Warren Beatty, o cómo insistir hasta el final en hacer buen cine

por max 14. noviembre 2011 09:51

 

Para algunos, Warren Beatty puede ser apenas una cara bonita. Es el típico prejuicio que tenemos cuando vemos a alguien guapo. Se trata de un tonto vacío, nos decimos, y ya. Cuando joven, Beatty era considerado un tonto pretencioso con futuro de galán. Nadie creía mucho en él ni en sus ínfulas de muchacho terrible y cínico. Pero aquél cara de ángel tenía algo más que un rostro para lucir. Warren de verdad tenía cerebro y agallas y quería cambiar el mundo y ser además otro Marlon Brando. A principios de los años sesenta, le urgía dar un gran salto en su carrera. Esplendor en la hierba no había funcionado como se esperaba en taquilla (luego pasaría a ser un clásico, pero en su momento fue considera como otra pretenciosa película de Kazan), y Beatty tampoco estaba muy bien visto entre los altos ejecutivos de Hollywood. Su actitud solía ser la de un chico prepotente y cínico (muy a lo Brando, pero sin éxito comercial).

En aquel tiempo, los roles internos de Hollywood comenzaban a cambiar. Beatty, además de actor, era productor, un tipo con ideas, un cerebro. En 1965 produjo What´s New Pussycat? de Woody Allen. El film fue todo un éxito, y Beatty, que había rechazado el rol protagónico por sentirse subestimado por Allen, se llevó un buen chasco. Aquel pudo haber sido su momento. Así que ahí lo tenemos: Beatty está a punto de cumplir 30 años, es 1965 y aún no da con el film que terminará de lanzarlo a la estratósfera. Entonces le sale una cena Truffaut, y Truffaut le habla de un guión fenomenal, de una historia de bandidos perfecta para él, y le dice que se ponga en contacto con los guionistas. Se trataba de Bonnie y Clyde, y pronto Beatty se enamoró de la idea. Quería protagonizar, quería ser el chico malo-bueno, y quería que todo saliera a la perfección; por lo tanto, también decidió producirla. Después de intentar con varios directores, finalmente los guionistas (Robert Benton y David Newman) le nombran a Arthur Penn, quien ese mismo año (1965) había estrenado The Chase, con Marlon Brando. Aunque el film fue un fracaso, Penn se había mostrado, según los guionistas, como un director que sabía mezclar el estilo americano y el europeo, alguien que tenía talento para meterle arte al trabajo. Arthur Penn, por su parte, había caído en un hueco. Al fracaso The Chase, se sumaba su despido en 1964 de The Train (fue reemplazado por Frankenheimer). Nadie lo llamaba, nadie lo quería, era demasiado intelectual. Así que cuando apareció Beatty no había mucho qué hacer. El resentimiento de ambos, las ganas de ambos, todo estaba allí para ponerse a trabajar con terquedad en hacer un film que al principio nadie quería. Beatty consiguió algo de dinero, muy poco, y las filmaciones comenzaron, lejos de Hollywood, en Texas, y con la constante discusión entre productor-protagonista, el director y los guionistas (a quienes se les daba excepcionalmente cabida en las decisiones). No obstante, todos querían el trabajo bien hecho y todos querían hacer algo distinto a lo que Hollywood estaba acostumbrado: querían violencia cercana, querían héroes papanatas, querían hacer estallar la pantalla. Aunque film luego fue estrenado en el peor mes del año para aquel entonces (septiembre), aunque se redujo su exhibición a la menor cantidad posible, el film se fue haciendo de seguidores (tanto de público como de crítica). Bonnie y Clyde, era, después de todo, un golpe al sistema. Nunca se había visto tanta violencia, tanta sangre, tanta exaltación a la delincuencia en un solo film norteamericano. Un grupo de críticos empezaron a verlo como un trabajo artístico, como una pieza heredera de las tendencias europeas, rompedora además de los viejos cánones de Hollywood. Había bandidos protagonizando, pero bandidos encantadores (a pesar de que Faye Dunaway no era ninguna belleza, lo que también marcaba la diferencia); había violencia como nunca se había visto, toda esa sangre, toda esa maldad, todo ese humor, todo ese romance; había inteligencia entretenida, eso era lo principal. Pronto el film recibiría 10 nominaciones al Oscar (se llevó 2), 7 al Golden Globe, 4 al BAFTA, y para usted de contar. Y Warren Beatty, la mente criminal de todo aquello, siempre en el centro del huracán, feliz porque había logrado que su nombre alcanzara las alturas que él creía merecerse, y porque le había dado un duro golpe a Hollywood, que si bien ya empezaba a tambalearse, también estaba a la búsqueda de nuevas formas de revitalizarse y de hacer negocios. Algunos, lo más audaces, vieron que un film como Bonnie y Clyde había salido a bajo costo (no más de 2 millones de dólares) y había terminado dando grandes ganancias y logros de prestigio, al lograr esa conexión con el público hacía tiempo perdida. Una conexión de oro que había logrado Beatty y su equipo, pero principalmente Warren Beatty.

Bonnie y Clyde, este martes 15 de noviembre, por Max, dentro del ciclo Sujetos de culto.

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