Eva y Lola, o una exploración a la identidad

por max 28. febrero 2011 09:00

 

 

Eva y Lola (2010), el tercer largo de la argentina Sabrina Farji es un film con un fuerte basamento político que explora el tema de los desaparecidos y de los niños apropiados por los militares. Desde sus personajes y desde la técnica, Farji nos aporta una visión delicada, femenina y muy contemporánea de un tema que ha sido tratado en Argentina con profusión y en distintas artes. En este caso tenemos a Eva y Lola, dos muchachas de nuestros tiempos, con muchos elementos en común. Son amigas, son delicadas, bonitas, trabajan juntas en un cabaret donde realizan un performance artístico. Pero la dictadura del pasado también es un nexo común. Eva habla por el celular —imagina que habla— con su papá desaparecido; Lola va a descubrir que sus padres no son sus padres. Sin duda, el film de Sabrina Faji tiene una deuda y una filiación con otro de hace casi tres décadas atrás, el muy recordado trabajo de Luis Puenzo, La historia oficial. De Puenzo, Sabrina Farji toma el tema de los niños robados por militares, y también toma el elemento profundamente humano. Porque este film que evidentemente se inicia o se monta sobre lo político busca alcanzar mayores alturas, espacios más espirituales y humanos a través del tema de la identidad y de lo femenino. El espacio de la política, de la juventud, del amor y la familia se conjugan a profundidad y con delicadeza para permitir el juego de exploración de los personajes, todo llevado con talento y pasión por las dos jóvenes actrices Celeste Cid y Mariela Vitale, ambas hermosas, ambas muy sensuales. Porque Eva y Lola no sólo atiende a lo político y a la identidad, sino que también se permite momentos de humor, de ternura y erotismo. Cine joven, con fotografía atrevida y propuesta estética diferente. Una voz femenina y talentosa tras la cámara que nos habla de una historia de horror y búsqueda que sigue interesándole y doliéndole a los argentinos y al mundo. Sin la identidad una parte de nuestra alma, está muerta.

Eva y Lola, este miércoles 2 de marzo. Descubre Max.

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Dawson, Isla 10, o la desolación conciliada

por max 25. febrero 2011 13:37

 

 

Miguel Littín es chileno, director, guionista, escritor y personaje de un libro de Gabriel García Márquez. Ha sido nominado al Oscar, a Cannes, y fue gerente general de Chile Films durante el gobierno de Salvador Allende. Antes de ser gerente general, realizó un film titulado El chacal de Nahueltoro (1969), película que fue todo un éxito de público, pero que principalmente buscaba llamar la atención sobre ciertos elementos sociales y políticos. Allí se denunciaba crudamente el estado de miseria en que vivía el campesinado y las injusticias que padecía. Así que Littín era un luchador social, un hombre que creía en la igualdad, la fraternidad y en los trabajadores desprotegidos. Entonces llega 1973, el golpe de Estado a Salvador Allende, y Miguel Littín debe entonces llevarse sus creencias para otro lado, para México específicamente. Así que no todo en la vida de Littín ha sido una maravilla. Aunque digamos que a él le fue mejor que a otros que no pudieron salir de Chile. Esos otros fueron capturados y llevados a un campo de concentración, a la Isla Dawson.

