En la luna, o los referente de Duncan Jones

por max 6. marzo 2013 05:59

 

En la luna (Moon, 2009), el primer film de Duncan Jones no sitúa en un momento del futuro en el que el lado oscuro de la luna es una inmensa mina de la que se extrae un material conocido como Helio-3, indispensable en la Tierra para hacer trabajar los reactores de fusión que mueven la civilización. Estamos a una operación enorme controlada por una corporación, y que está bajo el cuidado de un solo hombre, pues la base y las tres enormes excavadoras están totalmente computarizadas y robotizadas. Sam Bell (Sam Rockwell) es apenas el factor humano necesario para mantener la operación. Ha hecho un contrato de 3 años y su única compañía es GERTY, un robot con inteligencia artificial con la voz de Kevin Spacey. La historia nos ubica en el momento en que ya falta poco para el fin del contrato. En dos semanas, Sam espera regresar a casa. Pero entonces, algo extraño sucede. Sam comienza a tener visiones, lo que hace recordar un poco el clásico Solaris (1972) de Andrey Tarkovskiy. Tanto en En la luna como en Solaris, la alucinación es una imagen placentera, una especie de urgencia de la mente, la proyección de una necesidad. De que algo no está bien en la cabeza. No obstante, mientras que en Solaris, la aparición de la alucinación femenina y su actualización concreta en persona es parte fundamental de la trama, en la cinta de Duncan Jones pareciera constituir un homenaje al mismo Tarkovskiy. Aunque también, debo decir, es un indicio de lo que está a punto de pasarle a Sam. En él se está produciendo un desgaste, y la aparición de la chica es parte de ese desgaste.

Los referentes fílmicos están sin duda muy presentes en la cinta que Duncan Jones. GERTY nos lleva al HAL de Kubrick. Como HAL, GERTY controla el mundo de Sam, busca hacérselo más fácil, pero al mismo tiempo, lo controla. GERTY, como HAL, es la marca del poder, aquello que les recuerda a los habitantes de la estación espacial de ambas películas que no son ellos los señores absolutos del lugar, que ellos están ahí porque alguien los envió, alguien lejano, pero alguien que tiene el poder.

Un error de GERTY hará que Sam descubra una terrible verdad. Las máquinas, en su correcto funcionamiento, no son la realidad, sino la perpetuación de un estado de cómodo encierro. Cuando éstas fallan, se abre las puertas de lo que verdadero, de lo que está detrás de todo, de las maquinaciones del poder. Un error en GERTY y un desperfecto en la excavadora llevarán a Sam a descubrir a otro hombre dentro de la cabina de la excavadora, un hombre inconsciente que, una vez de vuelta a la base, resulta ser idéntico a él. Acá se plantea el tema del doble, pero desde la perspectiva de la ciencia ficción. Acá el doble fantástico da paso al clon, y a un profundo drama moral que recuerda a Blade Runner (1982), la ansiedad de los replicantes en Blade Runner, esa búsqueda de lo que somos. Tanto Blade Runner como En la luna giran en torno a esa interrogante. ¿Qué somos los seres humanos, qué nos hace seres humanos? Estas preguntas, por supuesto, son extensivas al clon, a la réplica. ¿Acaso no es un el clon un ser humano? ¿Porque fue creado a partir de otro, y tenga una vida limitada y recuerdos falsos, debe ser entendido como un objeto, como un simple signo replicado? ¿Un signo que nace de un original, no es signo independiente, con vida propia, otro original? ¿Esa vida propia, no trae consigo una mirada distinta al mundo, una constitución espiritual nueva y distinta? ¿Eso que nos hace distintos, cargados de sentimientos y de voces propias, no es lo que nos vuelve humanos?

