La cantante de tango, o las transformaciones del amor

por max 25. julio 2011 14:44

 

La letra del tango «Alma en pena» de Francisco García Jímenez, dice en alguna aprte: «Y yo que voy aprendiendo hasta a odiarte,/ tan sólo a olvidarte/ no puedo aprender.» El problema es, precisamente, el olvido. O el recuerdo. Un gran parte del tango es recuerdo e imposibilidad de olvido. El tango vive en una tierra media donde el sufrimiento se sufre y se disfruta. El amor es así una paradoja enorme que el tango ha sabido capturar en ese juego de transformaciones. Porque en la imposibilidad del olvido, el amor se transforma. Como no se aprende a olvidar, se aprende a odiar; lo dice el tango. La imposibilidad del olvido hace nacer odios. No sólo odios hacia el ser amado, sino odios hacia uno mismo. Odios que son sentimientos de culpa, que te paralizan, que te llenan de vacíos, que destruyen tus éxitos profesionales, que te anulan, que te aniquilan. Y aquí entra de nuevo la idea de la huida. Cuando no se puede olvidar, cuando el odio ha crecido demasiado, y justo antes de que se desborde, surge la posibilidad del exilio. En el dolor del amor, en la ruptura del amor, a veces lo que se busca en dejar atrás los lugares del amor, y al mismo ser amado, por supuesto. La distancia como cárcel. No voy a ti, no te busco, porque estoy encerrado o encerrada en la distancia. Pongo distancia, me encierro. El olvido como imposibilidad genera esos exilios. Así es el tango, así el amor, así la vida.

La cantante de tango, de Diego Martínez Vignatti, el martes 26 de julio.

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