Breve diccionario caprichoso de Marlon Brando

por max 7. noviembre 2011 15:24

 

Actors Studio: Marlon Brando es el orgullo más grande de Actors Studio. Él llevó el método a las tablas, a Hollywood, él fue para el Actors Studio algo así como un aviso publicitario rodante. «Miren lo que se puede hacer con el método de actuación del Actors Studio. ¡Llame ya!» Fundado en 1947 por Elia Kazan, Cheryl Crawford y Robert Lewis, el Actors Studio ha trabajado, desarrollado y hasta podríamos decir que perfeccionado la técnica original del Group Theatre que en los años 30 comenzaron a trabajar con las innovaciones de Stanislavski. Lo que propone Actors Studio es una nueva dimensión del actor. Recuerdos como herramientas de abordaje al personaje, identificación profunda con el mismo, emociones a flor de piel, improvisación. Cuando, en 1947, Brando se convirtió en la nueva sensación en Broadway con su electrizante interpretación de Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo de Tenesse Williams, el nombre de la academia alzó vuelo. Brando y Elia Kazan fueron su punta de lanza. Luego, en 1951, Hollywood lleva la exitosa obra al cine, y para ello acudieron a la fórmula del éxito: Kazan y Brando. Por supuesto, el nombre del Actors Studio terminó de realzarse. Con respecto a Brando, podemos decir que con él nacía un nuevo tipo de actor; el actor comprometido profundamente con su papel, lleno de emociones, fuerte y al mismo tiempo frágil, movido por un fascinante mundo interior. Fuerza y sufrimiento, sensualidad y arte. Con el Actors Studio, el actor era más que nunca, un artista, un artista de sus palabras y de sus silencios.

 

Carácter: Marlon Brando no era un tipo fácil. Desde joven había sido un muchacho rebelde. Su padre era un hombre estricto y bebedor, su madre sensible y también bebedora. Desde muy joven, Marlon se rebeló contra ellos (es especial contra su padre) y contra su propia belleza física. Tenía aquel mismo problema que tuvo James Dean: no quería ser valorado por su cara y cuerpo, sino por su talento. Si antes de la fama fue problemático. Ni decir cuando ya lo era.

 

El padrino: La filmación de The Godfather, como la mayoría de las primeras filmaciones de Coppola, fueron un gran problema. Era la lucha entre el viejo Hollywood y el nuevo, al que Coppola pertenecía, junto con Lucas, Scorsese, Spielberg y otros. Robert Evans, legendario productor de Hollywood, maníaco del control y drogadicto perdido, fue el productor del film. En el libro y el documental The Kid Stay in the Picture, Evans afirma categóricamente que The Godfather es obra suya. Se sabe que no es totalmente cierto, y que logros fundamentales del film le pertenecen a Coppola. La inclusión de Brando como Vito Corleone se debe al empeño del aquel entonces joven director, quien insistió hasta el final en contratarlo, a pesar de que los estudios temían cualquier trastada, cualquier locura del temido actor. Cuenta Biskind en su libro Moteros tranquilos, toros salvajes que Brando había caído en desgracia con los estudios, y que «sus travesuras en Rebelión a bordo eran legendarias: se decía que había transmitido la gonorrea a la mitad de las mujeres de Tahití, donde rodó la película. Estaba obeso y, lo que es peor, su películas más reciente Queimada, de Gillo Pontecorvo, había sido un estrepitoso fracaso.» Se sabe que Stanley Jaffe, jefe de Paramount Pictures, al oír el nombre de Brando, pegó un golpe a la mesa y gritó que aquel actor nunca interpretaría el Don mientras él estuviera de jefe. Coppola tuvo un ataque de epilepsia en plena reunión, y Jaffe, atemorizado, aceptó la propuesta. Luego, Coppola grabó a Brando poniéndose betún y en el pelo y Kleenex en los carrillos. El cambio del actor ante la cámara fue tan impresionante, que el resto de los productores antagónicos terminaron por ceder.

