Un profeta, los sacrificios de la «libertad»

por max 30. enero 2012 13:26

 

A partir de este jueves, todos los jueves del mes y con motivo a la próxima entrega de los premios Oscar, Max no trae el ciclo Oscar sin fronteras, un muestrario de cinco magníficas películas que fueron nominadas al Oscar a Mejor Película Extranjera. De Francia, Un profeta, de Jacques Audiard, y La noche americana, dirigida por François Truffaut; de Israel, Vals con Bashir; de España, Pan negro, y para cerrar Amarcord, dirigida por el gran Federico Fellini, serán los filmes del mundo que representaron a sus respectivos países en diferentes entregas del Oscar.

Comenzamos el jueves 3 con Un profeta (A Prophet, 2009), del experto cineasta francés Jacques Audiard. Un film de sobrevivencia, o supervivencia, como quieran verlo, que a fin de cuentas, termina hablando de la libertad humana. Lo interesante de todo esto es que la cinta transcurre en una cárcel, allí donde el espíritu humano se rebaja a las más bajas categorías del esclavismo y pierde cualquier asomo de emancipación. Quien sobrevive en la prisión es aquel que se pone de rodillas o aquel que se alza por encima de todos.

Malik, interpretado por un sorprendente Tahar Rahim, es un joven sin pasado, temeroso y débil. De origen árabe, Malik convive con la comunidad corsa de la cárcel. Estos son los dos grandes epicentros de poder de aquel reducto, y Malik está allí al inicio, trabajando para los corsos, despreciado por los musulmanes. El film está pensado para mostrar la distintas formas de humillación y servilismos carcelarios, lo que redunda en la pérdida verdadera de la libertad humana. Pero sobre todo, Audiard nos lleva al interior de la historia para asistir al nacimiento del más cerebral y despiadado hombre: aquel que se alzará sobre todos y tendrá el control absoluto del crimen organizado. Y no es propiamente un sicópata, sino alguien que necesita tener «éxito» para sobrevivir. Malik es un nuevo tipo de criminal, un profeta de los nuevos tiempos. Sí, nos recuerda a Michael Corleone de El padrino, sólo que el caso de Malik es distinto: el joven aprendiz está en la cárcel, en una terrible cárcel, y su alma, de alguna manera, es producto del mundo globalizado, trashumancia y desposesión de raza y cultura que se abre al desarraigo. Malik no es de aquí ni de allá; es un paria que, con el fin de cuidar su vida, se hará un lugar en el mundo donde nada pueda alcanzarlo. Malik nos resulta empático, porque entendemos que lo que busca es su libertad dentro de sus limitaciones. Si estuvo vacío cuando llegó, si estaba destinado a no ser nadie fuera de la cárcel, entre rejas Malik se rebela contra la condición más baja a la que un hombre puede llegar, la de esclavo. Su ascenso a las altas esferas del crimen resulta, paradójicamente, un ascenso al despertar de la conciencia, a su libertad.

Asistimos a un film montado sobre un guión sin baches, cerrado y complejo, trabajado por el mismo realizador durante tres años junto a Thomas Bidegain (basados en un texto original de Abdel Raouf Dafri y Nicolas Peufaillit). Thriller intenso cargado de realismo (tanto que la cárcel entera fue construida ex profeso para el film), realismo además extremo, pero que no duda en echar mano de escenas oníricas y fantásticas, lo que nos aporta poesía, misterio y profundidad de espíritu. Incómodo sin duda, pues concesiones no se permite y no aboga por salvaciones ni finales complacientes; Jacques Audiard no se ha limitado, no se ha cohibido de mostrar el mundo criminal tal cual es.

Un profeta obtuvo el Gran premio del jurado en Cannes en el año 2009 y fue nominado al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera en 2010. Disfrútala el jueves 2 de febrero. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Se termina el ciclo de cine de Bollywood con Dhoom

por max 27. enero 2012 10:28

 

De The Wild One (1953) para acá, las motos son todo un tema cinematográfico. Quizás la generación beat tuvo con ver ello, con esa salida a las carreteras de América. Posiblemente la imagen de Marlon Brando pese más que cualquier intelectual. También está Easy Ryder (1969), pero tampoco la cosa es para tanto. Por supuesto, tenemos Torque (2004), que motos le sobran, y la serie Taxi (1998, 2000, 2003, 2007) producida por Luc Besson, que está repleta de taxis, claro está, y que al parecer fue, desde sus primeras entregas, la verdadera inspiración del director Sanjay Gadhvi, hijo de Yash Chopra, el Midas de Bollywood, para realizar Dhoom (2004), un film de acción, lleno de motos, disparos, persecuciones y robos. Hijo de gato caza ratón, y con este film Sanjay Gadhvi lo demuestra, pues Doohm fue una de las películas más taquilleras del 2004 en la India. Por supuesto, no sólo hay motos y acción, también hay bailes y canciones llevadas por el ritmo de la música electrónica.

Dhoom, cerrando con broche de oro el ciclo de cine de Bollywood que nos trajo Max este mes. Disfrútala el lunes 30 de enero. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

Para retransmisiones haz clic acá.

El juramento, vida y documental después del 11 de septiembre

por max 26. enero 2012 12:59

 

La filmación de un documental puede hacerte creer que el destino existe, o puede llevarte a pensar que la vida es realmente un caos sin sentido. Un documental depende de los vaivenes, del flujo, de aquello que va a apareciendo en tu camino. Difícil es planificar un documental. Pero si al final, todas las piezas encajan, si al final te quedas con la sensación de que afuera estaba todo esperándote, sólo que te lo pusieron más o menos difícil, entonces tendrás horas y horas de material fantástico que deberá ser condensado bajo tu óptica y la de tu editor.