En la luna bebe de la gran tradición de la ciencia ficción cinematográfica, y cómo no, literaria, pero no se queda en el simple calco (no es clon). Duncan Jones conoce esa tradición, bebe de ella, le hace homenaje y crea su propio mundo, su propia historia, su propio complejo de signos. El hijo de aquel gran David Bowie que interpretó en 1969 de una vez y para siempre el réquiem del Mayor Tom en «Space Oddity», no es ajeno al bagaje cultural de la alucinación interestelar. Duncan Jones no has dado una pieza inteligente, de un solo actor que se luce en su papel, y ha entretejido en esta historia solitaria y oscura los referentes cinematográficos y temáticos propios del género. Es su primer film, pero no hay un novato detrás haciendo lo que puede con la ciencia ficción. En la luna es una pieza culta pero con su adecuado toque de intriga, que nos hace mantenernos pegados al asiento, agarrados con fuerza, no vayamos a salir disparados por el espacio, perdidos como el Mayor Tom.

En la luna, de Duncan Jones, este jueves 7 de marzo. Ciencia ficción, clones, referentes culturales, intriga, suspenso. ¿Qué ves cuando ves Max?

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Imagine: John Lennon, o la luz de una estrella

por max 17. julio 2012 11:49

 

Mucho es lo que se ha dicho de los últimos años de la vida de John Lennon. Versiones hay de lo más oscuras que dicen que Lennon era un prisionero de Yoko Ono y de sus propios vicios allá en Nueva York. Que no hacía más que ingerir drogas y deambular de aquí para allá por la casa, mientras su mujer hacía mercadeo con su imagen. Que era un trapo, que era un títere descoyuntado encerrado en su habitación del edificio Dakota, prestándole poca atención a Sean, su segundo hijo. Por supuesto, hay otras imágenes de Lennon, mucho más luminosas que muestran a un hombre ya más tranquilo, hogareño, padre preocupado de su pequeño Sean, cercano incluso a su otro hijo, Julian, y lejos ya de su separación matrimonial y de su período de excesos en la ciudad de Los Ángeles junto a estrellas como Elton John o David Bowie (su llamado fin de semana de locura, que duró unos 18 meses).

El documental Imagine: John Lennon (1988) sale justo el mismo año en que fue publicada una biografía largamente esperada de Lennon que estuvo siete años en preparación. La biografía The Lives of John Lennon de Albert Goldman presentaba a un Lennon esquizofrénico, adicto a las drogas, homosexual, manipulador e incluso asesino. Un rotundo y peligroso golpe bajo a la figura de un hombre ya muerto. Imagine: John Lennon, dirigido por Andrew Solt vino entonces mostrar el lado luminoso del artista.

El documental se centra en su vida privada y en su carrera como solista, y va alternando, guiado por la locución del mismo Lennon, anécdotas de su infancia, la relación con su madre, su idolatría hacia Elvis, su problema con los vicios, su matrimonio con Yoko Ono y su rol como padre, su lucha por el pacifismo, sus rebeldía, y en segundo plano, algo de sus inicios con la banda, sus declaraciones controversiales, la conquista de América y la separación de la banda. Todo con mucho material inédito que buscó, sin duda, contrarrestar aquella terrible avalancha de oscuridad que le caería al ídolo con la biografía de Goldman. Lennon, por fortuna había hecho una gran cantidad de entrevistas en audio los últimos años y, tal como si hubiera presentido su fin, habló a fondo de muchos asuntos de su vida. Eso, sumado a los archivos audiovisuales privados de Yoko Ono y Lennon, permitió realizar un documental de un valor fundamental en la historia de la música. Así que, más allá de cualquier especulación, este documental y sus momentos musicales se alzan como un tributo emocional y exhaustivo de la vida de uno de los grandes de la música del siglo XX.

Imagine: John Lennon, el jueves 19 de julio. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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The Hunger, mujer, estética y erotismo en las historias de vampiros

por max 7. febrero 2012 18:25

 

