Lebanon, o la guerra desde el interior de un tanque

por max 31. mayo 2012 10:59

 

La experiencia del cine siempre ha sido virtual. Desde aquella proyección en el salón Indien del Gran Café en París, en que los hermanos Lumière mostraron un tren llegando a la estación, y el público se asustó y se paró de las sillas, creyendo que el tren se les venía encima; desde ese entonces, el cine nos envuelve con su sensación de realidad.

El cine de guerra, por ejemplo, desde sus inicios, ha estado interesado en recrear la experiencia de lo que se vive en un campo de batalla. Dicha experiencia siempre funcionó hacia afuera, hacia los grandes espacios. La guerra es de muchos y se da en grandes espacios, y por ahí se han ido la mayoría de las películas. Sin embargo, lo que hace el director Samuel Maoz con Lebanon (2009), su segundo film, es todo lo contrario, y no por ello, deja de mostrar lo terrible que puede ser una guerra.

En el film se recrea el inicio de la primera guerra del Líbano, cuando Israel invadió el país en 1982 bajo la excusa de erradicar la presencia de terroristas de la OLP, pero Maoz lo hace desde una perspectiva totalmente distinta a la tradicional. El director se va al espacio mínimo, al encierro, a la claustrofobia casi, pues nos cuenta la historia desde la mirada de cuatro soldados israelitas que van en misión a una ciudad del Líbano. Cámara en mano y en un espacio reducido, Maoz no enfrenta a la experiencia terrible de la guerra desde una perspectiva, literalmente, interior. Pues no sólo nos encontramos dentro del tanque, viviendo una experiencia de la guerra totalmente inédita, sino que también entramos en el espíritu de los soldados y experimentamos sus profundos conflictos.

Disparar y, sobre todo, matar no es cualquier cosa, y eso lo entendemos cuando el director se centra en los personajes y desde esa mirada retrata la cruda realidad más allá de una simple escena de acción. En muchas películas, disparar es fácil, pero para estos soldados el asunto es distinto. Ellos no son maleantes, ni héroes de mentira o simples caracteres planos. Ellos son seres humanos cuyos desafortunados destinos los han llevado a involucrarse en una guerra. Son personas que nunca, jamás, pensaron que matar sería una cuestión divertida o de honor. La guerra, que todo lo transmuta, hará entender a estos soldados que en casos como ésos las fronteras entre lo correcto y el mal son tan endebles como las fronteras entre la sobrevivencia y la muerte.

Es inevitable recordar otro filme, también de Israel, que supo tomar también con maestría estos complicados caminos de una guerra sin héroes, de una guerra de miedos justificados y de actos sin estridencias heroícas: hablo de Waltz with Bashir, de 2008, magnífica cinta Ari Folman que preside por un año este otra joya de su coterráneo Samuel Maoz. De hecho, hay punto de contacto: la guerra del Líbano es el contexto de ambos filmes, pero también el inicio y el final de la cinta de Maoz nos lleva, nos une con Waltz with Bashir, en esa imagen de la naturaleza, de los campos vírgenes y ajenos al terror de la guerra, a ese terror tan real, tan de tren que se nos viene encima, como en aquel lejano 28 de diciembre de 1895 en que la gente pensó que el tren se les venía encima. La guerra se nos viene encima, la guerra es real y se siente muy de cerca en cintas como ésta, excelente trabajo de Samuel Maoz.

Lebanon, este domingo 3 de junio. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Ciclo de películas ganadoras en Cannes: Octubre

por max 25. mayo 2012 08:43

 

