La acacias, o crecer en la carretera

por max 2. julio 2012 11:02

 

La carretera es, por supuesto, una metáfora de experiencia de vida. Aquello que alguna vez fue el mar de Ulises, el camino de los peregrinos, la Mancha del Quijote, o el sin rumbo del loco del Tarot, es hoy una carretera asfaltada. Kerouac hizo de la carretera una experiencia existencial y literaria. El cine de Hollywood amasó la roadmovie, y por allí se lanzaron Dennis Hopper, Jack Nicholson y Peter Fonda en un viaje de locura juvenil, también lo hicieron Warren Beatty y Fay Dunnaway jugando a ser Bonnie y Clyde, y Susan Sarandon y Geena Davis en su rol de Thelma y Louise, dos chicas que, literalmente, se lanzaron a la carretera en el film de Ridley Scott. Uno de las historias de carreteras más conmovedoras y terroríficas de los últimos años es, precisamente, La carretera, de Cormac McCarhty, novela con la que el autor obtuvo el premio Pulitzer. En el mundo de McCarthy no hay carros, o sí hay, pero estacionados sobre la gran autopista del mundo. La carretera la recorren un padre y un hijo, huyendo de la desolación y de los humanos, quienes muertos de hambre en el apocalipsis, se comen unos a los otros. Toda una novela de fin de mundo, toda una novela de crecimiento o bildungsroman, tal como la llaman los alemanes. Y es que es eso, en la carretera crecemos, en la carretera somos, nos descubrimos. La carretera nos desnuda y nos enfrenta con nosotros mismos.

Las acacias (2011), primer largometraje de Pablo Giorgelli, también se hace de la carretera para contarnos una historia de crecimiento interno. Sin estridencias, sin grandes movimientos de cámara, con silencios, gestos y expresiones de rostro, Giorgelli nos presenta a un callado conductor de camión (Germán de Silva) que lleva desde Paraguay a la Argentina, a una mujer y su hija (Hebe Duarte y la bebita Nayra Calle Mamani). En este mínimo planteamiento, se centra Giorgelli para confrontar sin pirotecnias los mundos de los personajes. La mujer que abre el hombre, el hombre que se abre ante la mujer, la carretera como matraz alquímico, las puestas del sol, el paisaje, el camino incesante. Giorgelli cuenta que trabajó el guión durante más de dos años, y en la edición por siete meses. Lo suyo fue un trabajo de depuración, un trabajo de esencias. Si bien el personaje crece y se despoja de prejuicios, de rudezas, de costras, si bien el personaje femenino también muestra sus rincones, el director lo hace con tal respeto, con tal delicadeza, que el resultado final es el alma y no la sensiblería.

Las acacias obtuvo el premio de la Cámara de oro en Cannes.

Disfrútalo este martes 3 de julio. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Para retransmisiones, haz clic acá.

Jack Nicholson, o un sujeto de culto diabólico

por max 8. noviembre 2011 06:39

 

