Mama Gógó, o la realidad continúa al otro lado del arte

por max 30. marzo 2012 11:18

 

Siempre hay una historia por detrás. Apenas vemos la superficie, la punta del iceberg, desconocemos la montaña de nervios que abajo se esconde, sumergida. Cuando hablamos de las películas nominadas al Oscar a Mejor película extranjera, no nos imaginamos los trabajos y los días que sus realizadores tuvieron que pasar para hacer llegar esa película a tan alto estrado, y mucho menos la odisea o el calvario que se vive una vez terminada. Cuando se concluye un film, la vida continúa; eso sí es definitivo. Para Hollywood es fácil (comparativamente) hacer una película y continuar sin mayores quebrantos. Hay mucho dinero, mucho negocio rodando que te permite hacer y seguir. Pero pensemos, por ejemplo, en Islandia. Islandia es uno de los países más prósperos del mundo, sí, pero no llega al millón de habitantes, ni siquiera al medio millón. Aquella isla botada en el medio de la nada, nunca ha presentado grandes ansias cinematográficas. Hacer cine en Islandia digamos que no es costumbre. Esto no quiere decir que no se haga cine por aquellos lados. Se hace, pero poco. Directores como Rahn Gunnlaugsson, Hilmar Oddsson, Baltasar Kormákur, Dagur Kári o Valdis Oskarsdóttir suenan en su país y afuera, en círculo especializados. Sin duda uno de los más conocidos es Fridrik Thor Fridriksson, cuyo film, Children of Nature (1991) fue nominado al Oscar a Mejor Película Extranjera. Para Fridrikisson aquella nominación significó todo. Absolutamente todo. Quizás para los grandes directores, los conocidos, no ganar una nominación significa una derrota. Pero en el caso del director islandés, la nominación fue un triunfo. Había invertido todo su dinero y más, es decir, se había endeudado para hacer esta película pequeña y otoñal sobre la muerte y la vida, sobre la naturaleza y el tiempo. En Hollywood, llevar a la pantalla esta historia no sería nada. Para Fridrikisson fue fundamental. Era su segundo largometraje. El primero, luego de una cadena larga de documentales, había sido Skytturnar, fechado en 1987 y con una duración de 78 minutos. Así que Children of Nature era su gran apuesta, el film que quería hacer, el film que quería lanzar al mundo. Aquella posible (y luego efectiva) nominación al Oscar significaba un triunfo para él. Y no sólo para él, sino también para su país. Aquel año, Children of Nature fue el único film producido en Islandia. La nominación trajo orgullo y entusiasmo a quienes que querían hacer cine allá.

Resultó tan importante este momento en la vida de Fridrikisson, que lo terminó convirtiendo en película 19 años después. Mama Gógó (2010) es la historia de lo que está detrás de la vida de un director luego que ha hecho una película. Hemos visto, sí, filmes sobre la realización y sobre sus procesos, imposibles o posibles. de Fellini es el ejemplo más clásico. Fridrikisson, en cambio, ha contado lo que ocurre después. Asistimos acá a la historia de un director que ha hecho una película con las uñas y que que descubre que al final de la filmación, la vida continúa, con todo su peso de realidad, con todos su fracasos, sus problemas y dilemas. Allí tenemos la crisis de un artista enfrentada a la crisis —o más bien al acoso— de una madre. ¿Qué hacer con este cénit, con una madre ya perdida en el Alzheimer? ¿Qué hacer con sus bienes? ¿Qué hacer con las deudas adquiridas por el arte? La realidad está afuera, la realidad que continúa una vez que un film se realiza, una vez que el artista ha dado todo por el todo y sólo espera el gran momento o la gran frustración, mientras las cosas a su alrededor lo van rodeando de dura materia, montándole piedras en la espalda que no le permitan volar otra vez.

Mama Gógó, este domingo 1 de abril. Lo nuevo y lo mejor del cine independiente… está en Max.    