Octubre (2010), film peruano y ópera prima de Daniel y Diego Vega Vidal, obtuvo el Premio del Jurado Un certain regard en el festival de Cannes. Este film silencioso y minimalista nos sitúa en Lima, durante el mes de octubre, que es justamente el mes dedicado al tradicional Señor de los Milagros. La trama trabaja toda una alegoría de la transformación de un hombre, de un prestamista que al inicio parece estar totalmente muerto por dentro. Clemente, interpretado por Bruno Odar, comenzará a vivir su odisea de vuelta a la vida a partir de la aparición de una recién nacida, pues de la noche a la mañana, se encuentra con que es el padre de una niña producto de sus relaciones con una prostituta, La Cajamarquina, como le dicen. Pero la Cajamarquina ha desaparecido, y le ha dejado a la niña. Huraño, solitario, Clemente no sabe muy bien qué hacer. Es en ese camino de la incertidumbre, de lo nuevo, donde los hermanos Vega Vidal se meten, y lo hacen con gracia, silencios y cámaras sobrias. Realista y con retazos de costumbrismo, el film también está cargado de un fino y conmovedor humor que logra que nuestro personaje, al principio detestable, se nos vuelva empático y agradable en sus infortunios, antipatías y terquedades. Para ayudarlo a volver al mundo están Sofía, una soltera devota al Señor de los Milagros, interpretada por Gabriela Velázquez, y el anciano Don Fico, interpretado por Carlos Gasols. Ellos acompañarán a Clemente en su renacimiento y también mostrarán sus penas y sus pequeñas alegrías en esa odisea mínima que será el despertar de Clemente.

Octubre, dentro del ciclo de películas ganadoras en Cannes, este lunes 28 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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La cueva de los sueños olvidados, o las visiones de Herzog

por max 25. mayo 2012 08:31

 

Werner Herzog siempre me ha parecido un visionario, un loco peligroso, un poeta, un místico. La primera vez que lo vi fue en una entrevista que le hicieran en un festival de cine de Cartagena. Ahí estaba, con una guayabera de colores estampada de alegres palmeras. Tenía un trago en la mano y hablaba alegremente. La cámara había pasado por allí y lo había pillado. Herzog y otro amigo de él, quizás también alemán, habían reaccionado de la mejor manera. Estaban felices. Parecían dos bárbaros de otra época, un par de caballeros medievales disfrutando de un rato de solaz en su castillo antes de partir a la siguiente batalla, a la siguiente extracción de sesos, dientes y tripas.

Sí, Herzog es como un guerrero de otros tiempos. Pero un guerrero monje, porque en él está muy estrechamente arraigada la mirada poética, religiosa o metafísica del mundo. Es un buscador, alguien que siempre tendrá preguntas y que no parará de buscarlas por todo el mundo. En ese sentido, Werner Herzog es un peregrino grandulón, lleno de fuerza, que prefiere tomar siempre los caminos más difíciles, porque por esos caminos es donde realmente se aprende de la vida y del alma.

Cuando hizo Fitzcarraldo (1982) se metió en la selva amazónica, y allí, hizo pasar un enorme barco por encima de una colina. Es decir, lo que hacía su personaje, interpretado por Klaus Kinski (con quien el director tuvo una muy dura relación de amistad-odio), también lo hacía Herzog durante la misma filmación. Brian Sweeney Fitzgerald pensó en traspasar el obstáculo de una colina para cumplir su sueño de edificar un teatro de ópera en el medio de la selva, y para ello, transportó su barco sobre una colina. Herzog hizo lo mismo: pasó el barco por encima de la colina, para también cumplir su meta, su sueño: hacer una película magnífica, una obra maestra. Así es Herzog, un héroe de lo imposible. Iguales son sus personajes: seres que luchan contra todos y contra todo, seres que se rebelan contra el mundo, que ponen el alto sus ideas sobre la existencia y que, por lo general, son aplastados hacia el fin de sus guerras. Esos perdedores son hermosos buscadores de la verdad, espejos del alma del particular cineasta, rasgador de los grandes enigmas. Herzog se acerca a ellos, los sospecha, los intuye, y abre una fisura por donde se asoma y algo otea. Algo saca y algo queda en su alma y en la nuestra. Algo que nos hace más humanos, un poco más inseguros de nuestro lugar y nuestro papel en el mundo, de ese mundo que nos cuentan y nos quieren imponer. Herzog, como todo buscador, como visionario, quiere mirar, porque en la mirada está la fuente de su mística. Esa mirada que va y hurga en los lugares donde pocos han estado, lugares de vida y de muerte, de chispazos de alguna verdad olvidada. De allí quizás que su interés en los últimos años haya girado hacia el documental.