 

Filmación de Apolypse Now: La interpretación de Marlon Brando como Kurtz en el film de Coppola, estuvo llena de dificultades. En un principio Brando se negaba a ir Filipinas, a pesar incluso de que ya había cobrado un adelanto. En septiembre de 1976, se aparece finalmente en el set de filmación, con cuatro meses de retraso, según nos cuenta Peter Biskind en su célebre libro sobre los nuevos directores de Hollywood y sus amigos actores. Se había rapado y estaba muy gordo, y no se había leído El corazón de las tinieblas de Conrad, ni tampoco el guión. En general, no había preparado el papel de Kurtz. Dennis Hopper contó que Coppola pasó días enteros leyéndole a Brando la novela, y dice Biskind que «cuando llegó el momento de filmar la última toma del último día de todas las escenas Brando, Coppola dejó la dirección en manos del ayudante y se marchó en su helicóptero. Fue su manera de decirle a Brando que se fuera a la mierda.»

 

Legado: Marlon Brando era (y es) él y sólo él. El epítome de Actors Studio, el duro-rebelde-sensible, el hombre de las respiraciones, de los silencios, del estallido. Él impuso un estilo de actuar en Hollywood, pero también un estilo de vivir en Hollywood. De enfrentar, de comportarse frente a los grandes estudios. Actores como Sean Penn, James Dean, Mickey Rourke, Christopher Lambert, incluso Johnny Depp, y muchos otros, han seguido por el camino que él trazó. No resulta raro ver que de vez en cuando salga algún crítico excitado a decir que ha nacido un nuevo Brando. Brando, no nos cabe duda, siempre será la referencia. Como Brando, no hay dos.

 

Poema: Charles Bukowski, a quien me atrevo a llamar acá el Marlon Brando de la literatura norteamericana (no por lo hermoso, sino por lo problemático), escribió un poema sobre Brando. Ambos eran unos rebeldes, ambos mandaron al estatus a limpiarse con el papel higiénico que más le gustara. Aquí, el poema de Bukowski en su idioma original. Se titula «the greatest actor of our time»:

 

he's getting fatter and fatter,

almost bald

he has a wisp of hair

in the back

which he twists

and holds

with a rubber band.

 

he's got a place in the hills

and he's got a place in the

islands

and few people ever see

him.

some consider him the greatest

actor of our

day.

 

he has few friends, a

very few.

with them, his favorite

pastime is

eating.

 

at rare times he is reached

by telephone

usually

with an offer to act

an exceptional (he's

told)

motion picture.

 

he answers in a very soft

voice:

 

"oh, no, I don't want to

make any more movies ..."

 

"can we send you the

screenplay?"

 

"all right ..."

 

then

he's not heard from

again.

 

usually

what he and his few friends

do

after eating

(if the night is cold)

is to have a few drinks

and watch the screenplays

burn

in the fireplace.

 

or

after eating (on

warm evenings)

after a few

drinks

the screenplays

are taken

frozen

out of cold

storage.

he hands some

to his friends

keeps some

then

together

from the veranda

they toss them

like flying saucers

far out

into the spacious

canyon

below.

 

then

they all go

back in

knowing

instinctively

that the screenplays

were

bad. (at least,

he senses it and

they

accept

that.)

 

it's a real good

world

up there:

well-earned, self-

sufficient

and

hardly

dependent

upon the

variables.

 

there's

all that time

to eat

drink

and

wait on death

like

everybody

else.

 

Transmisión: Este miércoles 9 de noviembre, dentro del ciclo Sujetos de culto, tendremos a Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo, la obra que lo terminó de lanzar a la fama cinematográfica. Descubre a tus sujetos de culto, descubre Max.

Esplendor en la hierba, o las tensiones sexuales de Natalie Wood

por max 6. noviembre 2011 06:23

 

Faltaban todavía unos años para el mayo del 68, el famoso Código Hays seguía en pie, y Natalie era una muchacha linda y agradable, que alguna vez fue una niña estrella, y que como niña estrella era genial. Orson Welles llegó a decir con respecto a la niña actriz: «Ella es tan buena que me asusta.» No se esperaba mucho más de ella, eso sí. Las niñas actrices pocas veces continúan su carrera de adultas. No obstante, en 1955, a los 17 años, Natalie Wood pasó a hacer su primera película adulta junto con James Dean en Rebel Without a Cause.