La isla Dawson se encuentra situada en el archipiélago chileno de Tierra del Fuego. Es un lugar de mucha naturaleza, desolado, e incluso puede producir en nosotros un sentimiento «semiagradable por ser poético», y gracias al cual «el espíritu recibe las más austeras imágenes naturales de lo desolado o lo terrible.» Así describió Edgar Allan Poe en «La caída de la casa Usher» la sensación que por lo general se tiene ante este tipo de paisaje. Pero si nos detenemos un rato en la isla Dawson, si nos adentramos en la historia que algunas de sus estructuras esconden, entonces quizás cambiemos de opinión, y en nosotros entonces se anide «una frialdad, un abatimiento, un malestar de corazón, una irremediable tristeza mental», para seguir con las palabras de Poe en el magnífico cuento de los hermanos Usher. En la isla Dawson estuvieron encerrados muchos de los colaboradores de Salvador Allende luego del golpe de Estado. Los presos debían realizar trabajos forzados como desalambrar la zona (antes había sido un lugar donde se criaba ganado), construir canales, cargar grandes piedras, hacer caminos e instalar postes telefónicos. Se trabajaba también en un pantano sacando fango y vegetales en descomposición. Era un lugar muy frío, con temperaturas bajo cero, y los que allí fueron destinados carecían de las ropas adecuadas. Los tratos no eran realmente los mejores; los presos, incluso, perdían su nombre. Sergio Bitar, ministro de Estado de Allende (más adelante ministro de la Bachelet), fue uno de los que se vio obligado a prescindir de su nombre. Él fue «Isla 10». Muchos años después, Bitar escribió un libro sobre su experiencia en Dawson. El libro, dedicado a sus hijos, se tituló de la misma manera con que fue momentáneamente designado: Isla 10. Basándose en los crudos testimonios de Bitar, Miguel Littín filmó y estrenó en 2009 el film Dawson, Isla 10. Littín, siempre fiel a su compromiso humano y social nos trae este durísimo testimonio desde una isla, desde un campo de concentración construido (se dice) por unos de los nazis más terribles de la historia (y que sin embargo murió de viejo y muy tranquilamente en Chile), Walter Rauff, quien para aquel entonces era un empresario próspero en Punta Arenas. Littín, a pesar del temperamento batallador que ya le conocemos, pretende mostrar en el forzoso encuentro humano de la isla una imagen conciliatoria del mundo a través de una complicidad, acercamiento o empatía de cierto grupo de militares con los prisioneros. La isla entonces se convertiría en una propuesta de mundo, donde los bandos encuentran paz en lo humano. Littín pareciera decirnos que nada puede ir hacia adelante si no nos reconciliamos con nuestro pasado. En Chile todavía el dolor del pasado hace estragos, quizás Littín y su financista, el gobierno de la Bachelet en aquel entonces, sintieron que un film como Dawson, Isla 10 contribuye a ese proceso interno del país, del alma del país.

Dejo para finalizar un detalle más con respecto a las estructuras construidas por el nazi Rauff allá en Dawson. En su libro La caída de Allende, anatomía de un golpe de Estado, Luis Vega cita a Sergio Vuskonic y su libro Dawson. Dice así: «…(Vuskonic) señala una cosa característica: en la mente de los militares, en la mente del nazi Walter Rauff, que diseñó este campo, no tienen lugar las líneas curvas. El campamento era absolutamente rectilíneo. Para ellos sólo la línea recta es perfecta porque predispone al hombre "al respeto a la disciplina", la buena disposición y la tranquilidad moral.»

Dawson, Isla 10, este lunes 28 de febrero. Descubre Max.

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Martin Scorsese lleva a Hugo Cabret al cine 3D

por max 25. febrero 2011 05:22

 

 

Esperemos que para este año (o el que viene por nuestros lados) podamos disfrutar de Hugo Cabret, la más reciente producción de Martin Scorsese, historia inspirada nada y nada menos en lo que se considera como un libro para niños escrito por el muy conocido ilustrador y escritor Brian Selznick. ¿De qué se trata el asunto? Pues de un niño que vive en el metro de París a finales de los años 20, y que un día se encuentra un juguete muy particular, un autómata destartalado. El niño decide reparar al autómata y es entonces cuando comienza una aventura maravillosa que gira en torno a una llave misteriosa y al mismísimo Georges Méliès, precursor del cine, mago y hacedor de juguetes. Selznick, el autor del libro, ha contado que encontró la inspiración para el mundo de Hugo Cabret luego de leer Edison's Eve: A Magical History of the Quest for Mechanical Life, de la autora Gaby Wood. El texto de Wood cuenta la historia —real— de unos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de París. Por ignorancia, la colección fue abandonada en un ático, y eventualmente, tirada a la basura. Dice el mismo Selznick: «Me imaginé a un muchacho encontrándose con una de esas máquinas rotas y oxidadas y, en ese instante, nacieron Hugo y su historia». ¿Qué llevó a Scorsese a meterse por estos rumbos? Pues la historia es demasiado fascinante, y resulta además ideal para ser llevada al cine 3D, formato que en los últimos años ha tomado nuevo empuje. Así que Scorsese, seguidor asiduo de la tecnología cinematográfica, no podía dejar pasar la oportunidad de hacer su primer film para 3D. Pero no sólo esto, la historia contada descubre un fuerte lazo con Méliès y, como bien sabemos, Scorsese no sólo es fanático de los artilugios del cine, sino también de su historia. Para el cineasta, este film se presenta como una magnífica oportunidad para hablar del cine, de cómo los seres humanos se relacionan con esta cosa que llamamos séptimo arte, y de lo fuerte que son esos lazos. «Es realmente la historia de un niño», explica Scorsese en una entrevista para The Guardian, «pero el asunto es que él termina haciéndose amigo de un ya envejecido Georges Méliès, quien fue encontrado en 1927, o en 1928, trabajando en una tienda de juguetes, en la bancarrota total, y que entonces fue homenajeado con una hermosa gala en 1928, en París. En mi película, el cine en sí es la conexión —el autómata, la máquina se convierte en la conexión emocional entre el chico, su padre, Méliès, y la familia del chico. Es sobre cómo todo termina uniéndose, cómo la gente se expresa usando emocional y sicológicamente la tecnología. Es sobre la conexión entre la gente, y eso que les falta, y cómo ese elemento tecnológico sirve para reemplazar lo perdido.»