Uno de sus trabajos recientes más impresionantes es Encounters at the End of the World (2007), donde nos muestra fascinantes, nunca vistos paisajes de la Antártida, o Grizzly Man (2005), donde el mismo Herzog pareciera envidarle las imágenes y las delirantes ideas al fallecido Timothy Treadwell, aquel hombre que se creyó la Diane Fossey de los osos. Treadwell grabó durante años sus incursiones a los bosques profundos, allí donde estuvo muchas veces absolutamente solo y hablándole a una cámara sobre su contacto con los osos y sobre sus ideas de lo que es la existencia, hasta que un día, los osos se lo comieron.

En 2011, Herzog se internó en las profundidades del alma de los hombres, allí donde los sueños de un pasado remoto, como dice el mismo Herzog, han sido congelados. Estamos hablando de La cueva de los sueños olvidados (The Cave Of Forgotten Dreams), documental que le permitió al director explorar y capturar el interior de las cuevas de Chauvet al sur de Francia.

Descubiertas apenas en 1994, la cuevas de Chauvet guardan un registro de más de 400 pinturas rupestres de hace 32.000 años, las más antiguas descubiertas hasta el momento. El visionario Herzog pasea a través de sus galerías, que son ya de por sí muestras del arte de la naturaleza, e indaga, con una cámara 3D, en el enigma de lo que ve.

Tal como ha dicho el mismo cineasta, al ver aquello, al contemplarlo, algo nos maravilla y algo nos hace buscar no sabemos qué respuestas ni qué interpretaciones. Sea la sea a la conclusión que lleguemos, acota él mismo, estaremos equivocados, pero sin duda, siempre entenderemos que allí hay algo que se relaciona, a un nivel muy profundo, con nosotros mismos.

Herzog, protagonizando su propio trabajo, explora este mundo antiquísimo y va haciéndose preguntas y maravillándose con las pinturas rupestres. Rasgando siempre, rasgando y mostrándonos aquel lugar ancestral que muy pocos han visto, y que en su silencio, nos habla de nuestra alma.

La cueva de los seños olvidados, de Werner Herzog, este domingo 27 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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La Nostra Vita, o tan real como la realidad de Roma

por max 24. mayo 2012 12:30

 

Disculpen el galimatías: pero esta es una película tan real como la realidad. Una película humana que transita en tiempos resquebrajados y llenos de contrastes, donde los seres humanos van por la vida buscando asirse de algo para salir a flote. Y a veces, sólo falta una perdida, sólo falta la muerte del amor para caer en la desesperación y en el vórtice de lo corrupto. En un mundo en el que se ha perdido lo más preciado, en un mundo donde lo hijos quedan a la espera de la salvación, Claudio (Elio Germano), un simple trabajador de la construcción, tomará el camino de las oscuras negociaciones, de los silencios y la conciliábulos a la búsqueda de superar esa realidad tan real que lo aplasta, que lo ha golpeado con la muerte, que lo ha sumido en el desespero de la clase media de los suburbios de Roma. Con cámara en mano, echando mano de esas contradicciones del alma, casi en un arranque de cine documental el director Daniele Luchetti (Il portaborse, My Brother Is an Only Child, It's Happening Tomorrow) nos trae La Nostra Vita, un drama poderoso sobre el amor, la paternidad y la corrupción humana abanderado por Elio Germano, quien, si acaso no lo recuerdan, compartió el premio a Mejor Actor con Javier Bardem en 2010 (sí, el mismo año que Bardem ganó por Biutiful). Roma ya no es lo que fue, pero la vida, siempre seguirá siendo la misma.

La Nostra Vita, ese sábado 26 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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A Special Day, un documental directo de Cannes a Max

por max 18. mayo 2012 04:42

 