La directora Laura Poitras sabe muy bien que el mundo allá afuera está hecho de conexiones inesperadas, de sorpresas, de caminos largos, de momentos maravillosos, de cortinas, cortinones, de pañuelos, velos, y de mentiras y verdades tan estrechamente unidas que no queda más remedio que pensar que la fragmentación no existe y que detrás de los hechos, hay algo unificado, algo que cohesiona todo, algo esférico quizás, pero nunca sencillo, nunca simple. Desde el 2006, Laura Poitras anda armando una trilogía de documentales que gira en torno al tema del terrorismo y a la catástrofe del 11 de septiembre, tal como si buscara abarcar la totalidad de esa esfera, como si a través de sus documentales buscara mostrar la unidad que existe en cada cosa de la existencia, del bien y del mal de la existencia. Comenzó con My Country, My Country, documental centrado en un medico iraquí aspirante a político con aspiraciones democráticas en pleno tiempo de la invasión americana, para seguir con El juramento (The Oath, 2010), una filmación que le tomó a la cineasta unos cuantos años de idas y venidas de Estados Unidos a Yemen. En un principio y siempre bajo una perspectiva micro-macro, ella quería mostrar un regreso, la vuelta al hogar de algún prisionero islámico de Guantánamo, de alguien relacionado con Al Qaeda que fuese declarado inocente y que volviera a la patria. Para ello, Laura Poitras consiguió a Salim Hamdan, quien se encontraba en la prisión y en pleno proceso. Poitras, no obstante, viajó a Yemen a la búsqueda de entrevistar a su familia, y en esa búsqueda llegó al concuñado de Salim, un hombre fascinante de nombre Abu Jandal. Salim, cabe decir, había sido chofer de Osama bin Laden, y Abu, uno de sus guardaespaldas. Ambas se casaron con unas hermanas por mandato del mismo Osama, pero al final Salim, el simple chofer, fue quien fue capturado y enviado a Guantánamo, mientras que Abu, el más activo, el más radical, quedó libre. Abu resultó un personaje demasiado fascinante, y el documental absorbe ese poder. Salim pasa a ser una voz, una presencia invisible, y Abu, en cambio, lo ocupa todo. Es un hombre carismático, bien parecido, que habla con la gente y además está convencido de que occidente es el enemigo. Se expresa abiertamente, pero no apoya el terrorismo. Pareciera tener un alma trasparente. Cuida de su hijo, es bueno con él, trabaja duro. Se trata de un hombre común y corriente que vive su tiempo y su cultura. Incluso, a la vuelta de Salim, no enteramos de sus faltas, de sus miedos, de aquello que en el pasado supuestamente hizo. Allí entonces entendemos, o creemos entender, que la vida a veces es más grande que cualquier radicalismo, que cualquier juramento de muerte. Ese amor por la vida que allí vemos, es como hacer un documental. Al documental uno lo afronta con una convicción, con un paquete de ideas preconcebidas, pero entonces la realidad nos enfrenta y nos dice que no, que la cosa no es así. Lo mismo ocurre con la vida y las convicciones. La vida, el instinto de vida, es más grande que cualquier convicción, que cualquier idea. La historia que cuenta Poitras no es fácil, porque bien sabemos que los predicamentos que están detrás de estos dos hombres tan humanos y tan cercanos, son los mismos que llevaron a la destrucción de las torres gemelas y a tantas muertes. Entender no es lo mismo que justificar, ver el lado bueno de alguien no es abrirse, amar y aplaudir la oscuridad de alguien. ¿Quiénes son estas personas que quizás estuvieron a nada de formar parte de ese grupo de asesinos suicidas? ¿Qué piensan, qué pensaban? El documental gira en torno a eso y, como una película de suspenso, va girando en torno a el misterio. El misterio del ser humano, el misterio de la vida.

El juramento, este domingo 29 de enero, por Max.

Para retransmisiones, haz clic acá.

Etiquetas:

General

Un hombre que grita, o las convicciones del corazón

por max 23. enero 2012 15:41

 

Leo en alguna parte un comentario sobre Un hombre que grita (Un homme qui crie, 2010), donde se destaca que es de Chad, lo que resulta muy particular, pero sobre todo, que se trata de una película africana sobre África que no se regodea en los lugares comunes, en lo folclórico, en todo aquello que, cómo no, es África, pero que al mismo tiempo no es todo lo que hay en África, no es todo lo que se puede contar. Su director, Mahamat-Saleh Haroun (Bye Bye Africa, Our Father, Daratt), sin duda nos sitúa en una sociedad y en sus conflictos (inicios de la guerra civil), pero su centro está en la relación entre un padre y un hijo, su vida interior, sus tensiones, enfrentamientos. El cineasta apuesta por la complejidad del ser humano, allí donde amamos y al mismo tiempo odiamos, donde sufrimos y al mismo tiempo nos alegramos. Un hombre que se ve obligado a dejar su trabajo de toda la vida, un hombre que está bien allí donde está, un hombre ya de 55 años y sin mayores recursos, no puede sentirse feliz de que su propio hijo le quite ese trabajo. ¿Pero qué hacer cuando la vida misma del muchacho quizás dependa de la caída del padre? Sor Juana Inés de La Cruz dijo que amor es más laberinto; también podría decirse que amor es más sacrificio. Así, Mahamat-Saleh Haroun salta los escollos del lugar común y la corrección política buscando dentro. Recuerdo, a propósito, una respuesta de Leonard Cohen en una reciente entrevista que se le hiciera con motivo al estreno de su nueva producción. Cohen habla de las ideas, dice que lo que él intenta cuando escribe una canción es deshacerse de las ideas, que no le gustan las canciones con ideas. «Tienden a ser propaganda. Siempre están del lado correcto de las cosas: la ecología o el vegetarianismo o contra la guerra. Todas estas son maravillosas ideas, pero a mí me gusta trabajar las canciones hasta que estos eslóganes, con todo lo maravilloso que son y lo importante que promueven, se resuelvan en convicciones más profundas en el corazón. Nunca he escrito una canción didáctica. Sólo mi experiencia, todo lo que tengo que poner en mi canción es mi experiencia.»

