En junio, especial de Gael García Bernal (parte 1)

por max 19. mayo 2011 19:05

 

Mi padre decía: «No te enamores de mujer sentada». Pues lo mismo debe aplicar para los hombres. Ahí tenemos a Gael. Cualquier mujer que lo viera sentado, diría qué muchacho tan bello, qué hombre tan atractivo, o cualquiera de esas cosas que diga una mujer cuando ve a un hombre que le gusta. Gael, sentado, luce como un conquistador. De pie, pues quién sabe. Porque Gael se pone de pie, y ya le ves el tamaño. No es muy alto que se diga. Quizás alguna se desilusionaría. Pero aún así, Gael no deja de ser un conquistador, ¿o sí? En realidad, si nos ponemos a pensar en los hombres pequeños, ahí tenemos a Napoleón. Ni tampoco era alto Simón Bolívar, por nombrar uno de por estos lados. Y es que los hombres altos como que lo tienen ya todo ganado. Son altos y con eso les basta. A los de baja estatura, pues le cuesta más, y tienen que fajarse. Napoleón era un conquistador, Bolívar también, Gael igual, a su manera. Bueno, tampoco es que sea tan bajo, mide 1,68. Eso no es ser bajo, ¿o sí? Pero igual tiene cara de bajito. No sé, algo tiene de bajito, sí. En fin…

Hijo de actores, el guapo —y quizás bajito— Gael siempre estuvo en contacto con la actuación. Y como buen conquistador, fue primero un explorador, un viajero. De la Guadalajara natal se traslada a Ciudad de México. Allí estudia, actúa. Hace una telenovela que se llamó Teresa (por allá por los ochenta), y comparte con la que luego sería la muy famosa Salma Hayek. Cuántos no quisieran hoy en día haber trabajado en esa novela de suertes premonitorias. De Ciudad México, Gael sigue con la exploración y se va a Londres a continuar perfeccionado su talento actoral. Luego regresa a México. Entonces actúa en su primer largo, el film que le daría la fama: Amores perros (2000) de Alejandro González Iñárritu. Amores perros fue todo un éxito, una historia original, diferente, atrevida. Respiraba aires de cosa nueva, de mundo que siempre se ve pero que nunca supo ser contado hasta que por fin alguien lo hizo con los ojos de la narrativa y del arte cinematográfico. Ese fue el trabajo de González Iñárritu, eso exploró el director. Pero para hacer lo que hizo, necesitaba un actor que también fuese un explorador, y ahí estaba Gael. Gael destacó, y pronto se encontró realizando films de alta factura donde pudo demostrar su capacidad. Su gran tamaño… de actor. En 2001, es decir, al año siguiente del Amores perros, se estrenó Y tú mamá también, de otro de los nuevos directores estrellas del cine mexicano, Alfonso Cuarón, quien a la postre terminaría dirigiendo en Hollywood Harry Potter y el prisionero de Azkabán (2004) en Children of Men (2006). En pie sobre la vía exploratoria de su talento, Gael protagoniza en 2002 El crimen del padre Amaro, una cinta de un director mexicano que podría considerarse el padre de los nuevos directores: Carlos Carrera. El film fuerte, sin tapujos que muestra la falta de moral y el juego de poderes de un joven sacerdote atacado por la lujuria. No dejaría Gael de trabajar con directores de talla: a poco se convertiría en el muso de Pedro Almodóvar, quien lo convirtió en el objeto del deseo del film La mala educación (2004).

A partir de entonces, Gael ha seguido su camino de exploración y de conquista. Ha trabajo con el muy particular Jarmusch y de nuevo con González Iñárritu. En los últimos años se ha mantenido alejado de las tentaciones de Hollywood, pues su manera de conquistar no es la del común de los mortales. Su manera de conquistar está muy dada por la exploración. Explorar, en ocasiones, pareciera para él mucho más importante que conquistar.

En junio, podremos disfrutar de tres filmes de primera protagonizados por el gran Gael, es decir, por Gael García Bernal, gracias a un especial dedicado a este actor de exploraciones y conquistas que Max nos ha preparado. Estos filmes son El crimen del padre Amaro, Vidas privadas y Diarios de una motocicleta.

Pero hablemos para comenzar de El crimen de padre Amaro

Se trata de un film basado en una novela del portugués Eça de Queirós escrita en 1875, y que mostró una insólita y sobrecogedora vigencia en 2002 y hoy en día también. La iglesia y sus tentáculos de corrupción y muerte. La iglesia como un ente cerrado que hace el mal y calla. El poder de una institución corrupta, que puede ser la iglesia o cualquier otra. La hipocresía del mundo. Amaro, interpretado por Bernal (o Gael, si prefieres), es un joven sacerdote recién ordenado a quien vemos en la superficie pero que poco llegamos a saber de él. De alguna manera, Amaro es un personaje kafkiano: estamos con él, lo seguimos, pero poco sabemos de una parte de su alma, poco de sus intenciones. ¿Qué lo mueve? ¿Qué quiere? ¿De qué es capaz Amaro? Eso no lo tenemos muy en claro. ¿Lo que te rodea te corrompe? ¿Puedes llegar a ser igual a la oscuridad? ¿O el ser humano produce sus propias oscuridades y sólo me mueve dentro de sus egoísmos? Estas y otras preguntan nos deja este magnífico drama de Carlos Carrera. Lo que sí es seguro es que Amaro actúa arropado por la tela gruesa del silencio, del silencio cómplice que oculta todo pecado.

El crimen del padre Amaro se convirtió en unos de los filmes más taquilleros de la historia de México, costó menos de dos millones de dólares y llegó a recaudar un total de 22 en todo el mundo. En su país, fue la ganadora absoluta de los premios Ariel (el galardón cinematográfico más importante de México), y también fue nominada a Mejor película extranjera en el Oscar. Para el gran Gael significó otro paso enorme en su camino de exploración y conquista.

El crimen del padre Amaro, el miércoles 15 de junio. Descubre Max.

Y pronto hablaremos de Vidas privadas y de Diarios de una motocicleta.

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