El reparto del film: Chloe Moretz , Jude Law (como el padre de Hugo), Christopher Lee, Emily Mortimer, Ben Kingsley (como Papa Georges), Sacha Baron Cohen (sí, nuestro recordado Bruno), Ray Winstone, Asa Butterfield (como Hugo Cabret), entre otros.

Sólo queda esperar a que llegue a la salas de cine. Mientras tanto sigue disfrutando del cine de Martin Scorsese en Max. En marzo, tendremos más de After Hours, no dejes de verla.

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Bellamy, o el amor y el crimen en Chabrol

por max 25. febrero 2011 05:04

 

 

El amor y el crimen. Chabrol siempre estuvo particularmente interesado en esos temas. Alguien podría decir que su interés fundamental era la infidelidad y el crimen, o la pareja y el crimen. En el fondo, en verdad, estamos hablando del amor. En Bellamy (2009) hay un diálogo donde el inspector Bellamy, interpretado por el gran Gerard Depardieu, pregunta si el crimen ha sido cometido por amor. Para este detective, representante de la ley, pareciera que hay un matiz entre el crimen cometido por amor y el crimen cometido por avaricia. ¿Pero y cómo un representante de la ley cae en estas sutilezas? Crimen es crimen. Sí, pero el inspector Bellamy está de vacaciones. ¿Y eso qué? Las vacaciones no justifican. Sí, pero las vacaciones son acá una metáfora, y también un homenaje. Empecemos por el homenaje: Chabrol, al ubicar en el tiempo de vacaciones a su inspector, hace un saludo a algunas novelas de la tradición detectivesca europea. El tópico de la vacación fue tratado en más de una novela de Agatha Christie y Georges Simenon. Tanto Poirot, como miss Marple (sobre todo miss Marple), como el comisario Maigret aceptaron casos durante sus vacaciones. Y claro, los resolvieron siempre llevados por esa necesidad de la verdad. De descubrir la verdad dictada por la ley. En el caso de Bellamy, la versión detectivesca de Chabrol, pareciera que hay necesidad de otras verdades, de otras verdades que no están necesariamente atadas a la ley. Bellamy, al encontrarse fuera del oficio, se puede permitir ser él y no la máscara de la ley. Él, un hombre con secretos oscuros, un hombre que ama, un hombre que sufre. Bellamy más complejo que la ley, más complejo que la razón del mundo. Un ser humano. Así, aunque pareciera que Bellamy se comporta como aquel sabueso que no puede dejar de buscar la verdad incluso estando de vacaciones (como sus predecesores), en realidad está comenzando un viaje dentro de sí mismo, un viaje que quizás, por mantener durante tantos años la máscara de la ley, será vertiginoso y amenazante. Aquí pues está la metáfora, la que nos dice que, por fuera de la ley, hay otro mundo, más complejo, saturado de sensaciones, pasiones y pulsiones desconocidas, que son las que mueven el amor, pero también el crimen, según lo ve Chabrol. El hombre soporta o no soporta tales complejidades, las vive o no las vive. De allí que encontremos ese dilema en el film de Chabrol. Hay ocasiones, se dice en alguna parte del film, donde el crimen no se lleva a cabo para eliminar a otro, sino que se lleva a cabo para eliminar una parte de uno mismo, una oscuridad, una obsesión, una locura. Una parte de uno que al liberarse, quizás te deje en paz, quién sabe. Bellamy pareciera contar dos historias: por un lado, está el acosador de la casa de campo (Jacques Gamblin), que busca al inspector para limpiar un asesinato, su propia muerte (un seguro de vida, una amante para huir), y por otra parte se encuentra el hermanastro de Bellamy (Clovis Cornillac), un joven vicioso y loco que formará un triángulo en la relación del inspector y su esposa (Marie Bunel). Todo, en lo que parecen ser dos historias, está cruzado por el amor y el crimen, allí, en esa línea fronteriza donde se difuminan las leyes de los hombres, de la burguesía que tanto Chabrol criticó. Así, el cineasta nos muestra el lugar donde otros poderes mandan, donde las seguridades del bienestar se derrotan, donde el amor es una puerta a la muerte. Chabrol revuelve y nos cuenta verdades.