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Jueves, viernes y sábado de trilogía Millenium

por max 28. marzo 2012 08:28

 

Se sabe que cuando Stieg Larsson comenzó a escribir la serie Millenium, hizo los bocetos de un total de diez libros. Antes de morir en noviembre de 2004, y tal como ya estamos enterados, había terminado los tres primeros libros e iba por el cuarto. Se sabe también, por un correo electrónico enviado a un amigo, que ya tenía lista más de la mitad del cuarto libro. Pero además había terminado el final. Así que Eva Gabrielsson, la compañera de Larsson por más de treinta años, podría terminar el cuarto libro, pues, como es también ampliamente conocido, ella estuvo muy involucrada en los procesos de escritura de los libros. Esta cuarta novela se llamaría «La venganza de Dios» y podría ocurrir que, en algún momento, tengamos un cuarto libro de la trilogía Larsson-Gabrielsson. Claro, Eva tendrá primero que resolver los problemas legales con respecto a los derechos de autor sobre Larsson en la disputa que tiene ella con el padre y el hermano del fallecido autor. Mientras esos problemas se resuelven, y el cuarto libro espera su salida, Max te prepara tres días de esta semana con la trilogía Millenium.

A partir de este jueves 29, disfruta de los tres filmes suecos dirigidos por Niels Arden Oplev y protagonizadas por Michael Nyqvist y Noomi Rapace. El jueves 29: Los hombres que no amaban a las mujeres, el viernes 30: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y el sábado 31: La reina en el palacio de las corrientes de aire. Sólo un canal puede traerte lo mejor de la cinematografía mundial. Reimagina, reinventa… Descubre Max.

Contracorriente, el fantasma de la homosexualidad en la vida rural

por max 26. marzo 2012 04:53

 

Contracorriente (2009) de Javier Fuentes-León, aparece en el espacio del cine peruano luego de once años del estreno de No se lo digas a nadie (1998) de Francisco Lombardi, film basado en el ya de por sí controversial libro de Jaime Baily. No es mucho lo que se ha hablado de la homosexualidad en el cine peruano, y digamos, latinoamericano.

Al contrario que en No se lo digas nadie, el film de Fuentes-León no conoce el escenario de la ciudad, la cual es nombrada como un referente lejano, pues uno de sus personajes, Santiago (Manolo Cardona), proviene de ella. En Contracorriente, los hechos se llevan a cabo en Cabo Blanco, un pueblo de la costa norte de Perú, donde por supuesto, las mentes son más cerradas a temas espinosos (incluso en la ciudad), en este caso, el amor entre hombres.

Allí, a Cabo Blanco, llega Santiago no escapando de su condición homosexual, pues él está plenamente asumido, sino más bien a la búsqueda de inspiración para su arte, pues Santiago es pintor. A su llegada, conoce a Miguel (Cristian Mercado), un joven pescador, casado, con mujer embarazada. Entre ellos comienza una relación sexual y amorosa, que termina con la muerte de Santiago, perdido, ahogado en el mar. En este momento, el film del primerizo Javier Fuentes-León, da un giro inesperado, y se hace de visos fantásticos, enraizados en cierta manera con el realismo mágico latinoamericano. En medio de un pueblo apartado de Perú, el fantasma de Santiago hace un aparición para pedirle a Miguel que busque su cuerpo, que le de la debida sepultura, pero, sobre todo, para incitarlo a que se atreva, a que se llene de valentía y acepte personal y públicamente su condición homosexual. Miguel se enfrasca entonces en una lucha espiritual, que comienza, tal como ya señalé, por la apertura de sus secretos, de sus verdades. Miguel, antes que nada, debe aceptar su esencia, lo que resulta, naturalmente, harto difícil, pues si ya en No se lo digas a nadie la asunción de la homosexualidad resultaba un enorme problema dentro de los escenarios citadinos, en Contracorriente, a pesar de que ha pasado ya más de una década del estreno del film de Lombardi, la situación con respecto a la sociedad y la homosexualidad, aunque quizás más abierta, no deja de ser crítica, y más si hablamos de un pueblo de pescadores. Santiago, como conciencia de Miguel, irá escavando en el pescador, irá llevándolo hacia las puertas de la valentía, de la honestidad con él mismo. Lo que hace interesante el film de Fuentes-León es que, precisamente, trabaja el delicado tema no desde el escándalo, no desde el mero goce de la figura de dos hombres en el acto sexual, sino que deriva con delicadeza (para algunos críticos con timorata complacencia) hacia el tema de los sentimientos y de la condición humana. Lo que hicieron Jaime Baily con la novela y luego Lombardi con el film, que fue abrir una puerta, dar un duro golpe a través del escándalo, se traduce en una reflexión más serena, humana, profunda y, por qué no decirlo, más estética en el trabajo de Fuentes-León. No podemos, claro, dejar a un lado, otras miradas, otras opiniones, que señalaron tibieza y falta de arrojo en la propuesta. Cada quien que juzgue, cada quien que se sumerja en el mar de esta historia. Sí podemos entender, sin embargo, que la ópera prima de Fuentes-León, sin acudir a lo abyecto, contó al final una historia de trasgresión que para muchos puede resultar incómoda. Tanto Miguel como Santiago son transgresores. Fueron más allá de varios tabús y los vivieron con toda la complejidad y plenitud del alma humana. El pescador no sólo se atrevió a vivir en el cuerpo de otro hombre, sino que también se atrevió al arte (en ocasiones esa otra forma de la vergüenza), a la belleza y el disfrute sin beaterías de su cuerpo (posó para Santiago desnudo) y se situó además por encima del nivel socio-económico de su pueblo (vaya osadía) al entablar relación con el artista de la ciudad, acomodado hijo de casta blanca, acomodado niño burgués que a su vez también tuvo el arrojo de retar la rígida estructura social de su país.

