La rebelión de los objetos, o mesa de disección con licuadora y neumático

por max 12. diciembre 2011 09:37

 

En 1917, Marcel Duchamp quiso hacer pasar un objeto utilitario como obra de arte. Aquel objeto, un urinario, firmando por R. Mutt, se titulaba La fuente y fue presentado para participar en la primera exhibición de la Sociedad de Artistas Independientes. Había que pagar una suma muy baja para conseguir un lugar en la exhibición, y no había jurado ni curadores para la misma. Pero aquel urinario fue rechazado. Fue rechazado por los artistas más revolucionarios del momento, porque lo consideraron una burla, una afrenta moral. No era arte, este fue el dictamen. ¿Qué había hecho Duchamp para merecer aquello? Pues aparte de retar el ego de los artistas del momento y de colocarse unas cuantas décadas hacia el futuro, Duchamp hizo algo que no se había hecho hasta el momento: convertir un objeto industrial, utilitario, en una cosa. ¿Pero qué es una cosa? Una cosa es algo indeterminado. Es muy común la frase «¿Qué cosa es ésa?», o bien «Pásame aquella cosa». La cosa es lo indeterminado, aquello que todavía no tiene nombre, aquello que todavía no se sabe lo que es. Lo que no tiene nombre, da miedo, y lo que da miedo se rechaza. Duchamp convirtió a un objeto utilitario en una cosa, algo que no tiene nombre ni aparente utilidad. Duchamp hizo del objeto cotidiano una forma de arte y la llamó ready-made. Desde entonces, la vida de los objetos del mundo industrial, del mundo laico, tiene la posibilidad de rebelarse, de dar el salto allí donde esos objetos se convierten en cosas indeterminadas, peligrosas y, al mismo tiempo, hermosas; lo sublime está muy cercano al horror y a la destrucción. Recordemos también que cuando el Conde de Lautréamont, precursor de los conceptos del arte y de la poesía de las vanguardias, habló de la belleza, dijo lo siguiente: «Bello como el encuentro de una máquina de coser con un paraguas sobre una mesa de disección».

Este miércoles 14, los objetos se rebelan, pasan de ser aquello para los que nos sirven, útiles herramientas del día a día, a cosas con vida que se nos vuelven oscuras realidades, oscuros espejos de nosotros mismos.

 

 

Comenzamos con Reflexões de um Liquidificador (2010), comedia brasilera de humor negro dirigida por André Klotzel. Acá, una licuadora gana voz y se convierte en la mejor amiga de una mujer de nombre Elvira. Esta mejor amiga, licuadora mortal, le advierte a Elvira que su mujer tiene una amante. Reflexões de um Liquidificador, una comedia cruel y tan filosa como las hojas del aparato que habla y acusa.

 

 

Y seguimos con Neumático (2010) de Quentin Dupieux: la historia de un neumático, simple y llanamente un neumático que se llama Robert y que de buenas a primeras descubre que tiene poderes paranormales. Con ellos, con los poderes paranormales, Robert comenzará, cual asesino en serie, a matar gente por la inmensidad de una solitaria carretera. Se trata, como se ve, de una de las comedias de horror más originales de los últimos tiempos.

Ya lo sabes, este miércoles 14 de diciembre, llega a Max la Rebelión de los objetos. No te la pierdas.

Reflexões de um Liquidificador, o revoluciones y significados

por max 27. noviembre 2011 09:05

 

 

Una revolución

Una licuadora es un objeto útil de la casa. Existe en cuanto a su utilidad. La licuadora es porque tiene una utilidad que satisface una necesidad, tal como diría Adam Smith. Pero una licuadora también es un objeto cualquiera, uno de esos que están en la casa y en los cuales no piensas. Es decir, tú no estás en la cama y piensas en la licuadora.

