7 días en La Habana, o 7 visiones sobre una misma realidad

por max 10. octubre 2013 15:12

 

7 días en La Habana (2012) es un largometraje constituido por siete cortos dirigidos por distintos cineastas. Acá los directores en orden aparición, que es el orden de los días de la semana (es decir cada corto es un día que va de una semana que comienza un lunes y termina un domingo): Benicio Del Toro (con «El Yuma»), Pablo Trapero («Jam Session»), Julio Medem («La Tentación de Cecilia»), Elia Suleiman («Diary of a Beginner»), Gaspar Noé («Ritual»), Juan Carlos Tabío («Dulce amargo») y Laurent Cantet («La Fuente»).

Cada uno de estos cortos refleja una visión de la Cuba contemporánea. Es importante señalar que, entre quienes dirigen, sólo uno es cubano (Juan Carlos Tabío, el autor de Fresa y chocolate) y tres son latinoamericanos (el mismo Tabío, por supuesto, y los argentinos Pablo Trapero, director de Carancho, y Gaspar Noé, director de Irreversible). Con respecto a Del Toro, confieso, no sé dónde ponerlo, pero me inclino a concebirlo más como una figura que ha hecho girar su vida en torno a Hollywood, a los Estados Unidos. De hecho, Del Toro habla pésimo el español.

El asunto es que el «El Yuma», aporta, justamente, una visión desde afuera de Cuba. Su historia es sobre un actor extranjero (Josh Hutcherson) que es invitado al festival de cine y que termina montado en un taxi dando una vuelta por los entresijos de la ciudad.

«Jam Session», del argentino Trapero, no se aleja de esa visión que viene de afuera. Esta vez su personaje lo encarna el eternamente admirado por los festivales, Emir Kusturica, quien se interpreta a sí mismo en una crisis personal que se canalizará también a través de un conductor de auto, quien resulta ser además un maravilloso trompetista. Esas miradas no pretenden ser superficiales ni instaurase en cliché, sino más bien, precisamente, ser más agudas desde la visión periférica en torno al enorme lugar común que es Cuba. Ya sabemos, muchos veces, estar demasiado plegado sobre sí mismo no deja ver bien, produce ceguera.

Julio Medem (Lucía y el sexo) también nos entrega una historia vista por un empresario que viene de afuera, en este caso de España. El empresario conoce a una maravillosa cantante cubana y le ofrece una carrera al otro lado del Atlántico; la chica tendrá entonces que decidir entre su carrera artística y el amor que en Cuba tiene. Como se ve, la música prevalece en el hechizo de aquellos que miran desde afuera a Cuba. La música y Cuba, ya sabemos. Por más que se intente una visión profunda con respecto a Cuba, la música siempre saldrá a flote.

Elia Suleiman también nos muestra un recorrido. El director palestino espera una entrevista con Fidel Castro para hablar de Cuba, pero mientras aguarda, camina las calles. Al final, el extranjero terminará entiendo que la realidad no es un discurso (ese discurso que tanto fascina a los intelectuales de izquierda que no viven en Cuba), sino algo tangible, algo que se comprueba con todos los sentidos.

En «Ritual», Gaspar Noé, ya fuera de los discursos, se mete de lleno en una historia íntima, de nativos y de carácter popular: nos trae el amor entre dos chicas, y a una familia preocupada y dispuesta a hacer lo que sea por corregir el supuesto entuerto venido de una oscura malignidad. Sin más, una de las chicas pasará por un ritual de santería para quitarse de encima aquello que la ha vuelto maldita: sus preferencias sexuales y amorosas hacia las mujeres.

«Dulce amargo», la pieza de Tabío, el director cubano, termina de adentrarse en esa realidad que busca retratar a La Habana y a Cuba en general. Acá tampoco hay extranjeros ni discursos, sino la vida de una esforzada nativa de la isla. Allí vemos a Mirta, quien para sobrevivir, para mantener a su familia tiene dos trabajos. El matriarcado, la dura realidad de la pobreza y el dulce sabor de la mirada conmovedora sobre los personajes están acá muy presentes.

Laurent Cantet, el director francés, nos traer el último corto de la cinta, y nos presenta a Martha, una mujer que sueña que la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba y también conocida como Oshun. Oshun o la Virgen (o ambas en una) le ordena a la mujer que haga una fiesta en su honor… ese mismo día.