Un hombre que grita, un film honesto, sencillo pero profundo, sensible pero no sensiblero, ganó el premio del jurado en el Festival de Cannes. Estreno, miércoles 25 de enero, por Max.

Para retransmisiones, haz clic acá.

Veer y Zaara, amor y sacrificio según Bollywood

por max 19. enero 2012 10:16

 

La idea del sacrificio es fundamental a muchas religiones. Desde el principio de los tiempos el hombre siente esa necesidad de hacer algo sagrado (sacro facere) que lo acerque a los dioses. Con la necesidad del acercamiento viene también la separación de este mundo, de los males de este mundo y el anhelo de permanecer —así sea por unos instantes— en un tiempo ajeno al que se vive, tan saturado de caos y locura. Quien se sacrifica obtiene un instante de eternidad. Quien se sacrifica, además se purifica, se libra de pecado. ¿Por qué? Porque quien llega a la altura del dios, sólo puede hacerlo lleno de toda suciedad. Esa purificación, esa salvación, suele ser no sólo individual, sino que suele extenderse hacia el otro, o hacia otros; es decir, con la purificación de quien se sacrifica o sacrifica, por extensión, se purifican otros. Eso hacían los sacerdotes, aquellos que conocían en exclusiva las maneras de llegar a los dioses. Ellos sacrificaban para los demás. Con el tiempo, el sacrificio comienza a ser interior, espiritual y requiere cada vez menos de un mediador burocrático. Entonces, alguien se sacrifica por los demás. Jesús Cristo se sacrificó por la humanidad, nada más y nada menos. Esa idea del sacrificio desde una persona para otras personas, permanece en el vocablo de la palabra, es decir, pasa al mundo secular, profano, allí, donde se instauran otras formas de religiosidad, como por ejemplo el amor. En el mundo apartado de lo místico, de los dioses, o del Dios, perdura la noción de sacrificio en el amor hacia otra persona. Grandes hombres de la humanidad han renunciado a las cosas materiales de la vida, a los placeres de la vida, y a la vida misma por amor a todos los hombres. A nivel individual, a nivel profano, la mimesis del acto pervive: un hombre se puede sacrificar por amor, por el amor, en el caso menos mítico y místico —dice uno—, por el amor a una mujer. Veer y Zaara (2004), dirigido por Yash Chopra, el director del cine romántico por excelente en la India, cuenta, por supuesto, una historia de amor que, como muchos filmes de Bollywood, se sume en la dificultades por causa de las diferencias de clases, los matrimonios arreglados previamente y los intereses de fortuna. El film abre con Veer (contamos de nuevo con Shah Rukh Khan) en prisión. Veer es un hombre replegado en sí mismo, que no habla con nadie, a excepción de Saamiya (Rani Mukerji), la joven abogado, comprensiva y humana, que ha venido para ayudarla en la apertura de su juicio. En este oscuro presente, Veer viajará veinte años hacia atrás y contará las causas de la privación de su libertad a través de los meandros de la sociedad a la que pertenece, de las castas, las razas, de dos países incluso que alguna vez fueron uno solo: India y Paquistán. Veer se enamora perdidamente de Zaara (Preity Zynta), pero en su camino hacia el amor no hay más que imposibilidades, y finalmente, sacrificio. Así, la gran historia de Veer tiene como base el sacrificio por amor. Al sacrificarse, Veer se convierte, cómo no, es una especie de mártir (en la confusión de las fronteras, se le cree incluso muerto por causa del incendio de cierto autobús donde viajaba), a quien ya la prisión no lo encierra, pues de él tenemos la sensación de haber superado este mundo. Veer no ha cometido ningún crimen, lo suyo fue un atrevimiento, el atrevimiento de un amor imposible. Pero él no sólo no cometió ninguna falta… se sacrificó además para salvar el honor de su amada.

Amor y sacrificio, este lunes 23 de enero en Veer y Zaara, dentro del ciclo de cine de Bollywod, por Max.

Para retransmisiones haz clic acá.

Corre Lola corre, o los universos paralelos múltiples

por max 18. enero 2012 13:58

 

Universo 1

El film Corre Lola corre (Lola Rennt, 1998), dirigido por el cineasta alemán Tom Tykwer, puede ser considerado un interesante ejercicio de estilo, lleno de velocidad y propuestas argumentales que me recuerda los famosos Ejercicios de Estilo de Raymond Queneau, un libro constituido por cien textos sobre un mismo episodio insignificante (un breve instante de un viaje en autobús donde un joven se queja de algo y luego es visto en una plaza), contado siempre de distinta manera, con distintos estilos… ¿en distintos universos?