Contracorriente se llevó el premio de la audiencia en el festival de Sundance. Disfrútala el martes 27 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Nostalgia de la luz, o telescopio para los tiranos

por max 23. marzo 2012 05:53

 

 

Buscamos, buscamos en el cielo, en los confines del universo, con un telescopio en la parte más alta, a tres mil metros, cerca de lo azul, de lo diáfano. Buscamos a los dioses, o a Dios, o el secreto de Dios, buscamos una respuesta para nuestra vida, para nuestra belleza, para nuestra nostalgia. Buscamos, en alguna parte de nosotros, algo como una luz, algo que creemos desaparecido, enterrado, mas nunca olvidado. Buscamos en el cielo los trazos de nuestra grandeza, pero también en la tierra buscamos. También lo desaparecido, lo enterrado, pero acá por la saña, por los monstruos de la razón. Acá en esta tierra que en realidad se hizo para nacer, para engendrar, para sembrar a los muertos, a nuestros orgullosos muertos, nunca creímos que estos, los anónimos, los vilipendiados. Acá en Atacama, acá donde los astrónomos sueñan con dioses eléctricos, con dioses materia negra, con dioses big bang, acá, justo debajo del telescopio, las madres, las hijas, las esposas buscan bajo las piedras. Buscan las raíces, sus raíces de familia, buscan los huesos, sus huesos de familia, los huesos que reclaman ser tallos, troncos, ramas, hojas, ojos y bocas testimoniales de un dolor no tan antiguo, de una caída no tan angelical, de un horror tan reciente como reciente es la ambición del hombre. Las manos de las mujeres buscan, buscan a los que ya no volvieron porque no los dejaron. Son manos con grietas, llenas de tierra, manos como sequías, como desiertos, manos que alguna vez amaron y acariciaron, y que ahora sólo escarban en la tierra. Arriba, el cielo nos observa, la galaxia, el universo, y en silencio nos juzgan, mientras nosotros, ilusos, creemos que miramos, que sabemos, que cada día ganamos mirando hacia arriba. Pero está bien, está bien mirar hacia arriba, quizás si miráramos más hacia arriba, bajaríamos menos la cabeza, y algunos escarbaríamos menos, y otros seríamos más humildes. A los tiranos deberíamos regalarle telescopios, para que se den cuenta, para que entiendan de una buena vez, lo pequeño que son, lo pequeño que somos.

Nostalgia de la luz (2010), documental dirigido por Patricio Guzmán, este domingo 25 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Especial de Elizabeth Taylor, este viernes 23 de marzo

por max 21. marzo 2012 09:48

 

Elizabeth Taylor fue y será una de las grandes de Hollywood. Desde muy niña, hasta el final de su vida, siempre estuvo allí, como belleza, como actriz, como producto de consumo de farándula. Ella sabía estar, ella sabía ser. No sin razón llegó a decir que no podía recordar un solo momento en su vida que no fuera famosa. La Taylor supo ser la mujer más bella de Hollywood y quizás del mundo, pero también supo ser una gran actriz, y dejar atrás el viejo Hollywood de la llamada Edad de Oro para incorporarse a las nuevas tendencias de actuación y de entender el cine, encabezadas por el Actor´s Studio y actores como Marlon Brando o James Dean y, por el lado femenino, Faye Dunaway, entre otros y otras.