Bellamy, otro film del gran Claude Chabrol, en memoria, este mes de febrero dedicado a los grandes cineastras. Disfrútalo el miércoles 23 de febrero, y luego, el sábado 26, en doble tanda con La mujer partida en dos. Chabrol, sin duda, lo merece. Descubre Max.

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La mujer partida en dos, o Cabrol, oh Chabrol

por max 25. febrero 2011 04:47

 

 

Chabrol es uno de esos nombres que uno tiene entre ceja y ceja en la universidad. Chabrol, oh Chabrol, decía uno hace un montón de años. Mucha agua ha corrido desde entonces, ya dejamos la universidad, y Chabrol, por su parte, ya no está en el mundo. Llegó a los ochenta años. A los ochenta haciendo cine, un cine de calidad que te hacía seguir diciendo, Chabrol, oh Chabrol.

El realizador francés nació en París en 1930. Quién sabe si pudo haber sido farmaceuta, como lo dictaba la tradición familiar, pero en algún momento de su camino se le atravesó la Twentieth Century Fox y él se convirtió en su jefe de prensa. Después, empezó a trabajar como crítico en la prestigiosa Cahier du Cinéma. Fundada por el crítico André Bazin en 1951, a través de la revista se encontraron cineastas como Rohmer, Truffaut, Goddard y Rivette, realizadores todos que dieron inicio a la llamada Nueva Ola del cine francés. Habría que incluir a Resnais, claro está, triunfador junto con Truffaut en el Festival de Cannes de 1959. Resnais por Hiroshima mon amour y Truffaut por Los 400 golpes. Aquel triunfo en Cannes, marcaría el momento cumbre del nuevo cine francés. Pero volvamos a Chabrol. Tres años antes de la apoteosis de la Nueva Ola en el afamado festival, el joven Claude trabajó como actor (y guionista) en Le coup du berger, cortometraje de Rivette (considerado por muchos el padre de la Nueva Ola); y en 1958, apenas uno antes de la premiación, aquel muchacho ya había dirigido su primer largo: El bello Sergio. Por este film, Chabrol obtendría el premio al Mejor Director en Locarno. En el 59, sería premiado en Berlín por Les cousins. Así, aunque Cannes no le premiará hasta el 78 (por Violette Nozière), Chabrol se alzaría como uno de los máximos representantes del nuevo cine francés.