 

Universo 2

El film Corre Lola corre (Lola Rennt, 1998), dirigido por el cineasta alemán Tom Tykwer, puede ser considerado una exploración a la teoría de los universos múltiples. A ver si me explico: Según la mecánica cuántica, cuando una partícula no es observada, sus movimientos pueden predecirse con exactitud matemática. Al contrario, cuando es observada, la partícula se comporta de manera irregular. Existe, para explicar tal irregularidad, la teoría de los universos múltiples. Según esta teoría, ante una posibilidad física el universo se divide, explorando la realización de todas esas posibilidades, es decir, el universo crea otros universos paralelos, donde lo que no aconteció acontece, y viceversa. Es decir, si un hombre se escapa de ser atropellado en este universo, en el otro, el hombre será atropellado, en otro recibirá un rasguño, en otro insultará al conductor y en otro no será atropellado pero morirá de un infarto por causa del susto. Lo cierto es que, según esta teoría comprobada matemáticamente por científicos de Oxford, existen otros universos creados a partir de posibilidades de acontecimiento, lo que explicaría la causa por lo que las partículas se mueven de formar irregular, al acontecer en éste y todos los otros universos. Corre Lola corre es una magnífica exploración de esta teoría y sus posibilidades. Una acción que en el tiempo del film (el de la historia) dura 20 minutos, se expande a otras posibilidades del mismo momento, hasta formar todo un largometraje.

 

Universo 3

El film Corre Lola corre (Lola Rennt, 1998), dirigido por el cineasta alemán Tom Tykwer, me ha inspirado la siguiente frase para el amor en los universos paralelos: «El beso que no me diste hoy porque dijiste que ya no me amabas, sí tuvo lugar en otro universo, donde sí me besaste, donde sí me amas.»

 

Universo 4

El film Corre Lola corre (Lola Rennt, 1998), dirigido por el cineasta alemán Tom Tykwer, llevó a que alguien escribiera esta frase en relación con su protagonista Franca Potente. Ese alguien dijo: «Francamente potente Franca».

 

Universo 5

El film Corre Lola corre (Lola Rennt, 1998), dirigido por el cineasta alemán Tom Tykwer, también me inspiró este mini cuento: «En otro universo, Lola no hace nada, se fuma un cigarrillo y se pone a ver en la tele una película que se llama Corre Franca Corre

 

Universo Max

El film Corre Lola corre (Lola Rennt, 1998), dirigido por el cineasta alemán Tom Tykwer, este viernes 20 de enero, por Max.

Para retransmisiones, clic acá.

Día especial con Joel Schumacher (y acá una filmografía)

por max 13. enero 2012 12:46

 

A la orden para dirigir

De Joel Schumacher podemos decir que es de esos directores que están ahí a la orden para dirigir. Podríamos decir que no es un autor a la manera cómo se entendieron autores Scorsese, Coppola o Allen. Pero, de un modo paradójico, Schumacher se ha terminado convirtiendo en un director de filmes de género (el thriller seguro, la comedia segura, la de terror segura; el seguro entre comillas, por favor) que si bien no podemos calificar como fundamentales en la historia de la cinematografía mundial, sí son piezas que tuvieron su momento, piezas que incluso todavía recordamos y que forman parte de la historia del cine norteamericano.

 

Diseño de moda y los ochenta

Schumacher estudió diseño de modas y tiene ese gusto para lo estético que aporta a su obra un interés y una calidad visual que están por encima de la media. Se dio a conocer en los años ochenta, cuando ya el furor del nuevo cine de Hollywood se había asentado (no me atrevo a decir que había pasado) y los ejecutivos, aprovechando aquel empujón, empezaban a hacerse del control de la situación, esta vez tomando como base el trabajo previo de aquellos que revolucionaron la manera de entender, hacer y ganar dinero en el cine a finales de los sesenta. Pero no se crea, Schumacher estuvo allí en esos años del estallido. Ya para 1973 lo tenemos en Los Ángeles (él es de Nueva York) haciendo el vestuario de Sleeper (El dormilón) de Woody Allen (otro de Nueva York). Cabe destacar que el vestuario en esta temprana obra maestra de Allen juega un papel muy importante, muy estrecho, y es así porque está magníficamente logrado en función de la delirante fantasía futurista de Allen. Quizás ya para entonces, Schumacher guardaba para sí el sueño de la dirección, porque al año siguiente (1974), dirige su primer film para televisión, Virginia Hill, la historia de una prostituta amiga del famoso pandillero Bugsy Seagal. Schumacher escribió el guión y dirigió la cinta; y esto hay que anotarlo: en aquellos años (estamos aún en los setenta), quien quería ser autor debía escribir, producir y dirigir su propia cinta. No es de extrañar que él, en aquel entonces, quisiera, pretendiera formar parte del grupo de cineastas del nuevo Hollywood, y anduviera trabajando para ello.