Podemos ver claramente ese mapa, podemos incluso partir de una fecha y a partir de ella gravitar. Esa fecha es 1963, el año en que ella interpretará un rezago de lo que era el viejo Hollywood. Cleopatra, para los estudios, fue un intento desesperado de retomar aquel pasado glorioso. No se logró, el film fue todo un fracaso de taquilla y de crítica. Su tambaleante posteridad radicará sólo en la deslumbrante belleza de Elizabeth en aquel rol sensual y glamoroso. Unos años antes, en 1957, la veremos en Raintree County, otro esfuerzo de los estudios por emular los grandes años. Pero también en ese período, la encontraremos haciendo filmes donde ella hará la diferencia, donde demostrará que ser algo más que el lado moreno de Marilyn. Y ahí la tendremos en Gigante (Giant, 1956), junto a James Dean y Rock Hudson, ya para entonces lanzada de lleno a la interpretación seria, dramática. Representan todavía más su deseo de lanzarse de lleno a la actuación los filmes Cat On a Hot Thin Roof (1958), escrita nada más y nada menos que por Tennessee Williams (el mismo dramaturgo que con Un tranvía llamado deseo lanzaría a la fama a Marlon Brando), y Butterfly 8 (1960), donde encarnará a una prostituta de lujo. Este rol le dará su primer Oscar a Mejor Actriz, luego de cuatro nominaciones seguidas. Años más tarde llegará Who's Afraid of Virginia Woolf? (1966). Su actuación en este cinta será considerada la mejor de su carrera. La Academia de Hollywood se lo reconocerá con un segundo Oscar como actriz principal. Al año siguiente, en 1967, interpretará un rol de comedia bajo la batuta de Franco Zeffirelli. Las exigencias actorales serán, por igual, muy altas, pues encarnará nada más y nada menos que la salvaje rebelde de Shakespeare en The Taming of the Shrew. Ya para este momento, Elizabeth Taylor será no sólo una de las mujeres más hermosas del planeta, sino también una gran actriz, y además experta en dar comidilla a la farándula con su vida glamorosa, escandalosa, agitada, llena de joyas y cotilleos a montón.

Así, ella continuará realizando filmes que gravitarán entre el drama y el suspenso, con roles siempre fuertes, siempre de carácter, siempre conflictivos. En estos años, hará varios trabajos junto al amor de su vida, Richard Burton. The Taming of the Shrew con Burton, Doctor Faustus (1967 también) con Burton, The Comedians (otra de 1967)… con Burton y Boom! (1968)… claro… con Burton. También trabajará junto a Marlon Brando, Robert Mitchum y Michael Caine. Salvaje y peligrosa (X, Y and Zee), con Michael Caine, será el último film que marcará ese breve espacio... sin Burton. Después de Caine, protagonizará otra vez con junto Burton en tres películas seguidas.

El hecho es que Salvaje y peligrosa (1972) de Brian G. Hutton (Where Eagles Dare) nos recuerda un poco a la Taylor de Who's Afraid of Virginia Woolf? No obstante, lo que en el film de Mike Nichols se cerraba en torno a un conflicto de pareja y de maternidad, en Salvaje y peligrosa se moverá hacia el triángulo amoroso, la desesperación de la infidelidad y la venganza.

Eso sí, sea el film que sea, la diva siempre tenderá a mantener su estatus de actriz dramática. Ya para los últimos años se le verá con mayor frecuencia en televisión, en algunas películas y una que otra invitación especial. Se irá dejando ir, se irá diluyendo. Pero su presencia siempre será innegable. Su presencia será la de un mito, la de una leyenda.

Este viernes 23 de marzo, Max te invita a disfrutar 3 películas de Elizabeth Taylor seguidas, una detrás de la otra. Gigante, The Taming of the Shrew y Salvaje y peligrosa, tres filmes protagonizados por la Taylor, tres momentos, tres registros de su belleza y de su magnífica capacidad actoral. Este viernes 23 de marzo, reinventa, reimagina… Descubre Max.

El patio de mi cárcel, continúa el ciclo de mujeres alfa en Max

por max 20. marzo 2012 09:15

 

Este jueves, seguimos con las películas protagonizadas por las mujeres alfa. Esta vez le toca a El patio de mi cárcel (2008), primer largometraje de Belén Macías, quien ha venido hasta el momento desempeñándose como solvente directora de series de televisión españolas.