Si hiciéramos unas cartas de Tarot con actores de Hollywood, seguramente Jack Nicholson sería El Diablo. Pero claro, sería un diablo con sonrisa de medio lado, juguetón, simpático, seductor, heredero de ese Satanás que empezó a prefigurarse quizás desde el Renacimiento, cuando ya el hombre toma conciencia de sí mismo, de su individualidad, por lo menos en lo que atañe al arte. Tal como dice Rüdiger Safranski en El mal, el hombre del Renacimiento continúa la reflexión en torno a Dios, pero ahora se acentúa con orgullo consciente en la «creación y la libertad que laten en él». Dice Safranski que ese creacionismo, esa necesidad de crear mundos de la nada, de lo amorfo, ese ponerse a la altura de Dios, «no podía menos de caer bajo la sospecha de la herejía.» El hombre, necesitado de libertad y creación, resultaba maligno. No es de extrañar entonces que empezara a prefigurarse una idea distinta del mal, y por lo tanto, del demonio. Los románticos también ayudan a gestar esta idea. Safranski dice: «Esta corriente estaba íntimamente familiarizada con los abismos interiores de la imaginación.» Los románticos creen en el descenso, y viven con la mirada puesta en el misterio. Ese camino, por supuesto, es oscuro. En torno a 1800, las visiones del mal son otras. La visión del diablo también. No obstante, tal como dice Umberto Eco en Historia de la fealdad, ya en 1667 Milton redime a Satanás, lo identifica con un modelo de rebelión contra el poder. Shelley, en 1882, dirá en su Defensa de la poesía que el demonio de Milton es superior al Dios al que se enfrenta. Escribe Eco: «Satanás no se arrepiente por sentido del honor, no acepta someterse a quien le ha vencido, y se niega a pedir perdón: "Mejor reinar en el infierno que servir en los cielos".» Estamos hablando de un ser que se niega a la esclavitud, energía de rebelión, un ser libre, un ser profundamente humano. ¿Cómo no sentirse identificado con el caído, con el libertario? No olvidemos que la misma idea de La Ilustración trae la semilla de la oscuridad. Allí está el hombre culto que enaltece su inteligencia, su razón, el que va en contra de los poderes, del Estado monárquico. El demonio simpático se cuela por debajo de la puerta. Con Cazotte y El diablo enamorado, el maléfico es una mujer seductora, enamorada. En Goethe, tal como señala Eco, se muestra como un hombre correctamente vestido, clérigo errante, intelectual. Es un diablo dialéctico y convincente que actúa sobre Fausto «como el gato con el ratón». En el siglo XX, continúa Eco, este diablo será completamente «laico». En Los hermanos Karamazov es un gentleman ruso. Para Papini es alto y delgado, para Mann es más bien poca cosa, porta una gorra inglesa y parece un vagabundo con la voz y la articulación de un actor… Gran detalle, ¿no? Mann nos habla de un actor.

Nicholson, sin duda, ha terminado siendo el heredero, ese magnífico actor diablo. Con más o menos poder, con más o menos velos, Nicholson siempre habrá de interpretar, de sacar a la luz, aquel demonio que late en la oscuridad de sus ojos. Incluso ha sido el diablo en persona en The Witches of Eastwick (1987), encantador, orgiástico, pero también un demonio lleno de maldad. Sin embargo, su oscuridad más demoníaca la deja brotar en The Shinning (1980). El demonio de la abstinencia y el demonio de la locura lo poseen en este film de Kubrick, y lo llevan a rondar por los salones del hotel Overlook en franca conversación con seres condenados, malditos, diabólicos. Hasta cuando hace de astronauta retirado en un drama facilón hay algo de demonio en él. Ni hablar de su Guasón en el Batman de Tim Burton. Ese Guasón es un diablo que ríe, y la risa, ya lo dijo Baudelaire, siempre ha tenido algo de demoníaca, de espíritu libre. La maldad de Nicholson fascina. Es una maldad que estaba en él y que aprendió a explotar desde sus primeros filmes B con Roger Corman. Ahí estuvo, durante casi una década haciendo de bajos presupuestos. Para el momento en que comienza a trabajarse la idea de Busco un destino (Easy Rider, 1969), Jack no tenía mayores esperanzas de salir de aquel agujero existencial. Tampoco se esperaba que Busco un destino se convirtiese en un enorme éxito de taquilla. Era un film contracultural concebido por dos alucinados de cabellos largos, barbas y ropas roñosas que bebían sin parar, que fumaban hierba a montón y que se metían todo tipo de drogas. A Peter Fonda nada le importaba más allá de ir montado sobre su nube de sicotrópicos, y Dennis Hopper estaba más loco que una cabra, andaba con dos pistolas y se juraba el director más talentoso del universo. Se cuenta que la filmación en el Mardi Gras fue un desastre. Todo el equipo abandonó a Fonda y a Hopper, y al final, totalmente drogados, ambos terminaron peleando en el cementerio. Aquella desavenencia duraría luego de terminada la filmación. Nicholson, por su parte, cuenta que pasó todo el film fumando marihuana. En la famosa escena de la fogata aseguró que estaba absolutamente drogado.