El salto a las estrellas

Después de otro film para televisión en 1975, Amateur Night at the Dixie Bar and Grill, el recién estrenado director por fin da al salto al cine con la comedia de género fantástico The Incredible Shrinking Woman (1981), para luego repetir con otra comedia dos años más tarde, D.C. Cab, protagonizada por Mr. T, comedia (como ya se dijo) a la que se añade mucho de acción. Para este momento, Schumacher ha tomado un camino que marca distancia con respecto al cine autoral. Es un director de éxito, sí, pero enmarcado dentro de las modas y los formatos que impone el cine comercial. En 1985 entrega St. Elmo's Fire, film que irá a formar parte de ese paquete de películas protagonizadas por jóvenes promesas. Recordemos a Sexteen Clandes (1984), Breakfast Club (1985), Pretty in Pink (1986), Ferris Bueller's Day Off (1986), entre otras. El amo absoluto en aquel entonces de este tipo de filmes era el guionista y director John Hughes; así que Shcumacher estuvo allí no para tomar un lugar y quedarse, sino para hacer su aporte, en todo caso más glamoroso y con estrellas un poco más adultas y sensuales como Demi Moore y Rob Lowe, y los ya clásicos del cine juvenil Emilio Estevez, Ally Sheedy y Judd Nelson. A estas alturas Schumacher asentaba una muy buena fama con claves fundamentales: sus películas tenían buena pintas, hacían taquilla y además él sabía dirigir estrellas. Empezaría así a ser un director para estrellas, y a oscilar entre los filmes de fantasía y suspenso y los dramas y las comedias suaves protagonizadas por grandes astros.

 

Entre la luz y la oscuridad

En 1987, Schumacher nos presenta Los muchachos perdidos (The Lost Boys), un film de vampiros protagonizado por figuras juveniles en aquel momento en alza: Kiefer Sutherland, Jason Patric y Corey Haim. Una historia de vampiros en América, vampiros juveniles, guapos y muy bien vestidos (recordemos que Schumacher estudió diseño de moda), pero también al mismo tiempo terroríficos y violentos. Joven espectador que en aquel entonces no se sintió fascinado con Los muchachos perdidos debió de haber estado viviendo a la orilla del mar sin salas de cine alrededor.

Luego, en 1989, el director volvería a hacer una comedia facilona con Ted Danson e Isabella Rosselini, Cousins, y al año siguiente saltaría al suspenso metafísico o científico con Flatliners, otro de los grandes aciertos de su carrera. Allí tendría a Julia Roberts y a Kiefer Sutherland, pero esta vez estaría más cómodo, pues se movería en un terreno donde ya se sentía más a gusto. Flatliners fue otro gran estallido de cartelera, y otra razón más para pensar que Schumacher era un excelente director de filmes de género. Los grandes estudios le tomaron confianza, Julia Roberts lo quería, y ahí estuvo de nuevo con él al año siguiente en Dying Young, un drama facilón, nada del otro mundo, pero protagonizado por ella, y eso era lo que importaba. Siguiendo en la tónica de una para la luz y otra para la oscuridad (tú eliges cuáles películas son de las luz y cuáles de la oscuridad), al año siguiente de Dying Young, Schumacher dirige el que quizás sea su film más original y más ajeno a todas las fórmulas de Hollywood: Falling Down, una verdadera pieza maestra llena de ruido e ira protagonizada por Michael Douglas, haciendo el rol de un desempleado que tiene un día de furia absoluta. Lo que hace aquel hombre, la manera cómo se alza contra toda la estupidez humana resulta tan dura y al mismo tiempo tan sincera que uno no deja de sentirse identificado. Una pieza rara, una pieza que pudiera haber hecho Scorsese, una película que podríamos llamar de autor.

 

 

Batman, Grisham, la caída

Luego vendría un período de la carrera de Schumacher que oscilaría entre John Grisham y Batman. The Client seguido de Batman Forever y luego y A Time To Kill para volver al enmascarado con Batman & Robin, film este último que lo lanzó al foso de la ignominia, pues fue un rotundo fracaso de taquilla y de crítica, tanto que los estudios le quitaron la secuela, y hasta el guión le rechazaron. Los fanáticos y el público lo odiaron, y en alguna entrevista Schumacher aparece pidiendo perdón por haber cometido tan horrendo crimen artísticos, que incluyó, para espanto de todos, tetillas en los trajes de Batman y Robin.

 

Salvadidas y otras lecciones

Al cerrar esta década, Schumacher se juega todo por el todo con dos filmes el mismo año: Ocho milímetros y Fawless. Con Ocho milímetros (8MM, 1999), el cineasta busca la reivindicación en una vuelta a las oscuridades, a los rincones del alma, allí donde (ya lo dije) mejor cine hace. Ocho milímetros, protagonizada por Nicolas Cage y Joaquin Phoenix, nos sumerge en el mundo de los filmes snuff, de la pornografía, del sexo abyecto, de la venganza y la muerte. Nos recuerda sin duda Tesis (1996) de Alejandro Amenábar, pero también Hardcore (1979) de Paul Schrader, un referente quizás mucho más cercano para Schumacher —Schrader formó parte de esa nueva ola de directores de Hollywood— y para Andrew Kevin Walker, el guionista de Se7en (1995), film de David Fincher que cambió la manera de contar y de mirar historias de asesinos en serie. Ocho milímetros es un film que se adentra en las oscuridades del alma, plantea profundo conflictos morales y escarba en torno a la naturaleza del mal. Fawless, por su parte, es un drama con toques de comedia y brochazos de oscuridad. Por supuesto, dos grandes actores lo apoyan: Robert De Niro y Philip Seymour Hoffman. De Niro hace de policía retirado y a punto de infarto, y Philip Seymour Hoffman de travesti adorable.