El vampiro mujer tiene raíces profundas, quizás mucho más que el vampiro hombre. Si leemos la introducción al libro Vampiros, del conde Jacobo Siruela, encontramos que desde la antigüedad hay referencias de seres femeninos y demoníacos que se alimentaban de sangre. Siruela nombra a Lilith, demonio de la cábala hebrea, quien fue la primera mujer creada por Dios, del barro mismo, como Adán, y antes que Eva. Pero Lilith, al saberse creada de la misma materia que Adán, reclamó sus derechos. Se negó a servirle al hombre, se negó a estar bajo de él durante el coito, invocó el nombre de Dios, voló lejos del Paraíso, y así fue condenada a vivir para siempre como un demonio. Lilith, aun en la condena, conserva una figura femenina hermosa, engaña a los hombres, roba su semen para hacer nuevos demonios femeninos, y también se alimenta de la sangre de los niños. El genio árabe djinn, gul, o algola, también se alimenta de infantes. Entre los griegos se hablaba de la empusa, una emanación de Hécate, que tomaba forma de mujer atractiva y engañaba a los hombres. Filóstrato, en Vida de Apolonio de Tiana, cuenta la historia de Menipo, joven engañado por una empusa. Menipo, hasta la noche de bodas, creyó amar a una maravillosa extranjera. A no ser por la intervención de Apolonio, Menipo hubiera yacido en el lecho de la empusa, y ésta le hubiera chupado la sangre. En la antigüedad romana, tenemos a la lamia, estrechamente relacionada con la empusa. Vampiros femeninos, a ratos horrendos, a ratos hermosos, fascinan como fascina el placer, como fascina el sexo, como fascina la muerte. A diferencia del vampiro masculino, que en sus inicios es francamente animal y que luego, con Polidori y Stoker, se va poblando de cierta elegancia, nobleza y atractivo humano, el vampiro femenino, desde el principio, hechiza con esos poderes que la hacen lucir seductora físicamente. Así lo vemos, por ejemplo, en aquel cuento de Johann Ludwig Tieck «No despertéis a los muertos», de 1800, en el que Walter resucita a Brunhilda, su difunta esposa, una bellísima mujer a la cual se describe de la siguiente manera:

 

«Su cabellera oscura como el rostro negro de la noche, derramada sobre sus hombros, realzaba sobremanera el esplendor de su esbelta figura y el rico color de sus mejillas, cuyos matices eran como el cielo encendido y brillante del poniente. No semejaban sus ojos a esos orbes cuyo pálido brillo adorna la bóveda de la noche y cuya distancia inmensurable nos llena el alma de profundos pensamientos de eternidad, sino más bien a los sobrios rayos que alegran este mundo sublunar y que, a la vez iluminan, inflaman de alegría y de amor a los hijos de la tierra.»

 

En 1872, Joseph Sheridan Le Fanu publica «Carmilla», relato más conocido que el de Tieck, y allí también vemos la figura del vampiro representada en una hermosa muchacha, llena de fuego sexual y tierna al mismo tiempo. Carmilla es descrita en ocasiones como una muchacha esbelta. Su rostro es agraciado, «incluso hermoso». Con su belleza, Carmilla seduce a Laura, la protagonista del relato. El tema lésbico aparece acá marcado con fuerza inusitada. Así cuenta Laura:

 

«A veces, tras un período de indiferencia, mi extraña y bella compañera me cogía la mano y la retenía apretándomela cariñosamente una y otra vez, y finalmente se ruborizaba levemente, mirándome al rostro con ojos lánguidos y ardientes, y tan jadeante que su vestido subía y bajaba a causa de la tumultuosa respiración. Era como el ardor de un enamorado; me turbaba; era algo odioso y, no obstante, irresistible. Luego me atraía hacia ella, recreándose en la mirada, y sus cálidos labios me recorrían las mejillas a besos, mientras me susurraba, casi sollozando:

—Eres mía, serás mía; tú y yo tenemos que ser una sola persona, y para siempre.»

 

En el Drácula de Stoker, Jonathan Harker experimenta una orgía de terribles mujeres vampiros. En su cama, frente a él, a la luz de la luna llena, tuvo a tres mujeres jóvenes. «Dos de ellas eran morenas, de nariz larga y aquilina, como el conde, ojos oscuros y penetrantes que parecían casi rojos por contraste con la pálida luna amarilla. La otra era bella, muy bella, con una espesa cabellera ondulada de pelo dorado y ojos como zafiros pálidos.» Ellas se mantienen allí, frente a él, cuchicheando y, antes de lanzarse definitivamente sobre su cuello, sueltan unas risas argentinas, musicales. «Era como la dulzura intolerable y estremecedora de unas copas de cristal en las que jugueteara una mano hábil.» Dulzura e intolerable, dos palabras que se unen para expresar lo que es la mujer vampiro: belleza y espanto, placer y muerte.