Desde sus primeros trabajos, Chabrol no sólo se muestra como uno de los exponentes de ese movimiento, sino que también deja ver los caminos de su propia personalidad, su gusto por el género policial, por Hitchcock. De verdad que el asunto no luce fácil: mezclar el vago argumento de la Nueva Ola con el suspenso inglés requiere de mucho talento. No obstante, ya en un film como L'oiel du malin (1962) se empieza a notar esa fusión que más tarde lo hará célebre. Así, entre la Nueva Ola, el suspenso a lo Hitchcock y una muy fuerte crítica a la sociedad burguesa (La mujer infiel es una clara muestra de todos estos elementos juntos), Chabrol encuentra sus armas particulares, y con ellas avanza y arremete a todo lo largo de su carrera. Uno de sus últimos films, La mujer partida en dos (La Fille Coupée En Deux, 2007) aborda la historia desde esa maestría que lo consagró como uno de los grandes del cine de misterio; una cinta que tiene como base un triángulo amoroso, donde la parte que corresponde a lo amoroso no entraña belleza espiritual ni personajes empáticos. Todo en La mujer partida en dos es crudo, frívolo, atroz. Chabrol está allí metiendo el dedo en la herida de la sociedad burguesa una vez más; le da duro a los intelectuales, a los aristócratas decadentes, a las comodidades de los juegos perversos sin riesgos aparentes. El maestro Chabrol repasó acá sus antiguas obsesiones, sus antiguos gustos y nos legó una de sus últimas maestrías.

La mujer partida en dos, el martes 22 de febrero. Descubre Max.

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Oil City Confidential, o los muchachos hartos que hicieron rock

por max 25. febrero 2011 04:23

 

    

Eran muchachos que estaban hartos. Hartos que no es lo mismo que cansados. El cansado se queda ahí, y listo. El harto no, el harto reacciona, estalla, grita, destroza, hace. Hace algo.

Pues aquellos muchachos estaban hartos, y reaccionaron contra el llamado rock progresivo, esa tendencia exquisita, demasiado intelectual, demasiado experimental, demasiado tecnológica que en cierto momento, según estos jóvenes, hizo que la emoción original del rock se perdiera. Entonces hubo una necesidad de volver a las fuentes. Aquellos muchachos ingleses, sobre todo londinenses, dijeron, vayamos atrás, toquemos música con nuestros instrumentos básicos, con la guitarra, con el bajo, con la batería, toquemos música que se entienda, cerca de la gente, sin grandes aspavientos, en los bares, en los pubs, en los clubs. Y así, se volvió de nuevo a tocar country rock, y blues, y rock clásico. Aquellos muchachos eran rebeldes, eran duros, eran locos. De hecho, se dice que fueron los precursores del punk.

    La banda Dr. Feelgood apareció por aquellos años, específicamente en 1971, y forma parte de ese movimiento del pub rock que revolucionó la revolución musical y volvió a poner las verdades del rock en su sitio. El documental Oil City Confidential (2009), nos cuenta la historia de esta enloquecida banda de pub rock. Se trata de una magnífica pieza dirigida por Julien Temple (Aria, Joe Strummer: The Future Is Unwritten, The Filth and the Fury Poster; ente otros), un muy experimentado director que desde sus principios se ha especializado en la música, pero sobre todo en los años previos al punk y en el mismo período punk. Donde mejor Temple ha desarrollado estos gustos es en el documental, allí, sin duda, se destaca como un cineasta acucioso y divertido, de narrativa ágil y creativa. Oil City Confidential, el retrato de Dr. Feelgood, es uno los sus mejores ejemplos.

    Oil City Confidential, disfrútalo el jueves 17 de febrero. Descubre Max.

    Y acá, de regalo, un video de Dr. Feelgood, un video de su tiempo, de verdad.

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A Single Man, o los personajes contenidos de Colin Firth

por max 25. febrero 2011 03:44

 

 

Sí, sí, a lo mejor alguien más exquisito lo recuerda como Geoffrey Clifton en El paciente inglés (1996), pero yo no. Yo pienso en Colin Firth, y lo recuerdo, de una vez, en su rol de Adrian LeDuc en aquel film que todavía tengo como una pieza magnífica, Apartamento Zero (1988) de Martin Donovan. Ya para aquel entonces, Firth tenía perfilado un personaje que luego variaría en interpretaciones más o menos oscuras, más o menos empáticas, siempre con cierto toque de comedia, pero al mismo tiempo lleno de tensiones internas, peligrosas.

