Mini ciclo de horror asiático en Max

por max 14. junio 2012 13:45

 

El cine de terror asiático es hermoso… ¿Extraña aseveración? No sé. Podemos decir que el cine de terror asiático es duro, muy duro, y que, definitivamente, no se deja llevar por los facilismos del género, sobre todo por los de la escuela norteamericana, tan llena de seres horrendos, deformes, sobrenaturales y sanguinarios. El cine de terror norteamericano está hecho de clichés, de fáciles conceptos del mal y de lo horroroso. En cambio, en Asia la tradición es otra. Recuerdo, por ejemplo, un cuento de la cultura popular japonesa, donde el terror lo representan unos seres sin rostros. Porque es así, el terror también puede estar desprovisto de rostro, poseer la extraña belleza del vacío. Es allí, partiendo de esa herencia ancestral, donde el cine de terror asiático ha sabido moverse. Para el cineasta de aquellos lados, el cine de terror es otro medio de expresión, es también arte, no una herramienta de entretenimiento simple. Kubrick, en occidente, quizás fue uno de los pocos que lo entendió. En Asia, sin embargo, la compresión estética y humana del terror tiene arraigo. Volvamos a Japón y hablemos de Kwaidan, originalmente un libro de cuentos populares de terror japoneses recopilados por uno de los grandes divulgadores de la cultura japonesa, Lafcadio Hearn. Kwaidan fue llevado al cine en 1964 por el director Masaki Kobayashi. El film obtuvo mención especial en Cannes y nominación al Oscar a Mejor Película extranjera. ¿Y de qué estamos hablando? Pues de terror, de cine de terror. Pero ya se dijo, para los asiáticos, el género es visto de otra manera, y allí ponen sus preocupaciones estéticas y humanas. El terror les sirve, muy especialmente, para el drama, para presentar situaciones humanas límite, que han causado traumas en las personas. Debajo del terror del cine asiático, subyace un drama oculto, una segunda historia cargada de dolor, infidelidad, violencia familiar, suicidio, incluso reflexión metafísica. En raras ocasiones, el terror asiático es netamente terror. Sus películas se mueven en una línea fronteriza interesante, que le permite a los cineastas hacer incluso propuestas estéticas cargadas de imágenes interesantes, delicadas, hasta me atrevería decir hermosas. El cine de terror asiático no se siente menos ni se deja ser menos. Hasta el mismo Akira Kurosawa exploró las posibilidades de la estética y el terror en filmes como Dreams (1990) o hasta en la misma Rashomon (1990). Así, el buen cine de terror oriental nos deja esa sensación: la de que el mundo es un lugar hermoso y terrible al mismo tiempo, que la belleza es triste, y que lo sublime aterra. Ya lo dijo Freud: lo sublime es el cambio de rostro de aquello que nos es familiar en algo profundamente inquietante. En el cine de terror asiático, el mundo, nuestro mundo, se trastoca a través de la belleza y el drama para dar paso a lo sobrenatural. La belleza, podríamos decir entonces, también es capaz de generar miedo. El drama, la tristeza nos llevan a la melancolía: y en el fondo de la melancolía subyace la locura, su miedo, el miedo.

Este sábado 16 de junio, Max nos regala un pequeño maratón de cine de horror asiático con tres filmes de primera: The Shock Labyrinth, J-Horror 6 y The Child's Eyes.

 

 

Shock Labyrinth (2009) del gran Takashi Shimizu, creador de la serie Ju-on, también conocida como The Grudge en los predios norteamericanos. Shimizu nos entrega un film con una dinámica un poco más cercana al cine norteamericano, incluso podríamos decir que juvenil, pero sin abandonar nunca la estética, el trabajo de las imágenes y de los símbolos. Acá tenemos como centro de los acontecimientos horríficos un hospital, que es a su vez un laberinto, que también es una casa de terror de parque de atracciones. El viaje en el tiempo, la memoria perdida, el regreso del infierno, todo está allí, latente en las oscuras esquinas de los pasillos de este meandro del terror.

Haz clic acá para retransmisiones.


 

 

J-Horror 6 (Kyôfu, 2010) de Hiroshi Takahashi, mejor conocido por ser el guionista de los ya también clásicos filmes de la serie Ringu. Se trata esta vez del film número 6 de serie J-Horror Theater producida por Takashige Ichise. Estos son: Infection (2004) de Masayuki Ochiai, Premonition (2004) de Tsuruta Norio, Reincarnation (2006) de Takashi Shimizu, Retribution (2007) de Kiyoshi Kurosawa, Kaidan (2007) de Hideo Nakata, y finalmente Kyôfu de Hiroshi Takahashi. En este caso, volvemos a las profundidades de un hospital, donde un doctor y una doctora experimentan con un grupo de jóvenes a los que les implementan unos dispositivos que le hacen tener experiencias de vida después de la muerte. Grabados, torturados, enloquecidos por las visiones, este film es un viaje de imágenes alucinadas y de terrores metafísicos.

Haz clic acá para retransmisiones.


 

 

El ojo del miedo (The Child's Eyes, 2010), dirigida y escrita por los Oxide y Danny Pang, mejor conocidos como los hermanos Pang, directores de la muy exitosa serie de filmes conocidos como The Eye, vuelven sobre el tema de la mirada como generadora de recuerdos e imágenes sobrenaturales y atormentantes, pero esta vez la acción tiene lugar en un viejo hotel adonde van a parar un grupo de jóvenes que no pueden salir de Bangkok por culpa de una huelga aeroportuaria. Así, trasladados a este viejo hotel, ellos comenzarán a vivir una serie de extrañas y luego aterradoras experiencias. Algunos de ellos desaparecerán, y en un perro será en quien recaiga la visión del mundo sobrenatural.