Gilles Jacob es hoy día el Presidente del festival de Cannes. Lo es a partir del 2001. Pero de 1978 a esa fecha, fue el director del festival; es decir, el que trabaja duro, duro de verdad. Hoy día no lo hace menos, pero claro, ya es una leyenda, y ya merece un poco de descanso (no mucho, pero un poquito). ¿Cómo llegó Gilles Jacob, un crítico de cine, a ser el director de uno de los festivales cinematográficos más importantes del mundo? Pues él mismo lo cuenta. Dice que lo habían despedido de L'Express' por un desacuerdo, y que, durante un torneo de tennis, el cineasta Claude Lelouch le presentó el alcalde de Deauville, Jean-Philippe Lecat, quien luego fue también ministro de Cultura. Un día, luego de una partida de tenis, se encontraban Jacob y Lecat desnudos bajo las duchas de los baños del club de tenis (cada uno en su ducha, juntos pero no revueltos), y el ministro le preguntó de golpe si estaba listo. ¿Listo para qué, señor ministro?, dijo Jacob. Para asumir sus funciones, respondió el desnudo ministro. A partir de entonces, Jacob empezó a dirigir el festival. Su participación, durante 34 años en el festival ha sido fundamental. Jacob, podemos decir, le dio el brillo que tiene hoy día. Introdujo sesiones importantísimas como Un Certain Regard, y además, introdujo la presencia de estrellas en el jurado, lo que le dio el espíritu magnífico de elegancia que tiene el festival en el presente. En 2007, Jacob publicó un libro titulado Citizen Cannes, donde cuenta su experiencia y las anécdotas de todos estos años en el festival, y ahora en 2012, este domingo 20 de mayo y durante el festival de Cannes, estrenará A Special Day, un documental que nos presenta un día en la vida de varios directores de cine legendarios, entre ellos Roman Polanski, Nanni Moretti —gran amigo de Jacob—, Ken Loach y el mismísimo Claude Lelouch, otro gran amigo. En 2007, Jacob siguió, filmó y entrevistó a estos cineastas cuando estuvieron en Cannes para la celebración de los 60 años del festival y la presentación de los 33 cortometrajes del proyecto de Jacob, To Each His Own Cinema. De esa experiencia de aquel año, surgió el documental que se estrenará con bombos y platillos este domingo en Cannes.


 

¿Y a qué viene todo esto? Pues que Max se enorgullece en estrenar A Special Day, justo al día siguiente de su presentación, el lunes 21 de mayo. Un privilegio único y excepcional que Max nos regala justo antes de la presentación de De dioses y hombres de Xavier Beauvois, dentro de su ciclo de películas ganadoras en Cannes.

No dejes pasar este grandioso momento. Este lunes 21 de mayo, será un día real pero realmente especial con el estreno de A Special Day de Gilles Jacob. Directo de Cannes a Max. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Continúa ciclo de películas ganadoras en Cannes, esta vez con De dioses y hombres

por max 18. mayo 2012 04:38

 

Este lunes 21, Max no trae un film ganador del Gran Premio del Jurado y el Premio del Jurado Ecuménico (un premio de cineastas católicos). Se trata de De dioses y hombres (Des hommes et des dieux, 2010) del cineasta Xavier Beauvois (Nord, Le petit lieutenant, Don´t Forget you´re Going To Die), un film basado en un hecho acontecido durante la guerra civil de Argelia en 1996: el sangriento asesinato de un grupo de monjes cistercienses secuestrados en el monasterio Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, a 60 kilómetros de Argel.

El cineasta se centra en la historia de los monjes, en sus conflictos internos, y toma la vía de lo espiritual, de la duda, el corazón y del temple. Busca en ellos, en su interior la decisión que los llevó a quedarse allí, cuando pudieron, a todas luces, haber partido.

De dioses y hombres y un film de miedos y de alturas humanas que nos va mostrando el contraste entre la vida pacífica de los monjes, y el caos que comienza a desprenderse desde afuera a medida que la historia avanza. Aunque el film de Beauvois funciona a manera coral, no cabe duda de que la fuerza de la historia recae sobre el personaje de superior Chergé, interpretado por Lambert Wilson. Beauvois sigue a este prior y sus monjes desde el comienzo de las amenazas a la comunidad, los crímenes y la clara animadversión de los fundamentalistas hacia ellos, siempre, eso sí, centrando el drama espiritual de aquellos hombres de bien.

De dioses y hombres, ganador del Gran Premio del Jurado en Cannes en 2010, este lunes 21 de mayo en el ciclo de películas ganadores en Cannes. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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(Y no te pierdas, antes de Dioses y hombres y totalmente en exclusiva A Special Day de Gilles Jacob, documental que será visto estrenado en Cannes el domingo 20.)