No fue fácil convencer a los estudios. A Hollywood le gusta encasillar a sus actores, encasillarlos es una manera de controlarlos. Pero Dean había trabajado con ella en televisión y le había gustado. Así que la propuso para la película. Los ejecutivos se negaron, pero al final la chica obtuvo el papel gracias al apoyo del astro más sensual del momento y a la insistencia de la madre de Natalie, mujer terca y obsesiva, empeñada siempre en llevar a su hija a la cima de la fama. Sin duda, tuvo ante ella un gran reto. Debía demostrar que su carrera no terminaba en su infancia, ni en la televisión, donde había estado trabajando en los últimos años. Debía sí, ponerse a la altura de su coprotagonista, mostrar madurez y todo su talento. El resultado no se hizo esperar: la química fue maravillosa. Incluso corrieron rumores de un romance fuera de cámaras. Pronto Natalie pasó a ser la viva representación de la chica bonita y decente, que empieza a sentir lo que es el amor y los calores del cuerpo. Es decir, una niña linda con grandes pasiones apresadas. Era perfecta para los tiempos de aquel Código Hays que controlaba con severidad las salas de cine. El Código contemplaba cosas tales como que ningún film podía rebajar el nivel moral de los espectadores, ni conducir a nadie a tomar partido por el crimen, el mal, o el pecado. El carácter sagrado del matrimonio y del hogar debía ser reflejado, no podían representarse formas groseras de relación sexual, cero adulterios y nada de comportamiento sexual ilícito. Las escenas de pasión debían ser usadas sólo cuando fuera necesario (¿?) y no podían haber besos ni abrazos donde se notara un deseo excesivo. Esto, debo decir, es apenas una muestra de aquella tontería represiva nacida en 1934 bajo la égida del senador William H. Hays. Pero los tiempos comenzaban a cambiar, la juventud tomaba roles protagónicos, su voz se hacía escuchar; se hablaba de paz y amor y sexo. La libertad creativa en las artes tomaba mayores fuerzas. Y en Hollywood se dieron cuenta de que la tendencia a violar las reglas del Código Hays ayudaba a aumentar la taquilla de sus filmes. En consecuencia, el erotismo se fue volviendo más permeable. En 1960, Hitchock mostraba a Janet Leigh dándose un bañito —totalmente desnuda— en Pyscho, y un film de Roger Vadim protagonizado por Brigitte Bardot causaba sensación. Se trataba de Et Dieu... créa la femme (Y Dios creó a la mujer), una historia con un fuerte contenido sexual, totalmente contrario a los principios del Código Hays. Ya para cuando Elia Kazan dirige Splendor in the grass (Esplendor en la hierba, 1961), Hollywood andaba dándole vueltas a esos atrevimientos que generaban taquillas. El juego de las tensiones sexuales estaba allí, a flor de piel. La sociedad y el mundo pedían otras cosas. Si vamos a la historia del film, aquel amor imposible entre Natalie Wood y Warren Beatty es una clara metáfora de eso que bullía. Aquellos jóvenes, consumidos por la desesperación y la tensión sexual, no pueden amarse por causa de la hipocresía, el puritanismo y los prejuicios. No obstante, la pareja lucha, se esfuerza por sostener su amor de alguna manera; se rebela, digamos, en la medida de las posibilidades. Del mismo modo, Hollywood se rebelaba con escamoteos contra lo que representaba el Código Hays. Natalie Wood, una chica menuda y preciosa, fue una de las armas secretas de la industria. Era perfecta, ya lo dijimos: una carita linda que a su vez era una excelente actriz. No había salido del Actors Studio, del que Elia Kazan era un miembro fundador, pero bajo su dirección ella podía explotar esa fragilidad unida a la tensión silenciosa pero evidente que tanto caracterizó a los actores de aquella escuela. Dean era un ejemplo, y allí estuvo ella a su lado. Y por supuesto, tenemos a Brando, el hijo más grande de Actors Studio. ¿Pero por qué nombro a Brando? Porque Warren Beatty, el coprotagonista de Natalie, se consideraba un heredero de Brando. Y aunque Beatty no había salido del Actors Studio, sí había estudiado, como Brando, con Stella Adler, seguidora de las ideas actorales de Stanislavski (ideas que también tomaría el Actors Studio pero que luego evolucionarían hacia el método Strasberg). Kazan, cabe decir, fue el propulsor de uno de los mayores cambios en el estilo de actuación en los Estados Unidos, y Natalie Wood estuvo allí llevada de la mano por él, en las primeras filas, para hacer historia, para alzarse en el imaginario de la cultura como la niña correcta cargada de penas y pasiones que sólo un gran actor puede albergar, dosificar y convertir en una actuación magistral.

Este martes 8 de noviembre, continúa disfrutando del ciclo Sujetos de culto, dedicado en esta ocasión a Natalie Wood y su film Esplendor sobre la hierba. En noviembre, descubre a tus sujetos de culto, descubre Max.

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