Haz clic acá para retransmisiones.

 

Recuerda, este sábado 16 de junio, mini ciclo de horror asiático en Max. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Los sueños de Akira Kurosawa, o el hombre contra la naturaleza

por max 15. marzo 2012 04:00

 

Este mes, Max presenta, lleno de todo el orgullo que esto conlleva, Los sueños de Akira Kurosawa (1990), uno de los últimos largometrajes de uno de los grandes maestros del cine japonés, quizás el más internacional de todos.

Contaba Kurosawa ya con 80 años (moriría en 1998, a los 88) cuando nos regaló esta obra maestra constituida por ocho cortometrajes inspirados en sueños que tuvo el a lo largo de los años. Estas ocho piezas reflejan una preocupación muy propia de la sensibilidad artística japonesa. Si nos remitimos, por ejemplo, a Hayao Miyasaki, uno de los directores contemporáneos más importantes de Japón, encontramos en él temáticas similares: la tecnología, el abuso de la energía y la guerra en contraposición a las fuerzas de la naturaleza y, en el caso de Kurosawa, también encontraremos la fuerza del arte en unión con el mundo.

En estos cortometrajes hay progresión argumental que va desde la captación del mundo a través del pensamiento mágico propio del mundo sagrado hasta la captación del espacio y el tiempo profanos, donde el miedo y el respeto por los misterios ha sido substituido por la locura racional del hombre, que no lleva más que a la destrucción de la naturaleza, y la del hombre mismo. La visión inicial del tiempo sagrado se hace a través de los ojos de los niños en los cortos «La luz del sol a través de la lluvia» y «El Huerto de durazno y la fiesta de la muñeca». Allí, la naturaleza se percibe como un lugar fascinante, muy cercano a los dioses y a su acontecer extraño, terrible y al mismo tiempo hermoso. La naturaleza y el tiempo interior de la naturaleza pertenecen al miedo primitivo, pero también a la convivencia, al respeto, a la reverencia, al ritual que acerca, por instante, a los dioses ya perdidos. Así, de la visión infantil, Kurosawa da un salto al mundo adulto, pero también a una manera de relacionarse con la naturaleza que todavía no es totalmente profana, que sigue teniendo algo de religiosidad. Se trata del corto «La tormenta de nieve». Ante el reto de la montaña, el hombre percibe lo natural de manera doble: es un deportista, un vencedor, un retador de aquello que ha temido durante tantos siglos. Pero, a pesar de su ego, no se convierte aún en un destructor. Hay algo místico y religioso en el montañismo, un cara a cara aún lleno de amor. Tanto así que la muerte, en esta contienda de altura, acecha más al hombre que a la naturaleza.

La muerte también está en la guerra, en la soledad del soldado en «El túnel». Acá la guerra (ausente pero con una presencia innegable) se muestra como la más clara imagen del ansia del hombre por controlar y ser el máximo señor del mundo. La guerra, paradójicamente, es la máxima expresión de la razón que sólo en la razón se recrea. La razón que se libra de todo pensamiento mágico, sagrado, que se libra del miedo y hasta del respeto de la naturaleza. Pero la guerra, el pensamiento de la guerra, la posibilidad de la guerra, mata al hombre mucho antes de que esté muerto de verdad. Entre la muerte, la vida y la guerra no parece haber diferencia. En este punto, Kurosawa parte una lanza por el arte, y en la mitad del largometraje ubica «Cuervos», donde Van Gogh (interpretado por Martin Scorsese), tiene una significación fundamental. El arte en fusión con la naturaleza. Van Gogh se pegó un tiro, sí, es cierto; su contacto con el arte y los campos no fue suficiente para evitar la muerte. Pero también es verdad que sólo en esa relación arte-naturaleza encontraba él su refugio, el poco que podía tener. Luego, Kurosawa también nos entrega algo más: aunque el final de Van Gogh fue trágico, su obra, basada en su visión de los campos, las plantas, los cielos y los sembradíos, inspira a muchos otros; les da paz y belleza. Allí, en esa visión, pareciera haber un punto de equilibrio entre el hombre y la naturaleza. El arte como una forma de religión conciliadora.

En los dos cortometrajes siguientes: «El monte Fuji Rojo» y «El demonio lastimero», Kurosawa nos muestra las consecuencias de la soberbia de la razón: destrucción de la naturaleza, muerte del hombre, caos. La razón como máxima destructora, la razón como locura. Y finalmente, el último cortometraje, «El pueblo de los molinos de agua», nos presenta una imagen poética de esta relación del hombre y la naturaleza, un estado ideal, un equilibrio, una utopía ecologista, una ecología donde la salud espiritual es la consigna. No es fácil, hablar de estas ideas y no ser en extremo propagandístico. Kurosawa, todo un maestro, logra sin embargo tratar estas complejas relaciones y hacer arte. Uno de sus últimos legados, es un llamado a la humanidad, a su desesperación por el poder, es un mensaje de sabiduría, y al mismo tiempo una expresión de arte magnífica. Del temor del tiempo primitivo, pasando por el reto espiritual y los bautismos del arte, la sinrazón de la guerra y la contaminación de los tiempos profanos, y de allí a la sabiduría ecológica final, Los sueños de Akira Kurosawa es un paseo por la mente del hombre y su relación con su lugar de residencia, con este mundo donde sueña, pero también, donde forja pesadillas.

Los sueños de Akira Kurosawa, este viernes 16 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

archivos
 

etiquetas
 

más comentados