Invierno profundo, o la odisea del mal

por max 17. mayo 2012 15:02

 

Y uno se pregunta, no hace más que preguntarse, ¿de dónde viene el mal? ¿Cuál es su origen? ¿Qué lo produce? En una región apartada, donde no existen los teléfonos móviles, ni las computadoras, ni el cine, ni los centros comerciales, allí, entre bosques, niebla y autos sin motor a las puertas de las cabañas, el mal se asienta. Se asienta en silencio, y huele a metanfetamina. Y uno, otra vez, se pregunta, ¿qué fue primero, la metanfetamina o el mal? En este mundo del extrarradio no hay modernidad, ni tampoco utopía bucólica. Es un lugar echado a perder, un lugar donde el mal tiene la forma del silencio, del encierro, del hastío existencial. Eso es Invierno profundo (Winter´s Bone, 2010) film nominado a cuatro Oscares y ganador del Premio del Jurado en el festival de Sundance. Un trabajo independiente dirigido por Debra Garnik que nos sumerge en unas oscuridades aún más patéticas y horrendas que las que nos presentara John Boorman en Deliverance (1972); un mundo remoto, casi olvidado, un mundo donde los seres humanos parecen salidos de las entrañas mismas de la tierra, pequeños titanes, pequeños monstruos consumidos por la ignorancia y por la naturaleza misma. Me digo que quizás el hombre ha creado la civilización para eso, para «limpiarse» de la naturaleza, de sus abismos, de sus atavismos, de su bestialidad, de su poderoso silencio, que es más como el bramido de un enigma. El silencio del bosque sobrecoge, aterroriza. No obstante, en el film de Debra Granik, a esa monstruosidad de los seres marginados, se suma algo nuevo, algo más, otro factor de embrutecimiento: la droga. La droga que ya no es entendida como la entendería un hombre antiguo, primitivo; no en su sacralidad, sino dentro de la, paradójicamente, bestialidad profana. La droga desacralizada que adormece y que al mismo tiempo es fuente del mal al convertirse en negocio oscuro, ilegal, de abyectas estrategias. En Invierno profundo hay pues una doble articulación del horror: el mal se produce por causa de la metanfetamina (droga que proviene del mundo civilizado) y del abandono de la esencia humana y la adopción de esa animalidad arisca y cruda del lejano habitante rural. La comunidad donde vive Ree Dolly (Jennifer Lawrence), la pequeña protagonista, es algo así como el mundo de Boorman con drogas.

Ree, nuestra heroína, ve rota la patética tranquilidad de su mundo (patética porque debe cuidar a su madre inútil y catatónica y a un par de chicos) cuando es amenazada la estabilidad de su hogar. Puede perder el sitio donde vive, pues su padre, un drogadicto fabricante de drogas, ha puesto la casa como garantía de su fianza para lograr la excarcelación. El padre, al salir, ha desaparecido, y ahora Ree y su familia podrían perder la casa. Ree, esta joven chica adusta y al mismo tiempo hermosa y correcta, sale a la búsqueda del padre perdido. Pero este padre no es Odiseo ni ella es Telémaco. En este mundo no hay dioses, pero sí sobran los titanes, los monstruos, los hombres que no quieren hablar, porque si hablaran descubrirían su animalidad, el abismo en el que han caído. Recuerdo aquella escena en la que Pinocho es llevado a un lugar de placeres infinitos, de placeres adormecedores de la conciencia que terminan convirtiéndolo a él y sus compañeros en borricos desesperados. Este mundo de Ree es similiar. El placer y el vacío han vuelto a las personas seres perversamente animales pero, al mismo tiempo, perversamente racionales. Con todo, esa perversidad, el mal, se traduce en silencios llenos de terribles secretos, de espantosas verdades. Ree, el único ser humano con capacidad de elevarse sobre la bestialidad, hará acá un viaje a fondo a los inviernos del alma.

