueno, mira este cuento que te traigo. Ella se llama Mía. Mía es transexual, pero además, y yo sé que no lo vas a creer pero es totalmente cierto, pero además, digo, es un asesino (¿una asesina?) a sueldo. Pues digamos que la cosa no está mal, que ahí te lo crees, pero se complica, ¿sabes? La cosa se complica porque nuestro chica, de pronto un día, descubre que es padre. Sí, ella, Mía, es padre. Alguna vez Mía tuvo novia, su novia se llamaba Wendy, y bueno, Wendy murió de cáncer, y ahí fue cuando Mía se enteró del hijo. La nombraron guardián del niño, de su hijo, pues, que además tiene unos medios hermanos, tres para ser más específicos, que viven en una granja en Yorkshire. Ah, porque se me olvida decirte que esta historia transcurre en Inglaterra. Es una historia inglesa, es una serie inglesa, que está protagonizada por una actriz que el rol de Mía le viene como anillo al dedo. Ella es Chloë Sevigny, una joven que se las trae y que ha hecho nombre en el mundo del cine a fuerza de papeles rudos. ¿Sabes?, es una de las reinas, es decir, de las actrices preferidas del cine independiente. Se ha ganado su nombre, de verdad. ¿La recuerdas en Gummo (1997) del joven director Harmony Korine? Nada fácil. ¿Y antes en Kids (1995) de Larry Clark? Ha trabajado también con David Fincher, con Woody Allen, con Lars von Trier, con Vincent Gallo, a quien ella, en el film The Brown Bonny (2003), le hace una felación totalmente explícita. También hizo de loca en la serie American Horror Story (2011), esa serie que puso de cabezas a muchos y más de un escándalo levantó, ¿te acuerdas?

Así pues que no te parezca raro ver a Chloë haciendo de transexual asesino en una serie de televisión. Una serie, ya te lo conté, británica, creada por Paul Abbott, famoso guionista y productor de otras series que han tenido amplio éxito en Inglaterra. Este de la que hablamos, Hot and Miss tiene 6 capítulos, y se centra en la personalidad de Mía. De hecho, el tema que mayormente trabaja es el de la identidad sexual. Mía, de cierta manera, aprovecha que no es nadie como entidad legal para cometer sus asesinatos. No es rastreable, no existe, ¿comprendes? Ella es una chica metida en el cuerpo de un hombre, con un miembro sexual de hombre, y por ello, no tiene un rol específico ni en la sociedad ni dentro de las leyes. Es, obviamente, otra visión del problema de la transexualidad. No se trata de un ser frívolo, perverso, como suele vérsele. Mía es un ser humano atrapado en un vórtice de problemas, rechazos e incomprensiones.

Con todo esto, comprenderás que la Sevigny es la ama y señora de la serie, pues sobre ella cae todo el peso, y ella muy bien lo maneja, dándole todos los matices, la crudeza y la delicadeza necesarias a serie de profundo sentido dramático.

¿Te la vas a perder? Pues mira, partir de este miércoles 19 de junio, podrás disfrutarla en exclusiva. Por supuesto, la tendrás este y todos los miércoles por venir, hasta que se completen, los seis capítulos de rigor. Ya sabes, este es el cuento, está bueno, ¿no? Drama, género, suspenso, originalidad, series de primera. ¿Qué ves cuando ves Max?

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Gummo, o el terror de la miseria

por max 27. julio 2011 14:29

    

Es terror, lo que uno siente es terror. Y menos mal que no hicieron un film titulado Being Harmony Korine, porque la mente de este director y guionista nacido en 1973 no debe ser muy agradable de visitar. La de Malkovich, está bien, pero la Harmony. En 1995 se estrenó como guionista con el film Kids de Larry Clark, una cruda historia sobre un grupo de patineteros adolescentes en el contexto de la promiscuidad y el SIDA. Kids aportaba una visión pesimista de la juventud norteamericana. Allí no había esperanza, allí sólo había decadencia y locura. Pensar que los muchachos son así, pensar que el futuro no tiene esperanza, daba miedo, mucho miedo. Pero Harmony no se conformó con sembrarnos esos terrores, y dos años después nos lanzó en la cara Gummo. Con su primer largometraje, el joven cineasta vuelve a mostrarnos una historia poblada de muchachos en un contexto digamos tribal, en algunos casos familiar (si familia es la palabra adecuada, lo dudo), dentro de una historia fragmentada, sin centros, sin tramas que guíen el decurso, muy al estilo documental incluso. Korine una vez más vuelve a lanzarse en las oscuridades del alma, y usa para ello la metáfora del tornado. Una población arrasada por un tornado es también el espíritu, el alma de los que allí viven. Gente arrasada, gente sumida en el ventarrón letal de los tiempos, en el olvido suburbano. Allí donde no llega el futuro, la tecnología, el bien común corporativo, la caridad mediática, las acciones humanitarias, la salvaguarda del medio ambiente, la moralización de los negocios y de la política, allí donde no se debate el acoso sexual, ni el aborto, allí donde no importan las cruzadas de los valores y el espíritu de responsabilidad de los gobiernos y las empresas, en ese lugar olvidado de la gran sociedad del progreso, residen estos seres hundidos en el fango de los instintos. Nada media entre ellos y el desenfreno, porque en un lugar arrasado y olvidado no existen estructuras de contención, porque la ley es una referencia lejana. Gummo da miedo, causa terror, porque Harmony Korine nos muestra las caras del despeñadero, del basurero, de aquel lugar donde va a parar el desperdicio de la sociedad lustrosa, aquello que no gusta, aquello que no se quiere porque no produce, porque no es bonito, porque nació con algún gen estropeado, porque no se ha alimentado bien y porque no ha desarrollado su cerebro como se debe. Ese muchacho feo de la casa, que vive en el cuarto del fondo, y que lo sacan a dar una vuelta cuando no hay visitas, eso es Gummo.

Gummo, el viernes 29 de julio, por Max.

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