 

 

Ya con la lección aprendida

Vuelven entonces a subir los números de Schumacher, quien parece haber aprendido su lección, es decir, que lo suyo es el thriller, las oscuridades del hombre, allí donde hay guerras, drogas, asesinatos y mucho suspenso para dejarte pegado a la silla. Por ese camino sigue y nos entrega varios filmes de respetable factura: Tigerland (2000), su único film de guerra baja la batuta protagónica de Colin Farrell; Bad Company (2002), una de identidades suplantadas en el mundo de corrientes subterráneas que es la CIA, acá con Anthony Hopkins y Chris Rocks; Phone Booth (también 2002), otra vez con Colin Farrell y con el viejo amigo Kiefer Sutherlad, un film tenso, milimétrico, que explora también el mundo de la moral y los bajos instintos desde el breve espacio de una cabina telefónica; Veronica Guerin (2003), historia que no se aparta del camino de las oscuridades del alma, del suspenso ni tampoco de los dilemas morales y sociales, en este caso con la venia de Cate Blanchett como heroína. Al año siguiente entrega su primer musical, The Phantom of the Opera, basado en la novela de Gaston Leroux, pero sobre todo, en la obra de Broadway. Mucho decorado, mucho canto, mucho vestuario, mucha teatralidad; seguramente Schumacher se habrá sentido muy libre y muy cómodo contando esta historia que no deja de tener su fascinación por el lado oscuro. Tres años después, es decir, en 2007, Schumacher vuelve con The Number 23, protagonizado por Jim Carrey, un film que explora la naturaleza de la locura, de la escritura de ficción y del crimen. 2009 es el año de Blood Creek, y acá el director hace uso de los elementos de la venganza, las relaciones entre hermanos y la maldad del nazismo. En 2010 nos recibe con Twelve, basado en el libro de Nick McDonell publicado en 2002, cuando McDonell contaba con tan sólo 17 años. Se trata de la historia de un joven acomodado de Nueva York, que, tras abandonar la escuela, se convierte en traficante de drogas de niños ricos; un retrato generacional, una mirada fría y desgarrada a la juventud de nuestros tiempos, heredera de vicios y pocas virtudes. A finales del año pasado estrenó Trespass, protagonizada por Nicolas Cage y Nicole Kidman. Acá Shumacher vuelve a explorar en el mundo de la alta burguesía, quebrando su tranquilidad por medio de un secuestro en casa. Aquel encierro cargado de tensión, resulta una perfecta vía para adentrarse en los conflictos y oscuridades de los secuestradores y los secuestrados.

 

En la balanza de la gloria y la culpas

Joel Schumacher es un director que no puede ser dejado a un lado así nada más. Quizás algunos filmes de él nos parezcan realmente descartables. Son filmes que por ir tras la búsqueda de la taquilla han perdido su horizonte; pero Schumacher es también un director solvente que ha entregado piezas cinematográficas de gran factura con excelentes historias y excelentes actuaciones. Estamos hablando de un director que entre el ir y venir como caballo de batalla de los grandes estudios, ha ido buscando sus temas, sus obsesiones y las historias con las que se siente cómodo y con las que evita no caer tan bajo como cayó en la época de su segundo Batman. ¿Lo ha logrado? Está trabajando en eso, me parece, y todavía le quedan rollos de películas guardados en casa.

 

Lo que nos trae Max

Este mes, Max nos ofrece, tres filmes de Joel Schumacher. El jueves 19, disfruta de Ocho milímetros, Twelve y Los muchachos perdidos, una perfecta oportunidad para recordar los ochenta, para dar el salto de los noventa al siglo XXI, y para darle una vuelta a la joven generación de estos tiempos. La sociedad, sus horrores, sus pesadillas y sus realidades, todo, a través de la mirada de Joel Schumacher.

Recuerda, este jueves 19 de enero, Joel Schumacher estará en Max.

Devdas, o las pasiones de Shah Rukh Khan y Aishwarya Rai

por max 12. enero 2012 05:38

 

Este lunes 16 de enero continúa el ciclo de cine de la India, esta vez con Devdas (2002), uno de los filmes más conocidos internacionalmente del llamado Bollywood, y que dio a conocer aún más fuera del país a dos de sus más grandes estrellas: Shah Rukh Khan y Aishwarya Rai. Sha Rukh es el actor mejor pagado y de mayor prestigio en la India, todo un astro de sus predios. Aishwarya es una muy inteligente actriz y modelo, considerada en algún momento la mujer más hermosa del planeta (ver foto de arriba); de hecho, Aishawarya fue miss Mundo en 1994. No sé si signifique algo especial esto, pero Julia Roberts llegó a decir que era la mujer más bella de todas. Bajo la dirección de uno de los directores de mayor renombre de Bollywood, Sanjay Leela Bhansali, y con la actuación de estas dos grandes estrellas, Devdas dio un salto internacional casi inmediato, y llegó incluso a exhibirse en Cannes, donde causó revuelo. Un drama con canto y baile —como lo dicta la mágica fórmula de Bollywood— sobre un amor imposible, una especie de Romeo y Julieta con Leaving Las Vegas de Mike Figgis (¿recuerdas a Nicolas Cage en uno de sus pocos roles decentes y a la linda Elisabeth Shue haciendo de prostituta?). Como en la historia de los enamorados italianos, todo se inicia con un fuerte conflicto familiar, pero en este caso dado por las diferencias de clases; Devdas (Shah Rukh Khan) es el vástago de una familia adinerada, y está enamorado de Parvati, una bellísima joven (claro, es Aishwarya) de una clase social inferior. La familia de Devdas se opone al matrimonio de su muchacho con la cenicienta, y en consecuencia la madre de ella responde de una manera determinante: arregla la boda de Parvati con un viudo adinerado. El dilema del amor imposible arroja a las garras de la locura a Devdas, y lo sumerge en la prostitución y el alcoholismo. En este Leaving Las Vegas indio (aunque cabe destacar que el film está basado en una novela de Saratchandra Chatterjee, publicada en 1955, mucho pero mucho antes del film de Figgis), Devdas conoce a la cortesana Chandramukhi, interpretada por otra bellísima actriz india, Madhuri Dixit, ganadora de cinco premios Filmfare, el Oscar de la India. Chandramukhi resulta ser una muchacha dulce que se enamora de su Devdas, lo que contribuye a complicar los conflictos del film, y lo que, a pesar de su glamur, sus cantos y sus bailes, termina llevando la historia a un final desolador.