La cinta, como se ve, se propone cubrir las miradas extranjeras y de adentro, la música, el discurso ideológico contrastado con lo de afuera y el sentimiento religioso en sus aspectos más hermosos y también en sus aspectos más absurdos. Busca cubrir quizás el verdadero aspecto del lugar común, lo que de verdad está allí detrás de la música, de lo religioso, de la ideología, de las calles tantas veces vistas, promocionadas o denigradas. Digamos que 7 días en La Habana se toma una semana para deconstruir y mostrar, no sé si la realidad, pero sí por lo menos otras visiones por fuera de las oficiales, de las turísticas o de las oposicionistas.

7 días en La Habana, este viernes 11 de octubre. ¿Qué ves cuando ves Max?

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Cirkus Columbia, o el báltico y el caos de la libertad

por max 5. abril 2012 04:27

 

En alguna parte de Los perros de Riga de Henning Mankell, un personaje dice que la situación de los países bálticos siempre fue muy complicada. Desde la segunda guerra hasta los tiempos de la caída de la URSS, estos países miraron siempre la prosperidad de Occidente, las cosas de la modernidad, los bienes, los servicios, la libertad. Todo eso estaba allí, pero nunca pudieron tenerlo. El personaje, el coronel Murniers dice: «Ante todo, debe entender que éste es un país pobre, tan pobre y arruinado como nuestros vecinos. Durante años hemos vivido encerrados en una jaula, desde la que contemplábamos las riquezas de Occidente como algo lejano.» Con el paulatino derrumbe del bloque soviético, la consigna principal fue reconquistar la libertad. «La libertad nace del caos, señor Wallander, y monstruos atroces acechan en la sombra», dice otro personaje de nombre Upitis. «Creer que sólo se puede estar a favor o en contra de la libertad es un grave error, porque ésta tiene muchas caras.» Dice que la libertad es algo que atrae, como una hermosa mujer, mientras que para otros constituye una amenaza. Lo político puede dar paso a una guerra civil, a la rabia, a la venganza, a un odio acumulado durante años. «El afán de libertad puede convertirse en un infierno de dimensiones imprevisibles. Los monstruos acechan y los cuchillos se afilan en la noche.»

Al ver el film Cirkus Columbia (2010), no puede uno menos que pensar en todo este asunto que leemos en Los perros de Riga, esa situación de pobreza, de imposibilidad, esa tensa relación con el dinero de Occidente y con todo aquello que bullía por debajo, a punto de estallar ante las posibilidades que ofrecía la libertad a las puertas de los países bálticos. En este caso no hablamos de Letonia, sino de la antigua Yugoslavia. En la historia, el director Danis Tanovic nos sitúa en pleno proceso de glásnot por los lados de Bosnia y Herzegovina. Ganador del Oscar a Mejor película extranjera en 2002 por el film No Man's Land, Tanovic vuelve con Cirkus Columbia a su tierra natal. Si bien No Man´s Land se desarrolla en el año 1993, en mitad del conflicto; ahora, con Cirkus Columbia nos encontramos en 1991, al inicio tenso de la debacle. El momento, claro está, es diferente. Acá nos encontramos con el personaje Divko volviendo a casa después de un exilio en Alemania de veinte años. Llega con un Mercedes rojo, con la joven y atractiva Azra, la bolsa llena de marcos y con su gata Bonny, una gata negra de la suerte. Divko llega triunfador, occidental, llega para repudiar a su mujer, para divorciarse y para sacarla de su casa. Odios, amores, apoyos políticos, intereses, ternura, locura, drama, risas, comedias. El film nos recuerda un poco al excesivo y genial Kusturica; cómo no, es inevitable la influencia del maestro. Divko llega con todo su poder occidental, creyendo que el mundo ha cambiado, creyendo que su destino ya no puede ser alterado por nada, creyendo que es el absoluto dueño de su vida, porque viene de aquel lado del mundo, donde el futuro es una imagen asegurada. Pero mientras el amor, la comedia y los odios van y vienen de fondo, los inesperados movimientos del caos y la libertad se aproximan. Como dicen Mankell, los monstruos acechan cuando el caos de la libertad está cerca.