La edición no fue menos desastrosa. Hopper pensaba que hacía una obra magnánima, quería una edición de cuatro horas. Fonda se quejaba, los editores también. Pero al final, ellos estuvieron en el lugar preciso y en el tiempo indicado, y su film hizo historia. Estaba naciendo el nuevo Hollywood, la contracultura atacaba, la gente anhelaba un nuevo arte. Busco un destino fue un gran éxito comercial y cultural. Había costado unos 500 mil dólares y terminó produciendo 19 millones, más el premio a mejor opera prima en Cannes. Cada quien se afianzó en lo suyo. Hopper se convirtió en el gran director, Fonda en el actor guionista, y Nicholson, que en el film aparecía en un primer momento como un hombre apocado, nada interesante, demostró de lo que era capaz cuando estalló con toda su oscuridad demoníaca. Desde entonces, siguió sorprendiendo con filmes como Chinatown, Five Easy Pieces, One Flew Over the Cuckoo's Nest, entre otros tantos que lo convirtieron en uno de los actores más importantes del cine norteamericano. Como buen hijo del Actors Studio, supo sacar oscuridades y temores, pero con su rostro les dio además ese aire mefistofélico muy particular que hasta el día de hoy no has ha mantenido atrapados.

No queda más que decir; este jueves 10 de noviembre, dentro del ciclo Sujetos de culto, tendremos, por supuesto, a Jack Nicholson en… Busco un destino. No te lo pierdas.

Descubre tus sujetos de culto, descubre Max.

Para retransmisiones, haz clic acá.

Breve diccionario caprichoso de Marlon Brando

por max 7. noviembre 2011 15:24

 

Actors Studio: Marlon Brando es el orgullo más grande de Actors Studio. Él llevó el método a las tablas, a Hollywood, él fue para el Actors Studio algo así como un aviso publicitario rodante. «Miren lo que se puede hacer con el método de actuación del Actors Studio. ¡Llame ya!» Fundado en 1947 por Elia Kazan, Cheryl Crawford y Robert Lewis, el Actors Studio ha trabajado, desarrollado y hasta podríamos decir que perfeccionado la técnica original del Group Theatre que en los años 30 comenzaron a trabajar con las innovaciones de Stanislavski. Lo que propone Actors Studio es una nueva dimensión del actor. Recuerdos como herramientas de abordaje al personaje, identificación profunda con el mismo, emociones a flor de piel, improvisación. Cuando, en 1947, Brando se convirtió en la nueva sensación en Broadway con su electrizante interpretación de Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo de Tenesse Williams, el nombre de la academia alzó vuelo. Brando y Elia Kazan fueron su punta de lanza. Luego, en 1951, Hollywood lleva la exitosa obra al cine, y para ello acudieron a la fórmula del éxito: Kazan y Brando. Por supuesto, el nombre del Actors Studio terminó de realzarse. Con respecto a Brando, podemos decir que con él nacía un nuevo tipo de actor; el actor comprometido profundamente con su papel, lleno de emociones, fuerte y al mismo tiempo frágil, movido por un fascinante mundo interior. Fuerza y sufrimiento, sensualidad y arte. Con el Actors Studio, el actor era más que nunca, un artista, un artista de sus palabras y de sus silencios.

 

Carácter: Marlon Brando no era un tipo fácil. Desde joven había sido un muchacho rebelde. Su padre era un hombre estricto y bebedor, su madre sensible y también bebedora. Desde muy joven, Marlon se rebeló contra ellos (es especial contra su padre) y contra su propia belleza física. Tenía aquel mismo problema que tuvo James Dean: no quería ser valorado por su cara y cuerpo, sino por su talento. Si antes de la fama fue problemático. Ni decir cuando ya lo era.

 