Como comentario de farándula, cuento que Shah Rukh Khan y Aishwarya Rai se enamoraron durante la filmación de Devdas, pero la relación terminó luego de unos pocos años, paradójicamente —al parecer—, por causa de las reacciones violentas de Shah Rukj Khan durante sus estados alcohólicos. La realidad y la ficción saben darse las manos para jugar juegos crueles.

Devdas, tercer film del ciclo de cine de Bollywood, este lunes 16 de enero por Max.

Para retransmisiones haz clic acá.

De dioses y hombres, o la belleza de un film espiritual

por max 10. enero 2012 09:43

 

Este domingo 15 de enero, Max no trae De dioses y hombres (Des hommes et des dieux, 2010) del cineasta Xavier Beauvois (Nord, Le petit lieutenant, Don´t Forget you´re Going To Die), un film basado en un hecho histórico acontecido durante la guerra civil de Argelia en los años noventa, conflicto armado y sangriento que se dio entre el gobierno y varios grupos radicales islámicos y que terminó arrojando más de 150.000 fallecidos, entre ellos, un grupo de monjes cistercienses secuestrados en 1996 en su monasterio Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, a 60 kilómetros de Argel. Aunque los hechos podrían dar para una cinta marcadamente política, Beauvois elige irse por otro camino, el camino que hace que este film sea una verdadera obra de arte. El cineasta elige centrarse en los monjes y en sus conflictos internos, elige lo espiritual, la duda, el corazón, el temple, la complejidad del ser humano y sus convicciones; elige hurgar en una decisión y ver qué hay tras ella, qué corajes, qué miedos, qué alturas. Aquellos monjes tenían en la zona varias décadas, las reglas de su congregación no estipulan la evangelización (es decir, no estaban allí para apartar del islamismo a nadie), sino el rezo, la meditación, la caridad y el buen hospedaje a los necesitados. Durante el film, Beauvois tiene el tino de ir mostrando el contraste de la vida de los monjes con lo que va ocurriendo en el mundo exterior; nos muestra el horror, pero también la estrecha y fraterna relación de los monjes con la comunidad. Aquellos religiosos estaban liderados por el padre Christian de Chergé, admirable hombre de origen francés que conocía Argelia desde joven y que estuvo también allí, luchando del lado de los franceses, durante la guerra de independencia de Argelia, donde un amigo musulmán le salvó la vida. Chergé era un hombre profundamente espiritual, creía en la hermandad de las personas y las religiones, incluso había sido un estudioso del Corán. Esa sabiduría la transmitió desde su priorato a los miembros del monasterio, y también a la comunidad. Aunque el film de Beauvois funciona a manera coral, no cabe duda de que la fuerza de la historia recae sobre el personaje de Chergé, interpretado por Lambert Wilson (a quien muchos recordarán como el merovingio de Matrix). Beauvois sigue a este prior y sus monjes desde el momento en que comienzan las amenazas a la comunidad, los crímenes cercanos, la clara animadversión de los fundamentalistas hacia ellos, y se centra en el recorrido espiritual que deben hacer los mismos para tomar la decisión que marcará sus destinos. No obstante, para llegar a ésta se da un proceso complejo de dudas, opiniones, confrontaciones entre los monjes y también con la comunidad. Al final los monjes deciden quedarse, y al hacerlo, conscientemente o no, se convierten en personas peligrosas. Usted simplemente no haga lo que los demás quieren que usted haga, y ya será peligroso. Quédese quieto, simplemente decida quedarse en el sitio, y verá cómo calienta los ánimos de quienes se pretenden los justicieros. Peores, los justicieros de Dios. Dentro del film, el cineasta nos ofrece la siguiente cita de Pascal: «Los hombres jamás hacen el mal tan completa y alegremente como cuando lo hacen por convicción religiosa». Dos cosas podemos sacar de esta frase en relación con el film. La primera, el director no se ubica a favor o en contra de ninguna de las dos religiones en juego; lo dañino, lo horrendo, es el fundamentalismo. La segunda, y ésta quizás sea una apreciación delicada: pareciera que la única manera de actuar ante lo radical, es siendo radical también. Pero ¿radical cómo? Pues queda demostrado que ser radical para los radicales es no obedecerlos, no temerles, no pensar como ellos. Los monjes, entonces, podríamos decir, tomaron una actitud extrema: se quedaron, aun sabiendo que sus vidas estaban en riesgo. Se quedaron, resistieron sin violencia, y resistir así, desde la paz, es quizás una forma de espiritualidad y de acción radical. Por aquellos días en que sospechaba la proximidad de la muerte, Christian de Chergé escribió su conocido «Testamento espiritual». En muchas partes del escrito, queda más que claro el amor del monje por Argelia y por sus hermanos musulmanes, y también su clara conciencia del conflicto en que se encuentra metido para ese momento: «Si me sucediera un día —y ese día podría ser hoy— ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.» Su vida era entrega, sin duda, y se proyectaba hacia el bien común. Sabiendo incluso que su muerte iba causar estupor internacional, hizo un llamado a la conciencia general: «Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato.» Y aunque tenía conciencia de que su nombre no pasaría en vano, con toda humildad expresó que su vida no tenía más valor que otra vida. «Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia. He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.» Y así continuó escribiendo: «Yo no podría desear una muerte semejante. Me parece importante proclamarlo. En efecto, no veo cómo podría alegrarme que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato.» Hacia el final del texto, Chergé volvió a hacer explícito su amor hacia Argelia y su respeto hacia el Islam: «Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente. Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.» Y luego pasó a cerrar dando las gracias a Dios por haberle permitido gozar la vida; dentro de esas gracias incluyó a sus amigos, a su madre, a su padre, y a aquel que será su asesino. Así lo dijo: «Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías.» Expresaba así no sólo su agradecimiento y su perdón sino también su deseo de encontrar a su asesino en el Paraíso, «como ladrones felices». Y así, en una demostración profunda de humanidad, Chergé finalizó su testamento de la siguiente manera: «¡Amén! ¡Im Jallah!»

