Bellamy, o el amor y el crimen en Chabrol

por max 25. febrero 2011 05:04

 

 

El amor y el crimen. Chabrol siempre estuvo particularmente interesado en esos temas. Alguien podría decir que su interés fundamental era la infidelidad y el crimen, o la pareja y el crimen. En el fondo, en verdad, estamos hablando del amor. En Bellamy (2009) hay un diálogo donde el inspector Bellamy, interpretado por el gran Gerard Depardieu, pregunta si el crimen ha sido cometido por amor. Para este detective, representante de la ley, pareciera que hay un matiz entre el crimen cometido por amor y el crimen cometido por avaricia. ¿Pero y cómo un representante de la ley cae en estas sutilezas? Crimen es crimen. Sí, pero el inspector Bellamy está de vacaciones. ¿Y eso qué? Las vacaciones no justifican. Sí, pero las vacaciones son acá una metáfora, y también un homenaje. Empecemos por el homenaje: Chabrol, al ubicar en el tiempo de vacaciones a su inspector, hace un saludo a algunas novelas de la tradición detectivesca europea. El tópico de la vacación fue tratado en más de una novela de Agatha Christie y Georges Simenon. Tanto Poirot, como miss Marple (sobre todo miss Marple), como el comisario Maigret aceptaron casos durante sus vacaciones. Y claro, los resolvieron siempre llevados por esa necesidad de la verdad. De descubrir la verdad dictada por la ley. En el caso de Bellamy, la versión detectivesca de Chabrol, pareciera que hay necesidad de otras verdades, de otras verdades que no están necesariamente atadas a la ley. Bellamy, al encontrarse fuera del oficio, se puede permitir ser él y no la máscara de la ley. Él, un hombre con secretos oscuros, un hombre que ama, un hombre que sufre. Bellamy más complejo que la ley, más complejo que la razón del mundo. Un ser humano. Así, aunque pareciera que Bellamy se comporta como aquel sabueso que no puede dejar de buscar la verdad incluso estando de vacaciones (como sus predecesores), en realidad está comenzando un viaje dentro de sí mismo, un viaje que quizás, por mantener durante tantos años la máscara de la ley, será vertiginoso y amenazante. Aquí pues está la metáfora, la que nos dice que, por fuera de la ley, hay otro mundo, más complejo, saturado de sensaciones, pasiones y pulsiones desconocidas, que son las que mueven el amor, pero también el crimen, según lo ve Chabrol. El hombre soporta o no soporta tales complejidades, las vive o no las vive. De allí que encontremos ese dilema en el film de Chabrol. Hay ocasiones, se dice en alguna parte del film, donde el crimen no se lleva a cabo para eliminar a otro, sino que se lleva a cabo para eliminar una parte de uno mismo, una oscuridad, una obsesión, una locura. Una parte de uno que al liberarse, quizás te deje en paz, quién sabe. Bellamy pareciera contar dos historias: por un lado, está el acosador de la casa de campo (Jacques Gamblin), que busca al inspector para limpiar un asesinato, su propia muerte (un seguro de vida, una amante para huir), y por otra parte se encuentra el hermanastro de Bellamy (Clovis Cornillac), un joven vicioso y loco que formará un triángulo en la relación del inspector y su esposa (Marie Bunel). Todo, en lo que parecen ser dos historias, está cruzado por el amor y el crimen, allí, en esa línea fronteriza donde se difuminan las leyes de los hombres, de la burguesía que tanto Chabrol criticó. Así, el cineasta nos muestra el lugar donde otros poderes mandan, donde las seguridades del bienestar se derrotan, donde el amor es una puerta a la muerte. Chabrol revuelve y nos cuenta verdades.

Bellamy, otro film del gran Claude Chabrol, en memoria, este mes de febrero dedicado a los grandes cineastras. Disfrútalo el miércoles 23 de febrero, y luego, el sábado 26, en doble tanda con La mujer partida en dos. Chabrol, sin duda, lo merece. Descubre Max.

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La mujer partida en dos, o Cabrol, oh Chabrol

por max 25. febrero 2011 04:47

 

 

Chabrol es uno de esos nombres que uno tiene entre ceja y ceja en la universidad. Chabrol, oh Chabrol, decía uno hace un montón de años. Mucha agua ha corrido desde entonces, ya dejamos la universidad, y Chabrol, por su parte, ya no está en el mundo. Llegó a los ochenta años. A los ochenta haciendo cine, un cine de calidad que te hacía seguir diciendo, Chabrol, oh Chabrol.

El realizador francés nació en París en 1930. Quién sabe si pudo haber sido farmaceuta, como lo dictaba la tradición familiar, pero en algún momento de su camino se le atravesó la Twentieth Century Fox y él se convirtió en su jefe de prensa. Después, empezó a trabajar como crítico en la prestigiosa Cahier du Cinéma. Fundada por el crítico André Bazin en 1951, a través de la revista se encontraron cineastas como Rohmer, Truffaut, Goddard y Rivette, realizadores todos que dieron inicio a la llamada Nueva Ola del cine francés. Habría que incluir a Resnais, claro está, triunfador junto con Truffaut en el Festival de Cannes de 1959. Resnais por Hiroshima mon amour y Truffaut por Los 400 golpes. Aquel triunfo en Cannes, marcaría el momento cumbre del nuevo cine francés. Pero volvamos a Chabrol. Tres años antes de la apoteosis de la Nueva Ola en el afamado festival, el joven Claude trabajó como actor (y guionista) en Le coup du berger, cortometraje de Rivette (considerado por muchos el padre de la Nueva Ola); y en 1958, apenas uno antes de la premiación, aquel muchacho ya había dirigido su primer largo: El bello Sergio. Por este film, Chabrol obtendría el premio al Mejor Director en Locarno. En el 59, sería premiado en Berlín por Les cousins. Así, aunque Cannes no le premiará hasta el 78 (por Violette Nozière), Chabrol se alzaría como uno de los máximos representantes del nuevo cine francés.

Desde sus primeros trabajos, Chabrol no sólo se muestra como uno de los exponentes de ese movimiento, sino que también deja ver los caminos de su propia personalidad, su gusto por el género policial, por Hitchcock. De verdad que el asunto no luce fácil: mezclar el vago argumento de la Nueva Ola con el suspenso inglés requiere de mucho talento. No obstante, ya en un film como L'oiel du malin (1962) se empieza a notar esa fusión que más tarde lo hará célebre. Así, entre la Nueva Ola, el suspenso a lo Hitchcock y una muy fuerte crítica a la sociedad burguesa (La mujer infiel es una clara muestra de todos estos elementos juntos), Chabrol encuentra sus armas particulares, y con ellas avanza y arremete a todo lo largo de su carrera. Uno de sus últimos films, La mujer partida en dos (La Fille Coupée En Deux, 2007) aborda la historia desde esa maestría que lo consagró como uno de los grandes del cine de misterio; una cinta que tiene como base un triángulo amoroso, donde la parte que corresponde a lo amoroso no entraña belleza espiritual ni personajes empáticos. Todo en La mujer partida en dos es crudo, frívolo, atroz. Chabrol está allí metiendo el dedo en la herida de la sociedad burguesa una vez más; le da duro a los intelectuales, a los aristócratas decadentes, a las comodidades de los juegos perversos sin riesgos aparentes. El maestro Chabrol repasó acá sus antiguas obsesiones, sus antiguos gustos y nos legó una de sus últimas maestrías.

La mujer partida en dos, el martes 22 de febrero. Descubre Max.

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