El padrino: La filmación de The Godfather, como la mayoría de las primeras filmaciones de Coppola, fueron un gran problema. Era la lucha entre el viejo Hollywood y el nuevo, al que Coppola pertenecía, junto con Lucas, Scorsese, Spielberg y otros. Robert Evans, legendario productor de Hollywood, maníaco del control y drogadicto perdido, fue el productor del film. En el libro y el documental The Kid Stay in the Picture, Evans afirma categóricamente que The Godfather es obra suya. Se sabe que no es totalmente cierto, y que logros fundamentales del film le pertenecen a Coppola. La inclusión de Brando como Vito Corleone se debe al empeño del aquel entonces joven director, quien insistió hasta el final en contratarlo, a pesar de que los estudios temían cualquier trastada, cualquier locura del temido actor. Cuenta Biskind en su libro Moteros tranquilos, toros salvajes que Brando había caído en desgracia con los estudios, y que «sus travesuras en Rebelión a bordo eran legendarias: se decía que había transmitido la gonorrea a la mitad de las mujeres de Tahití, donde rodó la película. Estaba obeso y, lo que es peor, su películas más reciente Queimada, de Gillo Pontecorvo, había sido un estrepitoso fracaso.» Se sabe que Stanley Jaffe, jefe de Paramount Pictures, al oír el nombre de Brando, pegó un golpe a la mesa y gritó que aquel actor nunca interpretaría el Don mientras él estuviera de jefe. Coppola tuvo un ataque de epilepsia en plena reunión, y Jaffe, atemorizado, aceptó la propuesta. Luego, Coppola grabó a Brando poniéndose betún y en el pelo y Kleenex en los carrillos. El cambio del actor ante la cámara fue tan impresionante, que el resto de los productores antagónicos terminaron por ceder.

 

Filmación de Apolypse Now: La interpretación de Marlon Brando como Kurtz en el film de Coppola, estuvo llena de dificultades. En un principio Brando se negaba a ir Filipinas, a pesar incluso de que ya había cobrado un adelanto. En septiembre de 1976, se aparece finalmente en el set de filmación, con cuatro meses de retraso, según nos cuenta Peter Biskind en su célebre libro sobre los nuevos directores de Hollywood y sus amigos actores. Se había rapado y estaba muy gordo, y no se había leído El corazón de las tinieblas de Conrad, ni tampoco el guión. En general, no había preparado el papel de Kurtz. Dennis Hopper contó que Coppola pasó días enteros leyéndole a Brando la novela, y dice Biskind que «cuando llegó el momento de filmar la última toma del último día de todas las escenas Brando, Coppola dejó la dirección en manos del ayudante y se marchó en su helicóptero. Fue su manera de decirle a Brando que se fuera a la mierda.»

 

Legado: Marlon Brando era (y es) él y sólo él. El epítome de Actors Studio, el duro-rebelde-sensible, el hombre de las respiraciones, de los silencios, del estallido. Él impuso un estilo de actuar en Hollywood, pero también un estilo de vivir en Hollywood. De enfrentar, de comportarse frente a los grandes estudios. Actores como Sean Penn, James Dean, Mickey Rourke, Christopher Lambert, incluso Johnny Depp, y muchos otros, han seguido por el camino que él trazó. No resulta raro ver que de vez en cuando salga algún crítico excitado a decir que ha nacido un nuevo Brando. Brando, no nos cabe duda, siempre será la referencia. Como Brando, no hay dos.

 

Poema: Charles Bukowski, a quien me atrevo a llamar acá el Marlon Brando de la literatura norteamericana (no por lo hermoso, sino por lo problemático), escribió un poema sobre Brando. Ambos eran unos rebeldes, ambos mandaron al estatus a limpiarse con el papel higiénico que más le gustara. Aquí, el poema de Bukowski en su idioma original. Se titula «the greatest actor of our time»:

 

he's getting fatter and fatter,

almost bald

he has a wisp of hair

in the back

which he twists

and holds

with a rubber band.

 

he's got a place in the hills

and he's got a place in the

islands

and few people ever see

him.

some consider him the greatest

actor of our

day.

 

he has few friends, a

very few.

with them, his favorite

pastime is

eating.

 

at rare times he is reached

by telephone

usually

with an offer to act

an exceptional (he's

told)

motion picture.

 

he answers in a very soft

voice:

 

"oh, no, I don't want to

make any more movies ..."

 

"can we send you the

screenplay?"

 

"all right ..."

 

then

he's not heard from

again.

 

usually

what he and his few friends

do

after eating

(if the night is cold)

is to have a few drinks

and watch the screenplays

burn

in the fireplace.

 

or

after eating (on

warm evenings)

after a few

drinks

the screenplays

are taken

frozen

out of cold

storage.

he hands some

to his friends

keeps some

then

together

from the veranda

they toss them

like flying saucers

far out

into the spacious

canyon

below.

 

then

they all go

back in

knowing

instinctively

that the screenplays

were

bad. (at least,

he senses it and

they

accept

that.)