Centrado en el tema femenino, El patio de mi cárcel opone la disciplina del arte al caos y a la disciplina violenta de la cárcel, la sensibilidad del cuerpo femenino a la rudeza del sistema. En medio de la aniquilación del alma y del cuerpo, en medio de ese aplastamiento que embrutece, un grupo de mujeres líderes, representadas principalmente por Isa, una prisionera (Verónica Echegui), y por Mar, una guardia de prisión (Candela Peña), decidirán darle sentido a sus días a través del teatro, del arte. Sus cuerpos alguna vez tristes y sofocados, tomarán vida y se alzarán sobre los muros de la prisión. El arte del teatro, la representación del mundo se vuelve entonces una forma de liberación. Como en Hamlet, estas prisioneras aguerridas se atreverán a hacer una obra de teatro que trate sobre la realidad que viven, en el caso de ellas, sobre sus problemas carcelarios, y esto, por supuesto, a los ojos de los detentadores del pode será una insubordinación tan peligrosa como cualquier otra. Contra el control oscuro, ajeno y caótico de la cárcel, estas mujeres bien plantadas impondrán el control propio, la luz de sus cuerpos y el orden de una disciplina artística. Esta historia de cárcel de mujeres no es cualquier historia barata, es el drama, la pasión y el ejemplo de un grupo de valientes mujeres contra las injusticias de un sistema.

El patio de mi cárcel, este jueves 22 de marzo en el ciclo dedicado a las mujeres alfa. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Burnt by the Sun 2: The Exodus, o las paradojas de la guerra

por max 16. marzo 2012 08:43

 

La guerra es un fantasma que no detiene su voz, una sombra de sol eterno, una mancha imborrable. Susurra en los oídos, reclama su derecho, su voz cuenta otros momentos, otras historias más complejas donde el mal y el bien no son tan sencillos de determinar, donde se rebela la cara más oscura de la humanidad, de aquel que es tu hermano, tu vecino, tu compatriota; pero también donde se muestra la más grande luz de la bondad del alma, su valentía, su heroísmo.

Este domingo 18, Max nos presenta Burnt by the Sun 2: The Exodus, un film de Nikita Mikhalkov, el mismo que en 1994, con Burnt by the Sun, se llevara el Oscar a Mejor Película Extranjera y el Gran Premio del Jurado en Cannes.

Con Burnt by the Sun 2: The Exodus, Mikhalkov vuelve a colocarse detrás de las cámaras como director y delante de ellas como actor, repitiendo en el rol del general Kotov, esta vez preso en un campo de concentración de su propio país. En contraposición a la historia original de 1994, Kotov no fue fusilado, sino que está allí, lanzado al olvido, acusado de traición al régimen. La situación se desarrolla en 1941 y comienza justo cuando Alemania y Rusia entran en guerra. Ocurre entonces que los nazis bombardean el campo de concentración donde está preso Kotov, y así, en un golpe extraño de la suerte, el veterano y otros prisioneros quedan «liberados». ¿Qué ocurre entonces? Estacionados en un limbo donde han perdido sus condición de ciudadanos de cualquier mundo, el grupo forma un aguerrido batallón de ex prisioneros. Mihalkov, paradójicamente hijo del poeta Sergio Mihalkov, quien escribiera la letra del himno de la Unión Soviética, ha realizado un film que no precisamente hace honores a la figura del padre Stalin. Estos hombres, estos ex prisioneros lucharán no sólo contra la amenaza de la destrucción nazi, sino también —y es lo que resulta aún más duro— contra la persecución de sus propios coterráneos, contra el odio, el delirio y la obsesión del propio gobierno ruso. Doble esfuerzo por sobrevivir, doble esfuerzo para mantenerse con vida.

Escenas impactantes, muy reales, violencia, sueños, y reencuentros familiares, en este drama de la Segunda Guerra Mundial, donde un padre y una hija se buscarán en medio de la locura, el caos y la muerte, allí, donde las voces de la guerra, como vemos, nos hablan de las paradojas y las ironías del espíritu humano.

Burnt by the Sun 2: The Exodus, este domingo 18 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Los sueños de Akira Kurosawa, o el hombre contra la naturaleza

por max 15. marzo 2012 04:00

 

Este mes, Max presenta, lleno de todo el orgullo que esto conlleva, Los sueños de Akira Kurosawa (1990), uno de los últimos largometrajes de uno de los grandes maestros del cine japonés, quizás el más internacional de todos.