Tony Scott, hermano de Ridley Scott, entregó su primer film comercial, su primera pieza profesional para la gran pantalla en el año 1983. Se trata de un film de vampiros, The Hunger, una pieza muy estilizada, muy «publicitaria» en su aspecto (Scott venía de trabajar en comerciales de televisión), que gira en torno a una mujer vampiro en la Nueva York de los ochenta. Esta mujer vampiro, Miriam Blaylock, interpretada por Catherine Deneuve tiene más de dos mil años, una lujosa mansión en Manhattan y un novio de nombre John a quien convirtió en vampiro en el siglo XVIII, nada más y nada menos que David Bowie. Miriam, por supuesto, es hermosa, seductora, elegante, digna heredera de aquellos primeros vampiros femeninos que todo lo dominan con su poder de ultratumba. John, por su parte, comienza a envejecer. Los poderes de Miriam no son absolutos. Sus amantes no pueden morir, ella los ha convertido en vampiros, en amantes de siglos, pero hay un problema: su belleza no es eterna; en cierto momento comienzan a envejecer aceleradamente, sin poder morir, como ya se dijo. Cabe destacar que este proceso del envejecimiento vampírico, lo desarrolla Ane Rice en Entrevista con el vampiro, novela publicada en 1976. Allí, hacia el final del libro, vemos al vampiro Lestat envejecido, encerrado en su casa, incapaz de comprender los nuevos tiempos, demente, perdido pero inmortal. De hecho, se dice que originalmente Tony Scott quería hacer la versión cinematográfica de la novela de Rice. Como ya se ve, no pudo, al contrario que Neil Jordan, que en 1994 pudo estrenarla, con Tom Cruise, Brad Pitt, Antonio Banderas y Kristen Dunst en los roles protagónicos.

Scott, sin amilanarse por el impedimento, concibió The Hunger, un trabajo que sin duda paga tributo a Anne Rice, y por supuesto, a toda la tradición vampírica. Pero de Rice toma en específico el tema del envejecimiento, aunque con particular variante. En Lestat, como ya se dijo, es un tema más metafísico, dado por la incapacidad de entender los tiempos que el vampiro vive, mientras que en John se trata más bien de algo así como de una inyección a la que se le va pasando el efecto. Así, tras la búsqueda de una posible solución para este envejecimiento, los vampiros dan con la doctora Sarah Roberts, interpretada por Susan Sarandon. En el proceso, Miriam empieza a sentirse atraída por Sarah, y tal atracción se traduce en un ritual de seducciones y artilugios que termina en una de las escenas lésbicas más famosas del cine norteamericano (o quizás haya que decir, de vampiros) entre Susan Sarandon y Catherine Deneuve.

The Hunger, como se ve, tiene un valor de peso dentro de lo que es la genealogía del mito vampírico en el cine. Por un lado, toma toda aquella sofisticación, elegancia y belleza que la imagen del vampiro acumuló durante años y los pone allí presente, en plenos ochenta, época decadente, sofisticada y nihilista. Por otro, a esa estética preciosista, se une, con obviedad casi genial, la rama femenina del vampirismo, representada por Catherine Deneuve, vampiresa bella, fina, fascinante y al mismo tiempo despiadada. Y finalmente, el erotismo de la tradición estalla acá en la figura de aquellas dos mujeres magníficas amándose entre telas. Sin duda, Tony Scott hizo un excelente primer trabajo. Que después hizo Top Gun (1986), Beverly Hills Cop II (1987) y Days of Thunder (1990), pues bien, allá él. Eso sí, se le agradece haber hecho True Romance (1993) con guión de Tarantino. Lo cierto es que The Hunger es uno de esos filmes raros, que en un primer momento incluso pasan por debajo de la mesa, pero que con los años se van convirtiendo en obras de culto, a pesar de sus mismos directores.

The Hunger, de Tony Scott, este viernes 10 de febrero.

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