Invierno profundo, este domingo 20 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Abre los ojos, o un film de un director para nada virtual

por max 16. mayo 2012 04:58

 

La realidad virtual tiene abolengo. Si recordamos la caverna de Platón, ya desde allí estamos hablando de un mundo de apariencias, de sombras. Cada vez más entendemos que nuestra percepción del mundo es limitada, que a nuestros sentidos se les escapan miles de detalles. Por otro lado, las teorías que ha venido formulando Vlatko Vedral, físico cuántico de Oxford, sobre la información y la superposición del cuánto son insólitas. Vedral nos dice que «es incorrecto lógica y físicamente, o mejor dicho experimentalmente, hablar de fragmentos de energía o materia que existan con independencia de nuestra capacidad de confirmarlo experimentalmente». Y luego adorna la guinda de la siguiente manera: «Nuestra interacción con el mundo es fundamental para que surja el propio mundo, y no se puede hablar de él independientemente de eso. Por esta razón, mi hipótesis es que las unidades de información son lo que crea la realidad, no las unidades de materia ni energía.»

La realidad no es una sola, y no hay una sola respuesta para entenderla. El cine y la literatura (y ya vimos, la filosofía) tienen rato diciéndonoslo. Antes de que The Matrix (1999) jugara con las visiones de la realidad virtual, ya otros filmes y series de televisión habían trabajado con esa idea. La serie Dr. Who, en la década de los setenta, ya hablaba de un lugar llamado de The Matrix. Recordemos Tron (1982), film de Disney que acontece todo en el interior de un computador. Total Recall en 1990, dirigida por Paul Verhoeven, nos muestra a un Arnold Schwarzenegger enredado entre dos realidades. Total Recall está basado en un cuento de Philip K. Dick. Dick publicó sus obras maestras a mediados de los sesenta, y el cine ha versionado ya unas cuantas de ellas. Podría decirse que él es uno de los máximos exponentes de la ciencia ficción de realidad alterada. Para Dick la exploración de mundos paralelos, virtuales, era una manera de indagar la realidad, de ponerla en duda, de hacerse preguntas sobre la existencia. De hecho, podríamos decir que Philip K. Dick llevó este tema hacia nuevas fronteras. Él es, sin duda, el maestro de los maestros de lo que luego otros como William Gibson seguirían en los ochenta.

Ya lo dije, el asunto de una realidad paralela, alterada, virtual, no es nuevo. Mucha agua ha corrido y seguirá corriendo bajo ese puente. Un film de primera categoría que explora el alma humana desde la perspectiva de una segunda vida, de una nueva oportunidad —no sabemos si afortunada— en una realidad distinta es Abre los ojos, del español Alejandro Amenábar.

Segunda cinta para el momento de su estreno del entonces aún más joven realizador (cuenta con 40 años en estos momentos), Abre los ojos se convertiría en otra muestra de su innegable talento. Con Tesis (1996), su primer largo, Amenábar había comido en el banquete del éxito. Se trataba de un trabajo emocionante y crudo, un thriller que se mueve en el mundo especulativo, casi podríamos decir que virtual, de los snuff films. Las expectativas para las próximas entregas eran muchas, y el muchacho no se hizo esperar. Al año siguiente y con todos los ojos encima, entregó su segunda cinta. Nadie quedó defraudado. El público y la crítica quedaron encantados y boquiabiertos.

Repitiendo de nuevo con su primer protagonista, Eduardo Noriega, y también con su guionista, Mateo Gil (con quien hoy todavía trabaja), Amenábar nos cuenta una historia cargada de una profunda desolación donde ni el amor, ni el sexo ni el dinero tienen la respuesta de nuestros días. Al final, debajo de toda esa tramoya que se monta el ego para convencernos de que somos uno y de que estamos bien con lo que somos sin ir más allá de la superficie, al final de eso, lo que hay es un gran vacío, una gran ceguera. Abre los ojos parece reflexionar sobre eso, pero es además una cinta llena de suspenso con tintes incluso de terror, una joya de la ciencia ficción sin recursos efectistas y muy centrada en la historia. Cuando no se cuenta con un gran estudio por detrás, el guión y las actuaciones son lo que cuenta, y, en este aspecto, el film sale ganando, pues tanto Eduardo Noriega, como Najwa Nimri y Penélope Cruz dan la talla y llevan al guión, excelente ya de entrada, más allá de sus propias expectativas. Ágil, ligero, cuidadoso de la fotografía, Amenábar dirige con mano suave y certera esta cinta que ya es un clásico en la cinematografía española, incluso mundial. Luego vendría Tom Cruise a hacer su payasada en 2001, pero esa es otra historia. Amenábar, por su parte, ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera en 2005 con Mar adentro; esta también es otra historia, pero más agradable, eso sí, y la que realmente importa, porque que nos demuestra que Amenábar no es un director cualquier, un director virtual, de esos que se desaparecen con la fama de sus primeros éxitos.