Contaba Kurosawa ya con 80 años (moriría en 1998, a los 88) cuando nos regaló esta obra maestra constituida por ocho cortometrajes inspirados en sueños que tuvo el a lo largo de los años. Estas ocho piezas reflejan una preocupación muy propia de la sensibilidad artística japonesa. Si nos remitimos, por ejemplo, a Hayao Miyasaki, uno de los directores contemporáneos más importantes de Japón, encontramos en él temáticas similares: la tecnología, el abuso de la energía y la guerra en contraposición a las fuerzas de la naturaleza y, en el caso de Kurosawa, también encontraremos la fuerza del arte en unión con el mundo.

En estos cortometrajes hay progresión argumental que va desde la captación del mundo a través del pensamiento mágico propio del mundo sagrado hasta la captación del espacio y el tiempo profanos, donde el miedo y el respeto por los misterios ha sido substituido por la locura racional del hombre, que no lleva más que a la destrucción de la naturaleza, y la del hombre mismo. La visión inicial del tiempo sagrado se hace a través de los ojos de los niños en los cortos «La luz del sol a través de la lluvia» y «El Huerto de durazno y la fiesta de la muñeca». Allí, la naturaleza se percibe como un lugar fascinante, muy cercano a los dioses y a su acontecer extraño, terrible y al mismo tiempo hermoso. La naturaleza y el tiempo interior de la naturaleza pertenecen al miedo primitivo, pero también a la convivencia, al respeto, a la reverencia, al ritual que acerca, por instante, a los dioses ya perdidos. Así, de la visión infantil, Kurosawa da un salto al mundo adulto, pero también a una manera de relacionarse con la naturaleza que todavía no es totalmente profana, que sigue teniendo algo de religiosidad. Se trata del corto «La tormenta de nieve». Ante el reto de la montaña, el hombre percibe lo natural de manera doble: es un deportista, un vencedor, un retador de aquello que ha temido durante tantos siglos. Pero, a pesar de su ego, no se convierte aún en un destructor. Hay algo místico y religioso en el montañismo, un cara a cara aún lleno de amor. Tanto así que la muerte, en esta contienda de altura, acecha más al hombre que a la naturaleza.

La muerte también está en la guerra, en la soledad del soldado en «El túnel». Acá la guerra (ausente pero con una presencia innegable) se muestra como la más clara imagen del ansia del hombre por controlar y ser el máximo señor del mundo. La guerra, paradójicamente, es la máxima expresión de la razón que sólo en la razón se recrea. La razón que se libra de todo pensamiento mágico, sagrado, que se libra del miedo y hasta del respeto de la naturaleza. Pero la guerra, el pensamiento de la guerra, la posibilidad de la guerra, mata al hombre mucho antes de que esté muerto de verdad. Entre la muerte, la vida y la guerra no parece haber diferencia. En este punto, Kurosawa parte una lanza por el arte, y en la mitad del largometraje ubica «Cuervos», donde Van Gogh (interpretado por Martin Scorsese), tiene una significación fundamental. El arte en fusión con la naturaleza. Van Gogh se pegó un tiro, sí, es cierto; su contacto con el arte y los campos no fue suficiente para evitar la muerte. Pero también es verdad que sólo en esa relación arte-naturaleza encontraba él su refugio, el poco que podía tener. Luego, Kurosawa también nos entrega algo más: aunque el final de Van Gogh fue trágico, su obra, basada en su visión de los campos, las plantas, los cielos y los sembradíos, inspira a muchos otros; les da paz y belleza. Allí, en esa visión, pareciera haber un punto de equilibrio entre el hombre y la naturaleza. El arte como una forma de religión conciliadora.

En los dos cortometrajes siguientes: «El monte Fuji Rojo» y «El demonio lastimero», Kurosawa nos muestra las consecuencias de la soberbia de la razón: destrucción de la naturaleza, muerte del hombre, caos. La razón como máxima destructora, la razón como locura. Y finalmente, el último cortometraje, «El pueblo de los molinos de agua», nos presenta una imagen poética de esta relación del hombre y la naturaleza, un estado ideal, un equilibrio, una utopía ecologista, una ecología donde la salud espiritual es la consigna. No es fácil, hablar de estas ideas y no ser en extremo propagandístico. Kurosawa, todo un maestro, logra sin embargo tratar estas complejas relaciones y hacer arte. Uno de sus últimos legados, es un llamado a la humanidad, a su desesperación por el poder, es un mensaje de sabiduría, y al mismo tiempo una expresión de arte magnífica. Del temor del tiempo primitivo, pasando por el reto espiritual y los bautismos del arte, la sinrazón de la guerra y la contaminación de los tiempos profanos, y de allí a la sabiduría ecológica final, Los sueños de Akira Kurosawa es un paseo por la mente del hombre y su relación con su lugar de residencia, con este mundo donde sueña, pero también, donde forja pesadillas.