Los personajes de Firth, podemos decir, siempre están a punto de estallar. Hay quien dice que el actor tiene especial preferencia por personajes extraños. A esto, él respondió en una entrevista: «Alguna gente dirá que es algo que tiene que ver con una parte oculta de mí, pero yo creo que es algo mucho más simple que eso: es sólo que la gente normal no es muy interesante que se diga». Firth es inglés, nació en Grayshott, Hampshire, en 1960. Como buen inglés, tiene el humor bien afinado, y gusta, sí, de personajes extraños que le permitan divertirse, y por supuesto, demostrar su talento como uno de los actores más importantes de la actualidad. Con la ceremonia ya muy cercana, esta nota no puede dejar a un lado el hecho de la nominación de Firth a Mejor Actor en el Oscar por su rol en The King's Speech. Es este año, nadie puede negarlo, uno de los candidatos más fuertes para el premio. Considerando que Bridges está nominado y ya ganó el año pasado, y que Bardem también ya ganó, pues Firth tiene ahora muchas posibilidades. Tomemos en cuenta además que ya se llevó el Golden Globe por dicho papel, así como en el BAFTA, y otra buena cantidad de premios. Firth, dicen muchos, es un tiro al piso, tan seguro como eso. El actor británico se merece tales premios; no es fácil representar personajes patéticos, inseguros y violentos internamente. Recordémoslo en aquel film de 1988, recordémoslo también haciendo de Darcy en los filmes de Bridges Jones. Un tipo muy a lo inglés, muy recto, muy tradicional, ridículo o cursi, pero con una profunda fuerza interior, que en ocasiones puede ser hermosa, y en otras muy oscura. «Yo tengo como una especie de neutralidad, físicamente, que me ha ayudado. Tengo una cara que puedo hacer que se vea mucho mejor o mucho peor, dependiendo de cómo quiero lucir». Y es así, Firth en ocasiones puede verse como todo un galán, y en otras, como un tipo simplón, y en otras como alguien realmente atormentado. Tiene eso que hay que tener, físicamente, y también desde el punto de vista del talento.

Este mes, Max nos trae otro film gracias al cual Firth se granjeó una nominación al Oscar, justamente el año pasado (Bridges se llevó el premio en esa oportunidad, ya lo dijimos). Se trata de A Single Man, dirigido por el diseñador de modas, el salvador de Gucci, Tom Ford. A Single Man, basado en la novela de Christopher Isherwood, es la historia de un profesor, de un alto académico que decide acabar con su vida por causa de la muerte de su amante en un accidente de tránsito. Su amante, cabe decir, su amor de toda la vida, era otro hombre. Firth lidia acá con un personaje muy serio, comedido, pero que al mismo tiempo atacado por la depresión, por el dolor de la pérdida y por el ansia de suicidio. Un personaje nada fácil que Firth supo llevar a excelente puerto. Una actuación que sólo un grande puede acometer.

A Single Man, miércoles 16 de febrero. Descubre Max.

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Cassandra´s Dream, o Allen el autor

por max 23. febrero 2011 13:44

 

 

Woody Allen, otro director de esos que se las traen. Woody Allen, un autor. De eso no debe caber duda. Todo lo de Allen es de él, hasta su película más comercial es suya, de su autoría, trabajada desde su interioridad, trágica, cómica, dramática. Hasta el mismo Coppola llegó a decirlo: «Woody Allen se sienta, escribe el guión, se levanta y hace la película, una tras otra. Él nunca filmaría un libro de Grisham. Su carrera es la que más respeto me merece. Siempre deseé ser capaz de hacer lo que él hace.» ¡Vaya, lo dice Coppola! Y en verdad es así, desde aquel lejano 1965, cuando escribió oficialmente con su firma su primer guión para cine, lo que ha hecho Woody Allen es ser un autor. Autor en la escritura, autor en la actuación, autor en la dirección. Allen empezó en el cine escribiendo y actuando. Antes de 1965 ya había escrito para televisión, pero nada para el cine hasta ese año en que Charles Feldman y Warren Beatty fueron a verlo al Bitter End, en el Village, con el fin de contratarlo para escribir ¿Qué tal, Pussycat? Allen pidió cuarenta mil dólares y ellos le dijeron treinta; Allen aceptó los treinta, pero a cambio de su actuación en el film. Warren Beatty sentiría que Feldman le daba cada vez más papel protagónico en el guión a su novia Capucine, y que Allen, por su parte, le quitaba también protagonismo. Finalmente, Beatty renunció al film. Se arrepentiría, la comedia fue un exitazo de taquilla. Así pues comenzó la carrera en el cine de Allen. Con alguien enojado, y con él escribiendo y actuando. Un año después, dirigiría su primer film, una adaptación muy propia de un film japonés, que en inglés se llamó What's Up, Tiger Lily? Así, tal cual, con pregunta incluida y todo para no romper el amuleto de la suerte. Desde entonces, Allen no ha parado de hacer cine. Obras maestras muchas, entre más de cuarenta películas.

