
En alguna parte de Los perros de Riga de Henning Mankell, un personaje dice que la situación de los países bálticos siempre fue muy complicada. Desde la segunda guerra hasta los tiempos de la caída de la URSS, estos países miraron siempre la prosperidad de Occidente, las cosas de la modernidad, los bienes, los servicios, la libertad. Todo eso estaba allí, pero nunca pudieron tenerlo. El personaje, el coronel Murniers dice: «Ante todo, debe entender que éste es un país pobre, tan pobre y arruinado como nuestros vecinos. Durante años hemos vivido encerrados en una jaula, desde la que contemplábamos las riquezas de Occidente como algo lejano.» Con el paulatino derrumbe del bloque soviético, la consigna principal fue reconquistar la libertad. «La libertad nace del caos, señor Wallander, y monstruos atroces acechan en la sombra», dice otro personaje de nombre Upitis. «Creer que sólo se puede estar a favor o en contra de la libertad es un grave error, porque ésta tiene muchas caras.» Dice que la libertad es algo que atrae, como una hermosa mujer, mientras que para otros constituye una amenaza. Lo político puede dar paso a una guerra civil, a la rabia, a la venganza, a un odio acumulado durante años. «El afán de libertad puede convertirse en un infierno de dimensiones imprevisibles. Los monstruos acechan y los cuchillos se afilan en la noche.»
Al ver el film Cirkus Columbia (2010), no puede uno menos que pensar en todo este asunto que leemos en Los perros de Riga, esa situación de pobreza, de imposibilidad, esa tensa relación con el dinero de Occidente y con todo aquello que bullía por debajo, a punto de estallar ante las posibilidades que ofrecía la libertad a las puertas de los países bálticos. En este caso no hablamos de Letonia, sino de la antigua Yugoslavia. En la historia, el director Danis Tanovic nos sitúa en pleno proceso de glásnot por los lados de Bosnia y Herzegovina. Ganador del Oscar a Mejor película extranjera en 2002 por el film No Man's Land, Tanovic vuelve con Cirkus Columbia a su tierra natal. Si bien No Man´s Land se desarrolla en el año 1993, en mitad del conflicto; ahora, con Cirkus Columbia nos encontramos en 1991, al inicio tenso de la debacle. El momento, claro está, es diferente. Acá nos encontramos con el personaje Divko volviendo a casa después de un exilio en Alemania de veinte años. Llega con un Mercedes rojo, con la joven y atractiva Azra, la bolsa llena de marcos y con su gata Bonny, una gata negra de la suerte. Divko llega triunfador, occidental, llega para repudiar a su mujer, para divorciarse y para sacarla de su casa. Odios, amores, apoyos políticos, intereses, ternura, locura, drama, risas, comedias. El film nos recuerda un poco al excesivo y genial Kusturica; cómo no, es inevitable la influencia del maestro. Divko llega con todo su poder occidental, creyendo que el mundo ha cambiado, creyendo que su destino ya no puede ser alterado por nada, creyendo que es el absoluto dueño de su vida, porque viene de aquel lado del mundo, donde el futuro es una imagen asegurada. Pero mientras el amor, la comedia y los odios van y vienen de fondo, los inesperados movimientos del caos y la libertad se aproximan. Como dicen Mankell, los monstruos acechan cuando el caos de la libertad está cerca.
Cirkus Columbia, el sábado 7 de abril. Reinventa, reimagina… Descubre Max.
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