Los sueños de Akira Kurosawa, este viernes 16 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Reino animal, una mujer alfa de armas tomar

por max 14. marzo 2012 06:41

 

Continúa en Max el ciclo sobre mujeres aguerridas, dominantes, terribles, fascinadoras… el ciclo de mujeres alfa. El jueves pasado comenzamos con Hecho en Dagenham (2010). Para este jueves, tendremos Reino Animal (Animal Kingdom, 2010), un film australiano dirigido por David Michôd. Se trata de su primer largometraje, una obra que desde el primer momento produjo las mejores críticas en el circuito propio e internacional. Basado muy vagamente en hechos reales, y en cierta familia mafiosa que existió realmente en Melbourne, el film se inicia con un quiebre de vida. Josh Cody (James Frecheville) ha perdido a su madre, que ha muerto de sobredosis y, no teniendo a quién más acudir, termina llamando a su abuela Janine, interpretada por la magnífica Jacki Weaver. Janine es la mujer alpha de nuestra historia. Se trata de señora de carácter fuerte, expansivo y explosivo, que les da besos en la boca a sus hijos, que los trata casi como si fueran sus amantes, y que tiene sobre ellos un poder omnímodo. ¿Pero quiénes son ellos, quién es esta familia? Pues nada más y nada menos que un grupo de delincuentes de alta peligrosidad que, en el transcurso de la historia, se irán hundiendo cada vez más en su propia oscuridad, en su propio vórtice de crimen, violencia y muerte. El joven Josh estará allí, para presenciar todo aquello, para caer en todas las trampas, para dejar arrollar por el poder de Janine.

Cabe destacar que la actuación de Jacki Weaver, la excelente actriz que interpreta a esta peligrosa y sicopática hembra alfa, fue considerada una de las mejores en 2010. De hecho, recibió nominación a mejor actriz tanto en el Oscar como en el Golden Globe, y se llevó también una buena cantidad de premios.

Reino Animal, dentro del ciclo dedicado a las mujeres alfa, este jueves 15 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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Crime d'amour, o el círculo del crimen

por max 9. marzo 2012 05:04

 

Alain Corneau abrió y cerró un círculo de vida (y de muerte). Comenzó su carrera cinematográfica con France Inc. (1974), luego Police Python 357 (1976), La Menace (1977) y la Série noire (1979), cine negro, cine de asesinato e intriga que le dio un lugar en la cinematografía francesa. En el primero, se conjugan alto gobierno, negocio de la droga y legalización; Yves Montand disparando y golpeando y haciendo largos monólogos en el segundo; un trío amoroso, una mujer loca, un suicidio y un detective en el tercero; y un vendedor ambulante que se mete a redentor de prostitutas y criminal por el bien, en el cuarto. A lo largo de ese camino, Corneau echó también mano de sus otros intereses, como por ejemplo la música, de la cual fue fiel acólito en su juventud y con la que se abría quedado si la cinematografía no se hubiera atravesado en su camino. Quizás, a manera de sublime disculpa, el cineasta le ofreció a este su primer amor Tous les Matins du Monde (1991), un film histórico ambientado a finales del siglo XVII, que involucra a un maestro de viola y un joven estudiante de música interpretado por Gérard Depardieu. El remordimiento y la vuelta a sus orígenes, bien le valió siete premios César.