De dioses y hombres, ganador del gran premio del jurado en Cannes y triunfador absoluto en los premios César, este domingo 15 de enero, por Max.

Para retransmisiones, haz clic acá.

Etiquetas:

The Hairdresser, o ser gorda en el capitalismo

por max 9. enero 2012 13:45

 

Con las vanguardias artísticas el concepto de belleza comienza a cambiar, y aquellos patrones del realismo que trae la modernidad se cuestionan a ultranza. La belleza, hasta aquel momento, tiene dos fuentes fundamentales: la realidad misma, en especial la naturaleza, que se entiende como la imitación o mimesis a toda lo que es la naturaleza y el mundo y, siempre de fondo, el canon de belleza que viene de los griegos, esa forma idealizada, estilizada, perfeccionada de la realidad. Ambas maneras de entender la belleza han corrido en paralelo a lo largo de los siglos, a pesar del empuje de las vanguardias, a pesar de aquella famosa frase de Lautréamont: «Bello como el encuentro de un paraguas con una máquina de coser sobre una mesa de disección». Si bien ahora la contemporaneidad conoce la relatividad del concepto, heredada de los cuestionamientos ya señalados, la belleza sigue cumpliendo con los parámetros que llamamos clásicos, que además estallan dentro del mundo de la moda, la publicidad, los concursos de belleza e incluso del porno, en un vórtice de referentes cada vez más idealizados y complejos. La muy flaca, la anoréxica, la tetona, la bembona, la de cintura estrecha, la muy alta, la de cuello muy largo, la achinada, la de ojos muy grandes, la nórdica, la latina, la negra, la oriental, y así, imagen sobre imagen, accesorio sobre accesorio, como si la belleza fuese una Barbie a la que vamos vistiendo según cada ocasión. Pero esta idea de la Barbie, no obstante, no deja de ser esencial. Hay un modelo, un ideal digamos platónico, un modelo de lo que es lo bello, que tiene su origen en aquella cultura griega que señalo, y aunque las variantes se pueden disparar hacia lo múltiple, lo que sí bien es cierto es que la belleza tiene sus límites. Los parámetros de la mujer bella, según la ley de mercado, existen. El mercado de la belleza se cotiza, y se cotiza alto y con fuerza, y con ganas, y con fervor.

The Hairdresser (2009) de la directora Doris Dörrie, apunta hacia estas cuestiones de lo bello, y nos presenta a Kathi (interpretada por Gabriela Maria Schmeide), una peluquera de Berlín, madre sin pareja y extremadamente gorda confrontando, precisamente, su obesidad en un mundo donde el aspecto, la imagen, la belleza dominan las relaciones y los negocios: el mundo de las peluquerías, que corresponde a su vez al naciente capitalismo de la Berlín unificada. Kathi resulta una extraña en el nuevo mundo de su competencia laboral, su aspecto es desagradable para muchos, como la raza también es desagradable para muchos. Kathi y los otros, Kathi que se convierte en los otros. De allí su relación estrecha con los inmigrantes orientales que vemos en el film, de allí que ella provenga incluso del otro lado del muro, y que en la Berlín ya unificada intente integrarse a la sociedad del mercado, allí donde todo, oficio, publicidad, belleza y política es parte de la misma cosa. Jean Baudrillard decía que ahora vivimos en un mundo donde todo se ha vuelto estética, donde todo se ha vuelto arte y a la vez ya no hay arte de tanto que ha proliferado en todas partes. En una sociedad así, quien no comparte parámetros de belleza y no juega a las leyes del mercado, pasa a ser el otro. El otro que viene del otro Berlín, el otro que es obeso, el otro que es madre soltera, el otro que es de otro país y que es pobre e inmigrante, de otra raza, el otro que no encaja. Todo esto está en The Hairdresser visto desde el punto de vista de la comedia, aguijón de lindos colores que nos hace reír pero también nos pone en frente realidades, quizás con un poco de optimismo (reflejado en el personaje) algo sobrecargado… pero vamos, la alegría también cuenta ante una pelota de idiotas que quieren agarrarse la felicidad sólo para ellos y cómo ellos dicen.

The Hairdresser, este viernes 13 de enero, por Max.

Para retransmisiones, haz clic acá.

archivos
 

etiquetas
 

más comentados