
El amor y el crimen. Chabrol siempre estuvo particularmente interesado en esos temas. Alguien podría decir que su interés fundamental era la infidelidad y el crimen, o la pareja y el crimen. En el fondo, en verdad, estamos hablando del amor. En Bellamy (2009) hay un diálogo donde el inspector Bellamy, interpretado por el gran Gerard Depardieu, pregunta si el crimen ha sido cometido por amor. Para este detective, representante de la ley, pareciera que hay un matiz entre el crimen cometido por amor y el crimen cometido por avaricia. ¿Pero y cómo un representante de la ley cae en estas sutilezas? Crimen es crimen. Sí, pero el inspector Bellamy está de vacaciones. ¿Y eso qué? Las vacaciones no justifican. Sí, pero las vacaciones son acá una metáfora, y también un homenaje. Empecemos por el homenaje: Chabrol, al ubicar en el tiempo de vacaciones a su inspector, hace un saludo a algunas novelas de la tradición detectivesca europea. El tópico de la vacación fue tratado en más de una novela de Agatha Christie y Georges Simenon. Tanto Poirot, como miss Marple (sobre todo miss Marple), como el comisario Maigret aceptaron casos durante sus vacaciones. Y claro, los resolvieron siempre llevados por esa necesidad de la verdad. De descubrir la verdad dictada por la ley. En el caso de Bellamy, la versión detectivesca de Chabrol, pareciera que hay necesidad de otras verdades, de otras verdades que no están necesariamente atadas a la ley. Bellamy, al encontrarse fuera del oficio, se puede permitir ser él y no la máscara de la ley. Él, un hombre con secretos oscuros, un hombre que ama, un hombre que sufre. Bellamy más complejo que la ley, más complejo que la razón del mundo. Un ser humano. Así, aunque pareciera que Bellamy se comporta como aquel sabueso que no puede dejar de buscar la verdad incluso estando de vacaciones (como sus predecesores), en realidad está comenzando un viaje dentro de sí mismo, un viaje que quizás, por mantener durante tantos años la máscara de la ley, será vertiginoso y amenazante. Aquí pues está la metáfora, la que nos dice que, por fuera de la ley, hay otro mundo, más complejo, saturado de sensaciones, pasiones y pulsiones desconocidas, que son las que mueven el amor, pero también el crimen, según lo ve Chabrol. El hombre soporta o no soporta tales complejidades, las vive o no las vive. De allí que encontremos ese dilema en el film de Chabrol. Hay ocasiones, se dice en alguna parte del film, donde el crimen no se lleva a cabo para eliminar a otro, sino que se lleva a cabo para eliminar una parte de uno mismo, una oscuridad, una obsesión, una locura. Una parte de uno que al liberarse, quizás te deje en paz, quién sabe. Bellamy pareciera contar dos historias: por un lado, está el acosador de la casa de campo (Jacques Gamblin), que busca al inspector para limpiar un asesinato, su propia muerte (un seguro de vida, una amante para huir), y por otra parte se encuentra el hermanastro de Bellamy (Clovis Cornillac), un joven vicioso y loco que formará un triángulo en la relación del inspector y su esposa (Marie Bunel). Todo, en lo que parecen ser dos historias, está cruzado por el amor y el crimen, allí, en esa línea fronteriza donde se difuminan las leyes de los hombres, de la burguesía que tanto Chabrol criticó. Así, el cineasta nos muestra el lugar donde otros poderes mandan, donde las seguridades del bienestar se derrotan, donde el amor es una puerta a la muerte. Chabrol revuelve y nos cuenta verdades.
Bellamy, otro film del gran Claude Chabrol, en memoria, este mes de febrero dedicado a los grandes cineastras. Disfrútalo el miércoles 23 de febrero, y luego, el sábado 26, en doble tanda con La mujer partida en dos. Chabrol, sin duda, lo merece. Descubre Max.
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