Cirkus Columbia, el sábado 7 de abril. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Caravana de gitanos, o la belleza y el dolor en Kusturica

por max 16. abril 2011 21:34

 

 

    La primera vez que vi una película de Kusturica no me lo podía creer. Estaba totalmente hechizado por su fuerza, por su desorden alegre, por esa capacidad de mezclar la tragedia y la ternura. En los filmes de Kusturica, cuando hay una celebración, también sientes de fondo una profunda melancolía. Y cuando uno ve a alguien sufriendo, siente no una alegría, pero sí comprendes que allí, en ese sufrimiento, también se retrata un amor intenso por lo humano. Si pensara en una persona para los filmes de Emir Kusturica, yo imaginaría a un hombre alto, fuerte, con cara de Neandertal, barbado, rusticón, tímido, pero al mismo tiempo capaz de exaltarse de pronto, de reír y llorar con facilidad. Las películas del cineasta se parecen, sin duda, a él mismo, y han revelado, más allá de los lugares comunes de la Europa del este o de los Balcanes, un mundo desconocido y particularmente poderoso y triste. Gitanos, pobreza, muerte, locura, mafia, traiciones, engaños, prostitución, inocencia, alegría, todo un torbellino de pasiones estallan y pululan a velocidades vertiginosas en los filmes de Kusturica, poesía pura del caos y la compasión. En su cine hay preocupación social y política, pero también hay un profundo sentido del arte que sobrepasa cualquier intención panfletaria. El cineasta de la ex Yugoslavia siempre anda a la búsqueda de sus personajes, de lo que vive en ellos. Caravana de gitanos (Dom za vesanje, 1988) es un film que gira en torno a una comunidad de gitanos, en específico alrededor del joven Perhan. Perhan vivirá una aventura alucinante y trágica, que nos llevará a conocer los posibles recorridos del rechazo, del prejuicio, la miseria, el resentimiento, el mal y la venganza. Un film con un fuerte trasfondo de denuncia social, pero al mismo tiempo imbuido de magia, belleza y música. Porque la banda sonora del film además no tiene desperdicio. En este caso, la música va por cortesía de Goran Bregovic, uno de los músicos más populares venidos de la Europa del este, y quien introdujo el shepperd's rock, una especie de rock con música popular de la región, en su país, la antigua Yugoslavia.

    Caravana de gitanos obtuvo el premio a Mejor director en Cannes. Disfrútala el sábado 21 de mayo, dentro del clico de cine dedicado al Festival de Cannes.

    Descubre Max.

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Caravana de gitanos, o tan parecido a Kusturica

por max 23. febrero 2011 13:19

 

 

La primera vez que vi una película de Kusturica no me lo podía creer. Estaba totalmente hechizado por su fuerza, por su desorden alegre, por esa capacidad de mezclar la tragedia y la ternura. En los filmes de Kusturica, cuando hay una celebración, también sientes de fondo una profunda melancolía. Y cuando uno ve a alguien sufriendo, siente no una alegría, pero sí comprendes que allí, en ese sufrimiento, también se retrata un amor intenso por lo humano. Si pensara en una persona para los filmes de Emir Kusturica, yo me imaginaría a un hombre alto, fuerte, con cara de Neandertal, barbado, rusticón, tímido, pero al mismo tiempo capaz de exaltarse de pronto, de reír y llorar con facilidad. Las películas del cineasta se parecen, sin duda a él mismo, y han revelado, más allá de los lugares comunes de la Europa del este o de los Balcanes, un mundo desconocido y particularmente poderoso, poético y al mismo tiempo triste. Gitanos, pobreza, muerte, locura, mafia, traiciones, engaños, prostitución, inocencia, alegría, todo un torbellino de pasiones estallan y pululan a velocidades vertiginosas en los filmes de Kusturica, poesía pura del caos y la compasión. En su cine hay preocupación social y política, pero también hay un profundo sentido del arte que sobrepasa cualquier intención panfletaria. El cineasta de la ex Yugoslavia siempre anda a la búsqueda de sus personajes, de lo que vive en ellos. Caravana de gitanos (1988) es una film que gira en torno a una comunidad de gitanos, en específico alrededor del joven Perhan. Perhan vivirá una aventura alucinante y trágica, que nos llevará a conocer los posibles recorridos del rechazo, del prejuicio y la miseria. Un film con un fuerte trasfondo de denuncia social, pero al mismo tiempo imbuido de magia, de belleza y de música. Porque la banda sonora del film además no tiene desperdicio. En este caso, la música va por cortesía de Goran Bregovic, uno de los músicos más populares venidos de la Europa del este, y quien introdujo el shepperd's rock, una especie de rock con música popular de la región, en su país, la antigua Yugoslavia.

Acá puedes escuchar un tema del gran Bregovic. 

Caravana de gitanos, de Emir Kusturica, este jueves 3 de febrero. Un film de uno de los tantos grandes directores a los que Max le rendirá homenaje este mes de febrero. Porque este mes, debo decir, el canal nos presentará filmes de P.T. Anderson, Neil Jordan, Woody Allen, Martin Scorsese y Claude Chabrol. Nada más y nada menos. Seguiré anunciándoles, claro está. Pero por los momentos, no dejes de Caravana de gitanos. Descubre Max.

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