Este mes, Max nos trae Cassandra's Dream (2007), otra de sus cintas donde el amor es el tema de rigor, muy ligado, eso sí, a la culpa. Protagonizado por Ewan McGregor y Collin Farrell, el film nos cuenta la historia de dos hermanos que en un principio se manejan desde el estereotipo (Farrell es el chico malo), pero que luego se van haciendo cada vez más complejos en la medida que el tema de la culpa se asienta en la cinta. De las ilusiones y de la mezquindad del alma, de ese convertir los sueños en basura, surge la culpa; en este caso, un crimen que viene concitado por un tío inesperado (Tom Wilkinson), que luego desaparece para dejar paso a un universo donde la tragedia griega y el Raskolnikov de Dostoievski se dan la mano. Porque cuando hablamos de culpa, nada nos retrae de Raskolnikov, aquel asesino azotado por los demonios (o por los ángeles) de la culpa. Cassandra's Dream podría incluirse dentro del siglo londinense de Allen, junto con la fabulosa Match Point y Scoop, tres cintas marcadas por el elemento criminal (acentuado con genio en Match Point), muy inglés todo podríamos decir. Aunque, no debemos olvidarlo, Allen ha tratado el tema del asesinato con anterioridad. Baste nombrar como ejemplo Manhattan Murder Mistery, una excelente comedia de misterio, para mí, una de mis preferidas.

Cassandra's Dream, el viernes 11 de febrero, formando parte de este homenaje a los directos que nos gustan, que se ganan nuestro respeto, y que este mes de febrero está aquí. Así que en febrero, descubre Max.

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El juego de las lágrimas, o las verdades sin máscaras

por max 23. febrero 2011 13:36

    

 

Este miércoles 9, Max le rinde homenaje a otro de esos directores que nos gustan, que hacen grandes películas. Esta vez le toca a Neil Jordan, un irlandés con carácter que gusta hablar de política y de libertad, de cómo lo oscuro y lo luminoso, y el individuo y la sociedad están íntimamente relacionados. Todas las personas, hasta la más periférica, hasta quien parece más alejado del mundo lleva su parte en la sociedad. Es como si Jordan asumiera que el mundo es una gran mentira, que su gran historia está repleta de disfraces, de malos entendidos, de caminos incorrectos, y que la verdad se encuentra en lo pequeño, en la historia mínima de personajes aislados, aparentemente corruptos o frívolos que sólo saben de sí mismos, de sus miserias o sus pequeñas vanidades. Pero Jordan parece ver detrás de ellos, la revelación de grandes asuntos. Son almas que han decidido vivir su verdad. Son personajes que, de algún modo, resultan más sinceros que cualquier otro, que han decidido ser lo que son. Cuando estos seres se encuentran con otros, se produce una confrontación, una sacudida de las estructuras de aquellos que los enfrentan. El amor, el odio, la oscuridad y la luz, lo íntimo, lo social, todo se une magistralmente bajo la mirada de Jordan. Los lobos y los vampiros de En compañía de lobos (1984) y Entrevista con el vampiro (1994) son entes que viven fuera de lo social pero que nos revelan mucho de nosotros. Los héroes muy masculinos, netamente sociales como Michael Collins, son también entes que desequilibran lo social, y luchan contra la resistencia de lo establecido. Los transexuales y los homosexuales muy femeninos también son rechazados por la norma, y considerados casi seres inferiores. Todos ellos, sin embargo, podrían arrebatarnos las máscaras y dejarnos al descubierto desde sus distintas maniobras. ¿Qué somos? ¿Qué somos en verdad? ¿Cuál es nuestra verdadera lucha? ¿Qué olvidamos en el camino? Filmes como El juego de las lágrimas (1992) explora estas interrogantes a través de la figura del transexual. Figura y situación que no puede dejar de recordarme la obra teatral de 1988 escrita por David Henry Hwang, basada en los amores reales del diplomático francés Bernard Boursicot y el cantante de ópera pekinés Shi Pei Pu. Como muchos recordarán, esta obra teatral fue estrenada en cine en 1993 por David Cronenberg, bajo el nombre (el mismo de la obra dramática) M. Butterfly. Pero volviendo a El juego de las lágrimas, acá Jordan enfrenta a un terrorista (Stephen Rea) con Dil, un transexual (Jaye Davidson) y ex novia de un soldado (Forest Whitaker) con quien el terrorista (a pesar de su rol de verdugo) estableció una relación llena de sinceridad. Más allá de que consideremos la homosexualidad del terrorista, creo que acá debemos ver otras cosas. Debemos ver el tema de la complejidad del alma y su relación con todo el espectro de la existencia enmascarada. No es fácil manejar estos niveles, mucho menos en un guión de carácter realista. No sin razón, Jordan obtuvo por este film el Oscar al Mejor Guión Original.