 

it's a real good

world

up there:

well-earned, self-

sufficient

and

hardly

dependent

upon the

variables.

 

there's

all that time

to eat

drink

and

wait on death

like

everybody

else.

 

Transmisión: Este miércoles 9 de noviembre, dentro del ciclo Sujetos de culto, tendremos a Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo, la obra que lo terminó de lanzar a la fama cinematográfica. Descubre a tus sujetos de culto, descubre Max.

Chelsea on The Rocks, el hotel de los huracanes el alma

por max 23. septiembre 2011 10:28

 

Abel Ferrara nació en el Bronx y es un newyorkino con todas las de la ley. De nacimiento, de herencia: por sus venas corre sangre italiana e irlandesa (¿se puede ser más newyorkino?).

Director, guionista, actor, productor, Ferrara es una de esos directores fundamentales para la historia del cine norteamericano en los ochenta y los noventa, heredero, digámoslo así, del llamado nuevo cine norteamericano de los setenta, lleno de realismo y violencia. Ferrara es la violencia dramática en el extremo, un hijo del Scorsese, de alguna manera. A ambos los une Nueva York y el tema de la violencia. Ferrara se dio a conocer a finales de los setenta (en 1979) con el film The Driller Killer. Su personaje, un pintor enloquecido por el peso de la realidad, sale en las noches a llenarse las manos de sangre por las calles de Nueva York. Cabe destacar que éste, su primer largometraje, estuvo protagonizado por el mismo Ferrara. Luego, vendrían Ms. 45 (1981) y Fear City (1986), dos filmes donde la violencia de la ciudad se vuelca sobre las mujeres. En el primero, una joven muda violada en dos ocasiones el mismo día, toma la justicia en sus manos. En el segundo, un sicópata anda suelto matando nudistas. La calle, la noche, la violencia, la locura, Nueva York. Ferrara se mete en el bajo mundo, en las cloacas, en los callejones oscuros, busca a los pequeños seres; el chulo, la prostituta, el drogadicto, el policía decadente. La calle es un lugar duro, y Ferrara sabe retratarla. En los noventa, ese filón inicial alcanzó momentos cumbres con King of New York (1990) y Bad Lieutenant (1992). En la primera el rol protagónico fue de Christopher Walken, en la segunda de Harvey Keitel. Ambas son consideradas sus mejores películas, en especial Bad Lieutenant.

En 1996, Ferrera vuelve a trabajar con Walken, en otro de sus filmes más representativos, The Funeral. Luego, en 1998, presenta uno de sus filmes de ficción más extraños: New Rose Hotel, un film basado en un cuento del autor de ciencia ficción William Gibson, protagonizado también por Walken, y por Willem Dafoe. Para 2008, Ferrara se atreve con el género documental. Su primer trabajo resulta ser un gran acierto. Con Chelsea on the Rocks, el cineasta vuelve sobre Nueva York, sobre su eterna Nueva York, y regresa de igual modo a aquellas primeras exploraciones sobre la personalidad artística. ¿Qué mejor lugar para hablar de Nueva York, de los artistas que han pasado por la ciudad, de glorias y oscuridades que el hotel Chelsea? Este hotel mítico, situado en el 222 Oeste de la Calle 23, entre la Séptima y la Octava avenida, alguna vez tuvo habitaciones de larga estadía donde la gente podía mudarse con sus libros, sus ollas, sus máquinas de escribir y sus instrumentos musicales. Tanto en las habitaciones de estadía corta como de larga, estuvieron una cantidad de artistas que hoy son historia. Leonard Cohen, Dylan Thomas, Bob Dylan, Janis Joplin, Arthur C. Clark, Patti Smith, Robert Mapplethorpe, Andy Warhol, entre otros, fueron inquilinos del Chelesa. Allí se amó, se fornicó, se hizo el amor, se discutió, se bebió, se usaron drogas, se creó arte y hasta se acometieron asesinatos. El Chelsea hotel fue una especie de vórtice, de huracán del arte, un lugar que para algunos podría ser oscuro, para otros luminoso, depende de los ojos de quien vea. Ferrara, en Chelsea on the Rocks utiliza una gran cantidad de material de archivo, que por supuesto abunda, tratándose de un lugar tan famoso, pero también explora en los trabajadores y ex trabajadores del hotel, en los residentes actuales, en los expertos, buscando siempre las anécdotas célebres y también las más íntimas, de aquellos que trabajaban allí, gente sin mayor fama, pero con algo interesante que contar. Entre los entrevistados se encuentran Dennis Hopper, Milos Forman, Robert Crumb, Ethan Hawke y Grace Jones. Un film, sin duda, perfecto para Abel Ferrara, el artista de los abismos del alma y de las oscuridades y las luces de una Nueva York que muta y que no sabemos cuánto más mutará. De hecho, sirva el film para recordar que hoy día el hotel tiene cerradas sus puertas, y su futuro, es totalmente incierto.