 

Cinco Revoluciones

Decía Man Ray: «Un objeto es el resultado de mirar algo que en sí mismo no tiene ninguna cualidad o encanto.» Por supuesto, habla de estética, pero el objeto sigue teniendo, sin embargo, una función utilitaria. Por ejemplo, cuando un taladro se te daña y deja de funcionar para siempre, entonces ya el taladro no es un objeto, sino una cosa. La cosa puede ser también un vacío, algo que no ha sido designado, que es un enigma. Así, la cosa no sólo es algo que no tiene utilidad, sino algo que podría tener otra utilidad por determinarse, una utilidad potencial. La cosa y el objeto tienen niveles de utilidad. Pero un objeto no es sólo por su utilidad: los objetos también son porque significan algo en nosotros. Entre el objeto y la persona no solamente hay percepción y utilidades, sino sentimientos, uniones, afectos. Los objetos son también sujetos de nuestros afectos. En este momento, paradójicamente, el objeto también puede llegar a ser una cosa: su utilidad inicial se ha perdido y comienza a ser algo más enigmático, algo que empieza a perder su nombre y a transformarse en algo distinto dentro de la persona. La cosa es un vacío que necesita una historia para convertirse en un objeto, para volver a ser objeto. Porque los objetos y tú pueden tener historia. Los libros, por lo general, contienen historias. Pero no sólo las de adentro, si no las que uno vive con los libros. Quien ama a un libro no sólo adora la historia que contiene ese libro sino la historia que vivió con ese libro, la circunstancia en que ese libro fue leído. Los objetos y las personas establecen lazos por vía de las historias.

 

Treinta revoluciones

Una licuadora, como un libro, puede tener una historia. Si la hemos llevado de aquí para allá, si nos acompañó a determinados sitios y ahora en nuestro recuerdo esos sitios y esa licuadora conforman una historia, entonces la licuadora es importante y tiene vida, porque está llena de nuestros recuerdos, de nuestras subjetividades. Es como si nos hablara. Los objetos pueden hablarte. Las cosas también. El lenguaje de los objetos quizás sea más claro; el lenguaje de las cosas, más oscuro, quizás incluso pavoroso. 

 

Cien revoluciones

Pero una licuadora, como signo, también trae otros significados: la licuadora es filo, rasgadura, mutilación, dolor, locura. Las aspas de la licuadora engendran terrores ancestrales en nuestra mente. La licuadora es abismo oscuro, locura de los hombres. Una mano en una licuadora, cosa horrífica. Acá, la licuadora, más que un objeto, puede ser una cosa: un enigma abisal por descifrarse, un enigma abisal que dice palabras opacas que intentamos entender.

 

Quinientas revoluciones

Así, un objeto que habla es una cosa que habla. Es enigma. Las cosas le hablaban al hombre antiguo. El mundo era un lugar animado; la luna, el sol, los árboles, las piedras tenían vida, eran seres. El hombre antiguo temía a las palabras de esas cosas, porque aquello que no podemos precisar, definir, encuadrar, se convierte en algo peligroso. Algo que podría quitarnos la vida. Hoy día, una cosa que habla es sinónimo de locura. El loco escucha hablar a las cosas, conversa con ellas, se deja arrastrar por ellas. Un loco que habla con las cosas, es temible. Pero un loco es también una cosa, porque no sabemos precisarlo con exactitud, no sabemos que lleva dentro. Un loco podría matar. El loco y la muerte están estrechamente unidos. 

 

1500 revoluciones

Una historia puede transitar todos los significados de una licuadora. 1) Puede recorrer sus paradigmas domésticos, sus juegos de palabras domésticos. Puede incluir la palabra matrimonio, hogar, alimentación, perseverancia, unión, amor, cocina, sometimiento femenino. 2) Puede también girar en torno a los recuerdos, a las relaciones históricas entre los objetos y las personas. Los objetos como sustentadores de nuestra historia, de nuestra memoria, de lo que somos. 3) Y finalmente, la licuadora puede ser metáfora de la locura y de los peligros de la locura. La licuadora que le habla al loco, y el loco que se deja llevar por esas palabras hacia el daño y la abyección.

 

5000 revoluciones

Reflexões de um Liquidificador (2010), comedia de humor negro dirigida por André Klotzel resulta un altamente creativo experimento en torno a los distintos significados que he señalado sobre la licuadora. Allí, en cada detalle de la vida de Elvira se presenta la imagen del objeto licuadora, de la cosa licuadora, para ir constituyendo en sus distintas etapas, en sus distintas significaciones, una historia estructurada bajo la mirada del humor negro para entregarnos los detalles de un drama que conoce las alturas de la gloria y los abismos del dolor, todo allí mezclado, en la licuadora del amor. Porque al amor, al fin y al cabo, es una licuadora.


5001 revoluciones y mucha sangre

Reflexões de um Liquidificador, el martes 29 noviembre, por Max.

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