Treinta y seis años después de haber puesto en cartelera su primer film de ficción, el 30 de agosto de 2010, Corneau muere. Había terminado de filmar su más reciente film (que terminó siendo su último) y estaba en proceso de edición. Se trataba de otra cinta de cine negro. Pero esta vez el crimen no ocurría en los bajos fondos, ya no entre policías y ladrones ni entre hombres rudos y llenos de pelos por todos lados. Esta vez, con Crime d'amour (2010), Alain Corneau nos entrega una cinta con una visión del crimen actualizada. Ya la oscuridad de los bares y de los callejones no ocupa los escenarios, sino el ambiente empresarial, corporativo, allí donde en las últimas décadas hemos encontrado lo más feroces criminales, las más bajas pasiones, las más abyectas ambiciones. En el mundo de Enron, los malos usan corbata y llevan su cuello de camisa muy blanco, muy pulido, o, también ocurre, usan tacones y falda. Este es el caso del Crime d'amour, donde Ludivine Sagnier y Kristin Scott Thomas son la apuesta principal del duelo interpretativo planteado por el director. Scott Thomas, la ejecutiva de alto nivel, Sagnier, la joven aprendiz, tan ambiciosa como su superior, pero de primer momento aún virgen en el padecimiento y/o en el ejercicio del mal. Así, en Crime d'amour, Corneau se ocupa del tema de género, de mirar hacia la mujer y de explorarla en el mundo corporativo. Muchas mujeres, ingentes cantidades de mujeres, han logrado llevar sus derechos hasta lo más arriba del escalafón empresarial, y han demostrado que son igual de eficientes como el hombre. Pero Corneau, y con esto espero amainar cualquier intento de furia feminista, parece decirnos que el poder, tanto en el hombre como en la mujer, hace estragos idénticos. El poder nos convierte en monstruos, y los monstruos, si me permiten jugar con esta idea, no tienen sexo. O digámoslo así: el poder es el que no tiene sexo (pero es sexy). El poder carcome por igual, y urde intrigas, corrupción, abuso de autoridad y abuso sexual por doquier. De hecho, en Crime d'amour el tema lésbico entra a formar parte de ese vórtice del poder que no conoce de homo o de heterosexualidades, porque funciona en realidad como un animal que come sexo para satisfacer su ego. No es cuestión de preferencias, es cuestión de comer allí porque se quiere y se puede, y porque así también se humilla. El sexo como control, como humillación, y el poder también como atracción, porque la parte sometida también se deja fascinar. Así, en este juego de tensiones, la persona no es más que una máscara. La figura delineada y el rostro hermoso y sonriente se presentan como acá partes constitutivas del personaje que somos. Persona, recordemos, viene de máscara, de per sonar, «para sonar». La máscara, lo que oculta y está delante del rostro bestial del poder, es lo que emite voz, lo que se muestra al mundo. El poder asume estas máscaras, y en consecuencia, el crimen también. El crimen que seduce, que se obsesiona con el otro hasta el punto de convertirse en el otro y que, bajo esa apariencia, destruye. Isabelle (Sagnier), la joven ejecutiva, llegará a ser la voz, la máscara y la figura de Christine (Scott Thomas), en un juego de mimesis obsesivas que nos mostrará la dualidad que vive en una misma persona, así como la complejidad de conceptos como el bien y el mal. Nos viene a la mente Persona (1966), obra maestra de Ingmar Bergman donde dos mujeres, Alma y Elisabet, entran en una dialéctica perversa y surrealista de personalidades. Alma, paradójicamente, es la voz, Elisabet, la muda. Lo que nos da vida, lo que nos da «alma» es precisamente la voz. No obstante, esa voz, ya lo dijimos, es del personaje, de ese algo que realmente no tiene vida propia, que no existe, y que en el fondo es altamente mimético. Más hacia nuestros tiempos, pienso en Single White Female (1992) de Barbet Schroeder, una suerte de Persona pero a lo Hollywood, con menos simbolismo y más suspenso, donde Jennifer Jason Leigh es la máscara orate, el doble desquiciado de la perfectísima Bridget Fonda, blanco de envidias de esta acomplejada inquilina. Más cerca aún, se me ocurre pensar en Chloe (2009) de un fallido Atom Egoyan, director que se deja llevar por la fascinación visiual de Julianne Moore y Amanda Seyfried, en un film también de suspenso donde las dos actrices son vapuleadas por la obsesión, los celos, la atracción mutua y la pasión sexual hasta llegar a un punto donde ambas son oscuro reflejo una de la otra. Estos procesos de mimesis y fusión se encuentran magistralmente tratados en Crime d'amour, formando además parte de un plan, de una coartada, de un crimen y de una venganza suprema. Es decir, en el caso de Corneau, podemos aseverar que la mímesis se convierte en némesis, en este lamentable fin de carrera de un autor que abrió con cine negro y cerró con cine negro, a las puertas de una sociedad que ha visto caer los cuellos blancos y las máscaras, y se ha estremecido ante los perturbados rostros del poder.

Crime d'amour, último film de Alain Corneau, este domingo 11 de marzo. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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