Ciclo de Wes Anderson, o los inicios brillantes de un director

por max 21. agosto 2011 08:18

 

Wes Anderson es un director brillante, tiene 42 años, y tres de sus filmes más conocidos son The Royal Tenenbaums (2001), The Life Aquatic with Steve Zissou (2004) y The Darjeeling Limited (2007). Sin embargo, su prestigio como autor, como muchacho talentoso, como genio —dijeron algunos—, viene desde 1996, cuando contaba apenas con 27 años. Ese año, el mundo cinematográfico conoció su primer largometraje. Estamos hablando de Ladrón que roba a ladrón (Bottle Rocket) Se trata de una comedia que nos cuenta la vida de dos hermanos interpretados por Owen y Luke Wilson, (uno de ellos recién escapado de un centro siquiátrico), que eligen, a pesar de que no tienen las aptitudes para ello, a pesar de que son profundamente inocentes, la vida criminal. Así, se entrenan en pequeños robos, risibles todos, hasta que llega el momento de dar el gran paso: robar una librería. Un film con narrativa errática, sin una línea argumental férrea (lo que caracterizará el resto de los films de Anderson), pero que irá marcando la relación de los muy particulares hermanos (la disfuncionalidad familiar, otro de los temas futuros del cineasta). No falta, eso sí, un punto de tensión, aportado por la figura de James Caan, un criminal de armas tomar que los meterá en problemas. Y esta será otra de las características de los filmes de Anderson: ese ir y venir entre los géneros, jugando, parodiando. En Ladrón que roba a ladrón lo más llamativo son los personajes (y las actuaciones de los Wilson), los hermanos dañados, rotos. Anderson, sin embargo, no hace burla despiadada de ellos. Su mirada es la de quien intenta comprender sus propias criaturas con la debida compasión. Martin Scorsese (se dice que Anderson es el próximo Scorsese, o el Scorsese del siglo XXI, o algo así) colocó a Ladrón que roba a ladrón en el puesto número 7 de sus 10 películas favoritas de la década de los noventa, y dijo sobre ella: «Amo a los personajes de esta película, son genuinamente inocentes, más que incluso de los que ellos creen». Es interesante señalar, tal como cuenta el crítico Roger Ebert, que Ladrón que roba a ladrón es un film de amigos, de amigos que conversan, de amigos que van y vienen, de amigos como hermanos. Y también de amigos detrás de cámara, porque Ladrón que roba a ladrón es producto de la amistad de Owen Wilson y Wes Anderson. El film está escrito por ambos, y originalmente, es un cortometraje del año 1994 (si usted se la quiere echar de culto, diga «Yo vi Bottle Rocket en 1994»). Con este corto bajo el brazo, Wilson y Anderson se fueron al Sundance Film Festival a buscar financiamiento para hacer el largo, y lo consiguieron de James L. Brooks y de Columbia Pictures. Wilson, cabe decir, no sólo es amigo de Anderson, sino también uno de sus actores y colaboradores fetiches.

Así, llega 1998, y los dos amigos ven realizada en la gran pantalla otra película: Tres es multitud (Rushmore). Wilson esta vez sólo en el guión, Anderson, obviamente, como director. Como ya viene ocurriendo desde hace años en el cine norteamericano o en el cine en todas partes (gracias a los franceses), el director se llevará todos los créditos. Wilson fue y sigue siendo un actor que escribe guiones, nada más. Pero Anderson, Anderson pasó a ser el autor, el geniecillo con un gran futuro. La gente empezó a verlo como un visionario, sus fans lo convirtieron en un fetiche. El joven Wes acababa de entregar otro film independiente lleno de particularidades, de elementos, digamos, ingeniosos.

El film resulta un gran juego de estrategia entre dos hombres aparentemente muy distintos, pero con un par de elementos en común: son sumamente inteligentes (a su manera) y están enamorados de la misma mujer. Acá contamos con las actuaciones de Jason Schwartzmanm como Max Fischer, un joven estudiante dueño de una inteligencia política excepcional, y de Bill Murray, como el magnate Blume, un hombre ya maduro, despiadado y con el mismo tipo de inteligencia de Max Fischer. Ambos, espejos que se encuentran, se disputan el amor de la atractiva profesora Cross (Olivia Williams) en este ya mencionado juego de estrategias, cargado además de un humor muy fino. Ahí tenemos pues un triángulo amoroso poco frecuente (por lo menos en el cine), una solapada disfuncionalidad familiar (de alguna manera Blume y Fischer tienen una tácita relación padre-hijo), el humor inteligente y lleno de referencias, y unos ya determinados gustos técnicos y fotográficos. Tres es multitud es un film sencillo, pero con una estética y con una manera de tratar los temas que hizo y que hace que el film se perciba como algo nuevo, diferente, incluso honesto.

Así, las primeras dos cintas de Anderson tenían aquello que la gente llamaría el toque Wes Anderson. Todo un reto, sin duda, para tan excelente inicio. Con los años, el joven director (ya no tan joven) ha seguido demostrando su talento, su capacidad para imaginar, para darle la vuelta a sus obsesiones, y para el ingenio creativo. Tiene sus admiradores, tiene sus detractores; cuando se resalta de tal manera, eso no se puede evitar.

En agosto, Max te invita a disfrutar de estos dos primeros trabajos de Wes Anderson. Ladrón que roba a ladrón y Tres es multitud, el lunes 22 de agosto. Dos filmes muy particulares de un director con firma propia.

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