Audrey Hepburn, la novia elegante

por max 1. diciembre 2011 10:31

 

La verdadera elegancia es una forma de dignidad. Audrey sabía ser elegante, es decir, sabía ser digna, llevaba eso en las venas. Era hija de aristócratas, pero también había pasado miserias durante la Segunda Guerra. De hecho, en cierto momento, Audrey llegó a ver claros paralelismos entre ella y Ana Frank. Así, no es de extrañar, que ya de adulta, la actriz despidiera de cada uno de sus poros esa manera comedida de la sofisticación. Hubiera querido ser bailarina. La vida la llevó hacia la actuación, y en su actuación, había sin duda mucho de ese garbo que aprendió en la danza. Más elegante entonces no podía ser: llevaba la nobleza en sus venas, había sufrido penurias y había sido bailarina. No sé por qué, pero las bailarinas siempre sufren, ¿no les parece?

Audrey Hepburn interpretó chicas extrovertidas, espontáneas, frescas, inteligentes, intelectuales incluso pero con algo de superficialidad, con algo de la indiferencia sabia de la gente realmente elegante. Ese fue su papel, esa fue su revolución, su aporte cultural. Hay que considerar que para los años cincuenta Marilyn Monroe estaba en su apogeo. Roman Holiday, el film que lanzó a la fama a Audrey es de mi 1953, como también del 53 es Gentlemen Prefer Blondes, film protagonizado nada más y nada menos que por la Monroe, voluptuosa, provocativa y rubia. En ese año se enfrentaban en la pantalla dos polos opuestos: Marilyn, que ya era Marilyn, y Audrey, que no era nadie, pero que saltó a la fama con ese film. Cabe decir que ella no llegó para ocupar el espacio de Marilyn; no la desplazó, fue otro opción: la de la chica normal, pero bonita y elegante; la novia perfecta que tú papá y tú mamá aceptarían encantados. Ese año, en 1953, se ganaría un Oscar y a partir de entonces su influencia duraría años. En 1962 muere Marilyn, ya es un mito, y no dejará de serlo. Ese mismo año, Audrey es nominada otra vez al Oscar por Breakfast at Tiffany's. Fue su cuarta nominación al Oscar, contando que la primera vez ganó. Audrey era la favorita de todos. Del público, de los críticos, de la Academia, la reina de Hollywood. Sólo en 1966 aparecerá con todas sus fuerzas Raquel Welch. Pero Raquel fue otra cosa. Audrey siguió siendo la gran actriz siempre joven, la niña consentida. De hecho, en 1968, recibió otra nominación al Oscar por Wait Until Dark, uno de sus pocos filmes de temática distinta a la comedia o al romance, donde la actriz demostraría, en la que fue su última nominación, que el horror y el drama también eran sus terrenos. En estos años explora nuevos caminos, el misterio, lo detectivesco, pero pronto también sabría retirarse. No obstante, Audrey tuvo sus tiempos, sus décadas de elegancia minimalista y de frescura. Ella fue la perfecta novia, la novia que todos soñamos tener, y que soñó un viejo Gary Cooper en Love in the Afternoon en 1957, film que podrás disfrutar en Max, como homenaje, claro está, a la novia perfecta y elegante. 

Love in the Afternoon, protagonizado por Audrey Hepburn, último film de ciclo Sujetos de culto, el viernes 2 de diciembre, por Max.

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