Abre los ojos, este viernes 18 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Ciclo de filmes ganadores en Cannes: Un hombre que grita

por max 11. mayo 2012 10:16

 

Y este lunes, dentro del ciclo de filmes ganadores de premios en Cannes, tendremos Un hombre que grita (Un homme qui crie, 2010), de Mahamat-Saleh Haroun (Bye Bye Africa, Our Father, Daratt). El film, africano, pero no lleno de los tópicos típicos de lo que podría ser África, nos sitúa en una sociedad y en sus conflictos (inicios de la guerra civil en Chad), pero su centro está en la relación entre un padre y un hijo, su vida interior, sus tensiones, enfrentamientos. El cineasta apuesta por la complejidad del ser humano en la figura de un hombre ya mayor que se ve obligado a dejar su trabajo de toda la vida para dárselo a su hijo, para luego verse enfrentado al drama de una guerra que se aproxima. El trabajo, la vejez, la paternidad, la muerte como una gran presencia, Un hombre que grita es un film honesto, sencillo pero profundo, sensible mas no sensiblero, que ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes.

Recuerda, este lunes 14 de mayo, Un hombre que grita. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Sound of Noise, o la música subversiva

por max 10. mayo 2012 08:43

 

El col legno (el acto de golpear o rozar la cuerda con el dorso del arco) de Berlioz en la Sinfonía fantástica; las sierras ondulantes de Tom Waits; John Cage y su piano preparado, o sus 4 minutos y 33 segundos de silencio que se hacían en la sala para escuchar la musicalidad del sonido ambiente; la percusión urbana, cuyo ejemplo más conocido es Stomp o Blue Man Group; y hasta la música con vegetales (sí, con vegetales) de la Vienna Vegetable Orchestra… Sin duda, la música está en todas partes. De hecho, el mismo Cage llegó a decir: «Donde quiera que estemos, lo que oímos es mayormente ruido. Cuando lo ignoramos, nos molesta. Cuando lo escuchamos, lo encontramos fascinante.» Así como fascinante también resulta Sound of Noise (2009), un film sueco dirigido por Ola Simonsson y Johannes Stjärne Nilsson, que nos lleva a un mundo de sonidos o de musicalidades conspirativas, revolucionarias, subrepticias y provocadoras bajo la figura de una banda de seis percusionistas enmascarados que irán haciendo su performance por toda la ciudad. El asombro, la maravilla de representar en lugares no tradicionales, incluso «sagrados», es algo fundamental para la cinta. No sólo la utilización de los objetos cotidianos y la producción de música con ellos, será importante, sino que a esto se suma el espacio. La música es de todos porque se puede hacer música donde sea. Realmente no pertenece al recinto académico, ni al estudio de música ni a la tarima de la estrella de rock. La música puede estar en todas partes, y por ello, el espacio en este film también es vital. La ruptura del espacio representativo para hacer que todo sea representación, que todo espacio pueda ser y hacer arte, incluso esos lugares «prohibidos» por el poder; lugares solemnes y sagrados. La música de Sound of Noise se convierte así en una herramienta anarquista, terrorista digamos, según el ojo del poder y de la correcta ciudadanía. Tras la pista de estos delincuentes tan particulares, se va, nada más y nada menos, que Amadeus Warnebring (Bengt Nilsson), un policía con absoluta nulidad de oído musical; alguien, que sin duda, detesta a la música, viniendo sobre todo de una familia de músicos prominentes, donde él es el único que no ha destacado en esa área. Un policía representante de los poderes, de los conciliábulos, de las pequeñas cofradías.

Sound of Noise es una comedia original, un musical policial, cabe anotar, que nos hará pasar un buen rato con esta excelente combinación de música «callejera», espacios e instrumentos no tradicionales y comedia. Un film sin grandes costos que nos sumerge en una experiencia distinta, brillante, finamente ejecutada. Si hay algo grande en esta cinta es, sin duda, la creatividad y el arte de sacar música de todas partes.

Sound of Noise, este domingo 13 de mayo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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