El juego de las lágrimas, de Neil Jordan, otro director al que Max rinde homenaje este mes de febrero. Disfrútala el miércoles 9. Descubre Max.

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Caravana de gitanos, o tan parecido a Kusturica

por max 23. febrero 2011 13:19

 

 

La primera vez que vi una película de Kusturica no me lo podía creer. Estaba totalmente hechizado por su fuerza, por su desorden alegre, por esa capacidad de mezclar la tragedia y la ternura. En los filmes de Kusturica, cuando hay una celebración, también sientes de fondo una profunda melancolía. Y cuando uno ve a alguien sufriendo, siente no una alegría, pero sí comprendes que allí, en ese sufrimiento, también se retrata un amor intenso por lo humano. Si pensara en una persona para los filmes de Emir Kusturica, yo me imaginaría a un hombre alto, fuerte, con cara de Neandertal, barbado, rusticón, tímido, pero al mismo tiempo capaz de exaltarse de pronto, de reír y llorar con facilidad. Las películas del cineasta se parecen, sin duda a él mismo, y han revelado, más allá de los lugares comunes de la Europa del este o de los Balcanes, un mundo desconocido y particularmente poderoso, poético y al mismo tiempo triste. Gitanos, pobreza, muerte, locura, mafia, traiciones, engaños, prostitución, inocencia, alegría, todo un torbellino de pasiones estallan y pululan a velocidades vertiginosas en los filmes de Kusturica, poesía pura del caos y la compasión. En su cine hay preocupación social y política, pero también hay un profundo sentido del arte que sobrepasa cualquier intención panfletaria. El cineasta de la ex Yugoslavia siempre anda a la búsqueda de sus personajes, de lo que vive en ellos. Caravana de gitanos (1988) es una film que gira en torno a una comunidad de gitanos, en específico alrededor del joven Perhan. Perhan vivirá una aventura alucinante y trágica, que nos llevará a conocer los posibles recorridos del rechazo, del prejuicio y la miseria. Un film con un fuerte trasfondo de denuncia social, pero al mismo tiempo imbuido de magia, de belleza y de música. Porque la banda sonora del film además no tiene desperdicio. En este caso, la música va por cortesía de Goran Bregovic, uno de los músicos más populares venidos de la Europa del este, y quien introdujo el shepperd's rock, una especie de rock con música popular de la región, en su país, la antigua Yugoslavia.

Acá puedes escuchar un tema del gran Bregovic. 

Caravana de gitanos, de Emir Kusturica, este jueves 3 de febrero. Un film de uno de los tantos grandes directores a los que Max le rendirá homenaje este mes de febrero. Porque este mes, debo decir, el canal nos presentará filmes de P.T. Anderson, Neil Jordan, Woody Allen, Martin Scorsese y Claude Chabrol. Nada más y nada menos. Seguiré anunciándoles, claro está. Pero por los momentos, no dejes de Caravana de gitanos. Descubre Max.

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