Chelsea on the Rocks, este domingo 25 de octubre, por Max.

Para retransmisiones haz clic acá.

Ciclo de B Movies de Terror, segundo jueves con The Little Shop of Horrors

por max 6. septiembre 2011 08:05

 

A la medianoche, cuando salen los espectros, los monstruos, los vampiros y las brujas, a la medianoche, cuando se abren las puertas del más allá, de la dimensión desconocida, Max continúa con su ciclo especial de B Movies, y esta vez nos trae el film The Little Shop of Horrors (1960), todo un clásico, un film de terror aderezado de mucho humor dirigido por el maestro del cine B, el gran Roger Corman.

Corman ha alcanzado una categoría que muchos quisieran y que pocos logran: el de director de culto. Porque eso es sin duda, un director de culto. Un hombre tenaz, apasionado por el cine que ha hecho terror, ciencia-ficción, westerns, cine erótico y más durante décadas, y siempre con un toque personal que lo coloca por encima de cualquier mediocridad. Con Corman además se han iniciado directores y actores de reconocido talento. Entre los directores tenemos a Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Ron Howard, Peter Bogdanovich, y entre los actores a Jack Nicholson, Peter Fonda, Dennis Hopper y Robert De Niro, entre otros. Con Corman también trabajaron Vicent Price, y Boris Karloff cuando su carrera no iba de lo mejor (por lo que el productor director obtenía a un gran actor por bajo costo). Corman es el mago de los bajos presupuestos, aquel que aprovechaba los sets vacíos de otras películas para él filmar la suya, aquel que dirigió e hizo películas en un dos por tres.

Corman comenzó como mensajero, luego pasó a analista de guiones, y finalmente, en 1955 comenzó a hacer sus películas. Si vas a IMDB, verás que aparece como productor de 396 películas y como director de 56. Supuestamente se retiró al inicio de los setenta, pero no es cierto, Corman ha seguido produciendo, y en 1990 dirigió Frankenstein Unbound. Roger Corman hace cine a toda velocidad, pero no deja de hacerlo. Uno de sus filmes más exitosos, de hecho, lo rodó en dos días y una noche. Corman y el guionista escribieron el guión de una sentada, y después el film se ensayó durante tres días y finalmente fue rodado en el tiempo señalado, con uno que otro material extra dos semanas más tarde. Se sabe que Corman filmó con tres cámaras al mismo tiempo, sin repetir tomas (en esos dos días, pero luego sí tuvo que repetir y filmar algo extra) y sin prestarle mayor atención a la iluminación. El escenario utilizado fue el de una película que estaba por comenzar a ser filmada; Corman hizo unos cambios en set y así estuvo listo para filmar. La película dicen que costó entre 20.000 a 30.000 dólares. Como dato extra a toda esta lista de curiosidades, debo decir que el film fue el cuarto de Jack Nicholson como actor, y el primero como actor con Roger Corman.

The Little Shop of Horrors es considerado el clásico de los clásicos del cine B. En 1986 se le realizó una versión cinematográfica con los actores cómicos del momento (Rick Moranis, Steve Martin, James Belushi, John Candy, Christopher Guest, entre otros), y hasta se le realizó una versión en Broadway que fue todo un éxito. Al parecer, hay otra versión de cine en camino.

The Little Shop of Horrors, no te la pierdes dentro del ciclo de películas B de medianoche, el jueves 8 de septiembre, por Max.

archivos
 

etiquetas
 

más comentados